Las Tres «M» del 19 de junio de 1867

Articulo tomado de la página de facebook:

Conoce México a través de su historia.

Fueron fusilados Maximiliano, Miramón y Mejía, las tres “M” imperiales, en el Cerro de las Campanas, Querétaro. No puede hacerse, sin un estremecimiento, el relato de la ejecución de estos hombres que enfrentaron la muerte con grandeza de ánimo y gallardía.
A las tres y media de la mañana, Maximiliano despertó y lavó su cuerpo con esmero, como si, en vez de ir al patíbulo, fuera al amor. Vistió su traje de levita. A las cinco de la mañana, los tres reos oyeron misa y comulgaron. Terminando el oficio, fueron regresados a sus celdas. No tuvieron que esperar mucho: a las seis en punto llegó el oficial encargado de conducirlos al sitio de la ejecución.


Al salir a la calle, el emperador exclamó: “¡Qué hermoso día!”. Los subieron a los carruajes para conducir a los sentenciados al lugar de su muerte. Gran cantidad de gente se había agolpado en las calles; nadie gritó nada, nadie dijo nada: el más absoluto silencio acompañó el paso de los carruajes. Esto se explica porque había aparecido una proclama que amenazaba con la muerte a quien vitoreara a los sentenciados.


Los juaristas habían difundido que el emperador flaquearía a la hora de la muerte; lejos de eso, Maximiliano dio una lección de fortaleza.


Al llegar al Cerro de las Campanas, descendió del carruaje y caminó cien metros hasta el sitio del fusilamiento. Llamó al doctor Bach, se quitó del dedo la sortija nupcial y se la entregó, junto con un rosario y un escapulario. Luego se dirigió hacia los soldados que lo fusilarían y, siguiendo la antigua costumbre europea, entregó a cada uno una moneda de oro y les pidió que apuntaran bien.


Maximiliano se colocó frente al pelotón. Los soldados se acercaron a un metro de distancia; sus jefes, incluido Juárez, no quisieron afrontar el riesgo de que fallaran el tiro. Maximiliano, Miramón y Mejía estaban ya frente a los soldados que los ejecutarían.
Entonces, en perfecto español, dijo:
“Mexicanos, muero por una causa justa: la de la independencia y libertad de México. Ojalá mi sangre ponga fin para siempre a las desgracias de mi nueva patria. ¡Viva México!”
Apenas terminó de hablar, el oficial bajó el sable como señal y los soldados dispararon. Siete fusiles se accionaron a un metro de distancia; solamente cinco balas penetraron en el cuerpo del emperador. El temor no había sido infundado. Maximiliano cayó hacia adelante; en su agonía se escuchó pronunciar la palabra: “hombre…”. El oficial lo volteó boca arriba y le disparó en el pecho. El estallido de la pólvora encendió su ropa, y los soldados, apresurados, apagaron con sus manos el incipiente fuego.


Después correspondió el turno al general Miguel Miramón, el presidente más joven que ha tenido el país. Sacó de su levita un papel que llevaba escrito y leyó con voz firme:
“Mexicanos, en el Consejo mis defensores quisieron salvar mi vida. Aquí, pronto a perderla, y cuando voy a comparecer ante Dios, protesto contra la nota de traidor que se me ha querido arrojar para cubrir mi asesinato. Inocente de ese crimen, perdono a los que me lo imputan, esperando que Dios me perdone y que mis compatriotas aparten tan fea mancha de mis hijos, haciéndome justicia. ¡Viva México!”
Tras decir esas palabras, Miramón se puso en oración. Cuando vio que el oficial levantó el sable, se señaló el corazón y dijo con voz firme a los soldados: “¡Aquí!”. Sonaron los disparos y cayó aquel mexicano.


El general Tomás Mejía, indígena humilde, no pronunció discurso alguno. En el instante en que el oficial bajó el sable como señal de ejecución, alzó la vista al cielo y dijo únicamente: “Virgen Santísima…”.
En su testamento, el heroico general escribió:
“Dejo a mi hermano una casa de adobe y dieciocho vacas que tengo en Tolimán…”.
La sangre derramada en el Cerro de las Campanas fue la rúbrica que puso fin a un capítulo grande y trágico de la historia mexicana. Estos hombres lucharon por una causa que la historia oficial considera equivocada: la religión católica, la hispanidad y la convicción de preservar la soberanía de México ante la constante amenaza proveniente de los Estados Unidos.

León XIV ante el parlamento español. 10 frases que quedan para la historia.

Estas son diez frases destacadas del histórico discurso del Papa León XIV ante el Congreso de los Diputados y el Senado de España, reunidos en sesión conjunta este lunes 8 de junio:

  1. “Más allá de la legítima diversidad de posiciones, toda tarea legislativa acaba encontrándose con una pregunta decisiva: qué concepción de la persona humana inspira las leyes y qué tipo de sociedad construye esas leyes”.
  2. “Toda sociedad auténticamente justa se edifica sobre el reconocimiento de la dignidad inviolable de la persona humana. Tal dignidad precede a toda concesión del Estado y no puede quedar subordinada a consensos sociales mudables o al vaivén de las mayorías de cada momento”.
  3. “Si la vida deja de ser reconocida como un valor fundamental, ¿qué futuro pueden tener nuestras sociedades? ¿Puede llamarse plenamente justa una comunidad que deja en la sombra al niño aún no nacido, al anciano, al enfermo, a quien sufre en silencio o a quien depende enteramente del cuidado de los demás?».
  4. “La defensa de la vida humana no es una cuestión parcial ni un interés confesional: es una meta de civilización. Toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural, en cada circunstancia de su existencia”.
  5. “Allí donde la familia es sostenida, se fortalece también la estabilidad espiritual y social de las naciones. La familia será siempre la primera escuela de humanidad en la que se aprende, antes que en cualquier otro lugar, la gramática elemental de la convivencia: recibir la vida, cuidar al otro, perdonar, servir y pertenecer”.
  6. “Allí donde una persona es discriminada por su origen nacional, étnico, religioso o lingüístico, o por su condición económica o social, se vulnera gravemente el principio universal de la igual dignidad de todos los seres humanos. La situación de los migrantes y refugiados exige una respuesta que mire a las personas, afronte las causas que las obligan a partir y vaya más allá de la mera gestión de flujos”.
  7. “La pluralidad política no debería degenerar en descalificación permanente del adversario. En una convivencia madura, incluso el conflicto puede convertirse en camino hacia la paz, cuando las diferencias se dejan mitigar por la escucha y se ordenan al reconocimiento de las necesidades, los anhelos y las capacidades de todos”.
  8. “La libertad sobre la que se edifica el Estado contemporáneo, si es auténtica, reconoce la dimensión religiosa del ser humano, la respeta y la tutela jurídicamente; y evita que alguien tenga que renunciar a contribuir a la sociedad en la que vive por causa de su fe”.
  9. “Toda guerra constituye, en última instancia, una dolorosa derrota de la capacidad de negociar y también de aquella conciencia común de la humanidad que reconoce vínculos de justicia entre las naciones. Las armas pueden imponer un silencio temporal; pero nunca podrán edificar una paz auténtica y duradera”.
  10. “Las palabras pueden abrir caminos o cerrarlos; pueden iluminar la realidad o deformarla hasta hacer imposible el encuentro. Quienes ejercen una responsabilidad pública tienen, por eso, una especial obligación de custodiar la palabra para ‘desarmar el lenguaje’. La firmeza no exige desprecio; la discrepancia no conlleva humillación”.

FUENTE: ACI Prensa.

Sahuayo, bajo fuego cristero (última parte)

Francisco Gabriel Montes Ayala.

Sin duda alguna que la muerte de Ochoa y herido el segundo Antonio Flores, la defensa estaba falto de liderazgos, había que aprovechar la desventaja.

El 15 de enero, informaba el mayor Luis Pérez, jefe del 73º Regimiento, que “Hónrome comunicar a usted, que hoy a las 7 horas fui avisado que el pueblo de Sahuayo estaba haciendo atacado desde las 4 horas, por partida de bandidos en número aproximado de tres a cuatrocientos.- Con 36 hombres de la corporación del subteniente Jesús M. Chargoy y quince de la plaza de Jiquilpan, salí auxiliar dicha población. A las nueve y media horas tomé contacto con enemigo que se encontraba posesionado de todas las alturas. Después de dos horas de reñido combate, logramos derrotarlos, persiguiéndolos como una legua del pueblo, no continuando persecución por el estado de la caballada. Se les hizo 18 muertos entre ellos el llamado cabecilla Manuel Gálvez y bastantes heridos que se llevaron, según las huellas de sangre que dejaron en el camino.- Por nuestra parte tenemos que lamentar uno de la defensa de este pueblo. Por correo remito copias de papeles quitados al cabecilla y parte detallado del combate. Hónrome trascribirlo a usted para su conocimiento”[1]

Group of men dressed as soldiers with rifles and flags advancing on a cobblestone street during a smoky battle reenactment with a church in the background
Fotografía generada con IA

Manuel Gálvez Rojas era hijo se Manuel y de Luz Rojas, sobrina del padre don Jesús Rojas Gil, de la muerte de este jefe no hay más información solo que fue muerto en combate cerca del santuario de Guadalupe.

El 21 de enero, vuelven los cristeros ha asediar a Sahuayo, preparándose la defensa y algunos soldados del mayor Pérez. Pero no hubo más que falsas noticias. Para el 25 de enero Sánchez Ramírez y una tropa de 150 hombres, entran a San Pedro Caro y desarman la defensa agrarista y les perdonan la vida, según informe del jefe de tenencia José María Rosas[2]. Solo querían las armas y las municiones.

Era tanta la presión, que el gobernador general Enrique Ramírez, también llegó al apoyo de las fuerzas federales y de las defensas de la región.

Unos días después, el 26 de enero informan lo siguiente: “rebeldes fanáticos en número aproximado de 400 hombres, encuéntrense en esta población atacando retenes de la defensa civil desde las 18 horas de ayer[3]” el ataque fue tan formidable que los defensores se repliegan al templo de Santiago Apóstol, y desde las alturas se tiroteaban con los cristeros. Mientras tanto, las fuerzas se diseminan por el pueblo donde reciben ayuda, armas y municiones; continúa diciendo el parte: “defensa se compone apenas de 20 hombres y sujetémonos tirotearlos desde las alturas del templo. Respetuosamente suplicámosle enviar lo más pronto posible fuerza federal”[4] las defensas no acataban a sostener una pelea directa, por lo que prefirieron las alturas del templo, que sabían iban a respetar los cristeros. Sin embargo, sirvió el ataque para proveerse de todo, cobijas, cambios de ropa, armas, alimentos, etc. El plan de Sánchez Ramírez dio sus frutos, no se trataba de derrotar y matar a los de la defensa, sino proveer al ejército cristero de lo necesario, y así fue. Los cristeros se retiran en orden y bien proveídos de los necesario.

Los federales corroboran lo que el espía les mandaba decir, y en telegrama del mismo día, dice Amaro a la jefatura de operaciones de Jalisco que “Exploradores acaban de llegar a La Palma y dicen que cristeros están atacando Sahuayo. Partida que atacó a San Pedro Caro volvió a Cojumatlán, pasando por La Palma donde atracaron el vapor, recogiendo correo y desvalijando a pasajeros”[5]

Mientras tanto una partida de cristeros se desplazan y atacan el siguiente día Jiquilpan para entretener a los de la defensa de aquel lugar y las fuerzas federal emplazadas en la cabecera distrital, incluido al gobernador del estado[6]. Y dicen en documento fechado del día 27 de enero que: “a las 6.30 del 26 de enero,  fue atacada esta plaza por núcleo rebelde de 200 hombres, siendo rechazados y perseguidos, tomando el rumbo de la Cofradía, y otra parte al Cerro de San Francisco, llegando a las 14. 30 horas el general Anacleto Guerrero Guajardo con el 21º regimiento, así como el general Garay con el 49º  batallón y el gobernador del estado con fuerzas de defensa civil de varios pueblos”[7]

Se comienzan a desplazar los federales por la zona, por lo que por la tarde del 27 se retiran las fuerzas cristeras sin pérdida alguna, con buen bastimento, armas y parque, cobijas y todo lo que la gente les ayudó.  El ataque a Sahuayo del 25, 26 y 27 de enero, movilizó una gran cantidad de federales y defensas civiles, mientras los cristeros salieron sin ninguna baja.

El general Ramírez, gobernador de Michoacán, se hizo cargo de las defensas sociales de los pueblos para coordinar los ataques con los federales.

El 31 de enero sale el gobernador Ramírez, rumbo a Zamora y toma el camino por San Pedro Caro y Pajacuarán, lugares donde “no había tanto cristero” pero para su mala fortuna, a la altura del cerro de Fray Domínguez, “tuvo un encuentro con una partida de fanáticos” y lo llevaron más allá de Tecomatán tiroteándolo, donde dicen, derrotó a los cristeros, según informa que envían al general Amaro.[8]

Tiroteada la retaguardia que acompaña al gobernador, no se detiene y es perseguido por fuerzas cristeras todo el trayecto hasta que sale por Ixtlán hacia Zamora.

Ese mismo día, ante la imposibilidad de poder contener los cristeros, el general Amaro, nombra jefe de la zona de la ciénega al general Claudio Fox, como una medida extrema ante la falta de contención de la Jefatura de Operaciones Militares, para detener y exterminar a los cristeros. Claudio Fox, informa a sus fuerzas desde Sahuayo, reconcentrar las fuerzas federales en Sahuayo[9]

Los cristeros, no se amedrentaron, cuando sale Fox de Sahuayo,  a las 7.30 de la tarde del 31 de enero, dice Rafael Picazo en un telegrama que: “empezaron a disparar algunos tiros al retén del santuario, estando posesionados de la Cruz, al mismo tiempo que otros disparaban sobre el templo, posesionados de las cercas del Pedregal que domina dicho lugar, antes no supuse nada y lograron ponerse en esa posesiones debido a la protección de la labores (milpas) que les ayudó mucho, pero inmediatamente mandé al jefe de la defensa como con 15 hombres y 8 soldados del destacamento de esta, habiéndoles hecho a ellos una sola descarga la que me mataron un miembro de la defensa, siguiendo los nuestros hasta quitarles las posesiones correteándolos hasta el Rincón donde no pudieron seguirlos por la obscuridad y temiendo que entre nosotros mismos hubiera habido una confusión- Por tener al muerto, tuvieron que regresarse sin saber las bajas que tuvo el enemigo, pero mañana a primera hora ensillaré para ir al lugar de los hechos y le comunicaré resultados. Esto fue cuestión de 1 y media horas. El número de fanáticos más o menos son cien y son las de esta región”[10].

Así fue el mes de enero de 1928 en Sahuayo cuando se concentraron las fuerzas cristeras para atacar esta población, con fin de obtener recursos pecuniarios, y lo necesario para continuar la campaña.

Sahuayo había estado bajo fuego. Fox regresaría a Sahuayo en los próximos días y estaría allí dirigiendo las expediciones por la zona, era necesario vigilar muy bien a los habitantes de Sahuayo, que habían y seguían apoyando a los cristeros de Sánchez Ramírez.


[1] Documento 0243

[2] Idem. documento 0373

[3] Idem. documento 0377

[4] Idem.

[5] Idem. documento 0379

[6] Idem., documento 0381

[7] Idem. documento 0384

[8] Idem. documento 0433

[9] Idem. documento 0437

[10] Idem. documentos del 0443 al 0448 telegrama escrito a mano con varias hojas.

La imagen de la Guadalupana que fue apuñalada en Morelia (1921)

Lic. Helena Judith López Alcaraz, cronista honoraria adjunta de Sahuayo

En el mes de mayo de 1921, específicamente el día 8, hace poco más de ciento cinco años, un grupo de militantes bolcheviques irrumpió en la Catedral de Morelia y dañó a cuchilladas una imagen de la Santísima Virgen de Guadalupe.

Fotomontaje alusivo al contenido del presente artículo, en el que se muestra la imagen que fue profanada por los socialistas el 8 de mayo de 1921. En la mitad inferior derecha se aprecia la Catedral de Morelia. Edición realizada por la autora.

Antes de perpetrar aquel acto sacrílego, los atacantes izaron la bandera rojinegra en lo alto del sagrado recinto. Al igual que hizo Miguel Gómez Loza en Guadalajara –véase la entrada Cuaresma roja en Guadalajara, en esta misma página–, un obrero llamado Joaquín Cornejo tuvo la valentía de subir y quitarla, y posteriormente quemarla. En la iglesia principal de la capital michoacana no ondearía aquel lábaro.

Enfurecidos, los socialistas exigieron a Maximiliano López, sacristán, que les dijera quién había arrancado la enseña rojinegra. No consiguieron contestación, por lo que amenazaron e injuriaron a López. Éste, lleno de temor por el daño que pudieran infligirle, creyó poder refugiarse en la Catedral… pero fue seguido por los bolcheviques, quienes no sólo irrumpieron en el inmueble religioso sin respeto alguno, sino también en la Capilla del Sagrario. Allí se hallaba, sobre la pared, la imagen de la Morenita. Con odio y rabia desbordados, los socialistas dañaron la imagen a cuchilladas y abrieron dos profundas rasgaduras en la sección inferior. Una perjudicó parte del marco y la media luna, yendo hacia la figura del ángel que sostiene a la Reina del Cielo.

Cuatro días después de lo ocurrido, justamente airados, los católicos llevaron a cabo una manifestación a fin de externar, pública y categóricamente, su devoción a la Morenita del Tepeyac y protestar por los acontecimientos del 8 de mayo. Cabe decir que el día 11 habían proyectado hacer una peregrinación, pero los agentes policiales lo impidieron alegando que constituía una violación del artículo 24 de la Constitución Política, en el cual, textualmente, se leía:

Todo acto religioso de culto público deberá celebrarse precisamente dentro de los templos, los cuales estarán siempre bajo la vigilancia de la autoridad (1917, pp. 23-24).

Catedral de la ciudad de Morelia, donde los socialistas izaron su bandera en mayo de 1821. En su interior se encontraba la imagen de Santa María de Guadalupe que profanaron posteriormente.

Las autoridades del gobierno del Estado de Michoacán, a la sazón encabezado por Francisco J. Múgica, connotado anticlerical y jacobino, no permitieron que la manifestación se efectuara de modo pacífico. Por el contrario, a fin de dispersarla y acallar los continuos vítores a Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe que proferían los fieles, la policía y los soldados abrieron fuego contra la multitud inerme. De nada valió que un hombre llamado Julián Vargas encarara al jefe de la policía y externara que, como ciudadanos de un país libre, tenían el derecho –siempre y cuando no trastocaran el orden público– de manifestar de alguna forma su descontento por los agravios cometidos contra la imagen.

Varios fieles murieron –cuatro varones y dos mujeres– y otros tantos quedaron lesionados por los proyectiles. Los caídos fueron Julián Vargas, Rómulo González Figueroa, Felipe López, el ya mencionado Joaquín Cornejo, Crescenciana Cerrillos y María González.

La imagen de Nuestra Señora de Guadalupe fue restaurada al cabo de un tiempo, por lo que las huellas de las puñaladas apenas son visibles. Actualmente se resguarda en la Rectoría de Santa Catalina de Siena, llamado el templo de “Las Monjas”, en la misma ciudad de Morelia. Allí mismo fue coronada, el 12 de diciembre de 1945, por Monseñor Luis María Altamirano y Bulnes.

Rectoría de Santa Catalina de Siena («Las Monjas») en Morelia. Aquí se resguarda la imagen de la Virgen de Guadalupe que los socialistas apuñalaron, ya restaurada.

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Bibliografía:

Rius Facius, A. (1963). La Juventud Católica y la Revolución Mexicana: 1910-1925. México: Jus.

Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (1917). constitucion1917.gob.mx/work/models/Constitucion1917/Resource/246/1/images/const1917.pdf

Juan Andrew Almazán en la nostalgia del hubiera y el quizá…

Analisís de un libro por Eduardo Soriano Suverney.

Novela y Narrativa Histórica México

En la nostalgia del «hubiera» y el «quizá» de los que lo apoyaron hasta con su vida en la lucha cívica por un México mejor, gobernado por él, es todavía polémico porque, acaso hay una memoria más popular e impopular, más pletórica de opiniones a favor o animadversión, que suscita pasiones más encontradas que su figura? La historia de la Revolución entre 1909 y 1940 recordará que ciertamente fue uno de sus personajes más singulares y controvertidos.


Juan Andreu Almazán de Josefina Moguel Flores


12 de Mayo, aniversario del natalicio de Juan Isidro Andreu Almazán. Fue bautizado en Olinalá, Guerrero, el 15 de mayo de 1891. Su padre apuntó en su libreta que Juan había nacido el 12 de mayo a las 9 de la noche. Almazán condensa en su persona las contradicciones de la Revolución Mexicana: épica y vergonzosa a la vez. En efecto, es el ejemplo más representativo del hombre cuya astucia le permitió sobrevivir a la Revolución y vivir de ella, pasando por encima de ideales y causas nobles. Sin importar sus constantes cambios políticos, sus vaivenes y coqueteos con las más dispares posiciones ideológicas —fue maderista, huertista y zapatista—, sus aspiraciones personales lo condujeron, incluso, a ser candidato a la presidencia compitiendo contra el general Manuel Ávila Camacho.


El general de división luchó treinta años como revolucionario, guerrillero, rebelde, jefe de insurrectos y general del Ejército Nacional en diversas e increíbles condiciones. Su presencia como rebelde entre 1910 y 1919, y como sostén del Estado nacional entre 1920 y 1939, denotan el malabarismo que tuvo que ejercitar para sobrevivir a los distintos «ismos» revolucionarios a los que perteneció: como perdedor y vencedor, o bien como antihéroe y etiquetado de “traidor”, pero innegablemente siempre cubierto con el uniforme militar, luchando por lo que, a su entender, era hacerlo por la Revolución.


Paradójicamente, Almazán ha trascendido por su fama de demócrata al haber sido despojado de la presidencia mediante un monumental fraude electoral. Una vez que decidió no encabezar la lucha armada en reclamo del Ejecutivo, no tuvo más remedio que vivir bajo el juicio de sus compatriotas. «No derramar sangre»: en esto se resume su actuar. Posteriormente, resentiría la pérdida de varios negocios, especialmente la del Ferrocarril del Sureste, así como la incautación gubernamental de propiedades en Acapulco y la Ciudad de México. Sin embargo, tuvo la valentía de permanecer en el país y proseguir su vida, eso sí, como él mismo se definió: “paria en su patria”.
En sus últimos años, el «almazanismo» se desvaneció como un eco de lo que pudo haber sido una transición democrática temprana. El general se convirtió en una figura espectral que cargaba con el estigma de la derrota y el peso de una riqueza que no pudo comprarle el reconocimiento histórico que tanto anhelaba. Al final, su figura queda suspendida en el claroscuro de la historia: para unos, un traidor pragmático que vendió su movimiento a cambio de paz; para otros, el hombre que evitó una nueva guerra civil.
Murió el 9 de octubre de 1965 por complicaciones postquirúrgicas; persiste, hasta hoy, el rumor de que su muerte pudo haber sido provocada.

La «venerabilísima imagen» del Señor del Perdón de Cojumatlán, una historia y una tradición.

Francisco Gabriel Montes Ayala

Desde que se tiene memoria, y después de la evangelización hacia 1530 por fray Jacobo Daciano y sus compañeros, Fray Juan de Padilla y Fray Bartolomé de Estrada, todos los investigadores y quienes hemos escrito la historia del Señor del Perdón, coincidimos en que se encontró la imagen en un camichín en 1532 y que fue fue Fray Jacobo Daciano quién lo descubre en aquel árbol frondoso.

El Señor del Perdón en su altar. Fotografia de Francisco Gabriel Montes.

Esta imagen, tuvo por muchos siglos como nombre, la advocación de «El Señor del Camichin» por el origen de la madera que fue trabajada y pulida por uno de los primeros talladores de madera del pueblo de Cojumatlán. Se cuenta también, que se veía por las noches, que el camichín se iluminaba donde estaba formado el cristo entre sus ramas.

Con el paso del tiempo, el Cristo de Cojumatlán estuvo en la capilla del hospital de indios, fue una imagen muy venerada por la comunidad indígena y durante la guerra de independencia, cuando el vicario de Cojumatlán, Marcos Castellanos se hizo el líder de la resistencia mezcalteca, los realistas quemaron el pueblo y se llevaron el Cristo del Camichín a la población de Chapala, donde José Santana y los insurgentes de Castellanos, entran y lo rescatan llevándolo a la Isla de Mezcala, donde estuvo hasta 1817 que vuelve a Cojumatlán con la entrega de las islas rebeldes.

Fue el padre don José Dolores Zepeda, originario de Cojumatlán, que en los años de la guerras federalistas, le cambia el nombre de la advocación y le pone Señor del Perdón, por «las faltas cometidas en las guerras» y siendo cura coadjutor de Sahuayo, inician las fiestas el 3 de mayo de 1839, siendo vicario José Antonio Sánchez Nieto. Ya en el siglo diecinueve se menciona en diversos documentos de licencias para celebrar y exponer el santísimo sacramento para sus fiestas, como «venerabilísima imagen del Señor del Perdón».

El Padre Eufemio Zepeda hermano de don Esteban, que estuvo también en Cojumatlán, le dio especial énfasis a la fiesta del Señor del Perdón, pero sin duda alguna que fue Heliodoro Moreno Pantoja, primer cura de Cojumatlán, por casi 45 años, que conformó la fiesta como la conocemos hoy y obtuvo el patronazgo de la parroquia como del Señor del Perdón, dejando atrás su antiguo nombre de Santa María de la Asunción. Todos los señores curas que han estado en la nómina de la parroquia cojumatlense, han seguido la tradición de las festividades del 3 de mayo.

Hoy el actual párroco Gerardo Díaz Rosas, sigue con esta tradición a menos de un año de su toma de posesión como Cura de Cojumatlán.

Próximamente estaré presentando la historia documentada de la imagen del Señor del Perdón de Cojumatlán.

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En el marco de la fiesta, el ayuntamiento de Cojumatlán, impulsa muestra de Cerería.

Francisco Gabriel Montes Ayala

Con el impulso del presidente municipal de Cojumatlán, Janitzio Mújica, por medio del director de cultura y turismo Mtro. Julio César Trujillo Rodríguez, se presentó el 26 de abril, la muestra de Cerería, un arte virreinal que viene del siglo XVIII en el antiquísimo pueblo de Santa María la Asunción Cojumatlán; artesanía que logra preservarse de generación a generación desde aquellos tiempos. Fue en el siglo XX a finales, en que fueron los últimos artesanos que quedaban detuvieron la producción, principalmente de figuras religiosas y luego tuvo una pausa en la historia volvieron a Cojumatlán a revivir esta tradición tan especial y particular de aquella población.  

En el acto el presidente municipal, subrayó el rescate de la tradición de la cerería en Cojumatlán, así mismo destacó que Luis Fernando Rodríguez obtuvo el primer lugar estatal con una figura de la Piedad, que dio a conocer a la población en los gajes culturales; así mismo aseguró la relevancia que tiene el taller que junto con Jorán Hernández, va creciendo en aquella comunidad.

En la muestra, también estuvieron artesanos de San Martin Hidalgo, Jalisco, que trajeron por medio de la casa de la cultura de aquella municipalidad, una muestra de cera escamada especial para las festividades patronales de las poblaciones.

Se dieron cita un buen número de personas que admiraron las obras artísticas de gran calidad y profesionalismo en el arte de cera de abeja. Felicidades al ayuntamiento presidido por Janitzio Mújica y también al taller de cerería Mimiahuatl (Panal de abejas trabajando la miel) de Cojumatlán.

El único Obispo consagrado en Sahuayo

Semblanza de D. Vicente Castellanos y Núñez 

Lic. Helena Judith López Alcaraz, cronista honoraria adjunta de Sahuayo

A primera vista, el título de la presente puede resultar un tanto exagerado o sorprendente, o tal vez salido de algún texto de ficción: ¿en verdad hubo una consagración episcopal en la actual Capital de la Ciénega? Es verdad que desde hace algunas centurias, y muy en particular desde la segunda mitad del siglo XIX y en los tiempos de la persecución religiosa, la localidad se ha distinguido por su acendrado catolicismo, y por haber dado a la Iglesia incontables sacerdotes, hombres y mujeres que no dudaron en defender la fe católica y otros tantos que sacrificaron la propia vida en aras de tal. No en vano ha sido escenario del fecundo ministerio de muchos presbíteros cuyo nombre y obra han dejado huella en la historia local… ¿pero también de la ordenación de un Obispo?

Fotomontaje que muestra a D. Vicente Castellanos y Núñez (1870-1939), el único prelado que ha sido consagrado en Sahuayo. Elaboración, mejora de imagen y edición por la autora. Imagen de Monseñor tomada de MazamitlaJalisco2016.blogspot., de la sección de Personajes ilustres.

En efecto, tal como se lee, lo fue, hace más de un siglo, en el ya lejano año de 1912; es decir, un año antes del nacimiento de San José Sánchez del Río y casi uno después del derrumbe de la torre de la Parroquia de Santiago Apóstol (acontecimiento que le granjeó al pueblo el mote de “Sahuayo Torres Mochas”).

¿Quién fue el flamante prelado? ¿De dónde provenía y cuál había sido su trayectoria eclesiástica?

Su nombre era Vicente Castellanos Núñez. En cuanto a sus orígenes, García Urbizu (1963) nos dice que “accidentalmente, por temporada que pasaron sus padres en Mazamitla, Jal., nació en esta población; pero tanto sus progenitores, como el resto de su familia fueron originarios de Sahuayo” (p. 79). La fecha de su llegada al mundo, de acuerdo con su fe de Bautismo, fue el 4 de abril de 1870.

Iglesia parroquial de Mazamitla, Jalisco, tierra natal de Monseñor Vicente Castellanos, antes del sismo (1941) que provocó su colapso. El edificio original, que vemos en la imagen, data de la segunda mitad del siglo XIX. Fotografía: Mazamitla seguro.

Un día después de su nacimiento, según la piadosa costumbre de antaño de llevar a bautizar a los hijos lo antes posible, el infante fue bautizado en la Parroquia dedicada a San Cristóbal, como consta en la partida eclesiástica que en seguida transcribimos de modo literal:

Al margen izquierdo: Mazamitla / Vicente.

Dentro: En la parroquia de Mazamitla en cinco de Abril de / mil ocho cientos setenta, yo el Padre Presbitero D. Antonio / Garcia ex licentia parrochi [1] bautisé solemnemente á Vicente / de un dia de nacido en este Pueblo, hijo legítimo de José / Castellanos y Refugio Nuñes, Abuelos paternos Ygnacio / Castellanos y Juaquina [2] Barragan Abuelos maternos / Antonio Núñes, y Maria Reyes, Padrinos el Sor. [3] Cura / Dn. Francisco J. Correa Diaz, á quienes se les advirtio / su obligacion y parentesto Espiritual, lo que firmó con el Sor. Cura.

Fran.co [4] J. Correa Diaz Antonio Garcia (Rúbricas)

Vicente pasó su infancia en Sahuayo y allí cursó sus primeros estudios y, al mismo tiempo, contribuyó al sostenimiento de su familia. Habiendo manifestado vocación al sacerdocio, se matriculó en el Seminario auxiliar de Sahuayo y luego se marchó a Zamora para proseguir la carrera levítica. Recibió el presbiterado el 20 de octubre de 1894.

Fe de Bautismo de Monseñor Vicente Castellanos y Núñez, con fecha del 5 de abril de 1870. Edición y resaltados hechos por la autora.

El flamante presbítero fue designado sucesivamente como ecónomo, prefecto de estudios y subdirector de la Escuela de Artes y Oficios de Zamora, a la sazón dirigido por Monseñor Francisco de Paula Mendoza y Herrera, originario de Tingüindín, quien le había conferido el Sacramento del Orden. Más tarde, refiere García Arvizu, lo destinaron a Ecuandureo como vicario (1963, p. 79), bajo la autoridad del P. Leonardo Castellanos y Castellanos –futuro Obispo de Tabasco– y como cura amovible de Zináparo. Cuando Mendoza y Herrera fue enviado a territorio campechano, se llevó consigo al P. Vicente, quien trabajaría como «rector del seminario de Campeche, secretario de la Sagrada Mitra y Vicario General de dicho obispado» (Dávila Garibi, 2012).

Portal de la parroquia del Señor de la Paz y portal en Ecuandureo, Michoacán, donde ejerció su ministerio el P. Vicente Castellanos. Fotografía compartida por Raúl Torres en la página de Facebook Ecuandureo, Michoacán De Ocampo, México.

El tiempo, inexorable, siguió su curso. El 7 de agosto de 1909, Francisco Herrera fue nombrado Arzobispo de Durango por el Papa Pío X; tomaría posesión el 12 de noviembre del mismo año. Lo sustituyó Jaime de Anesagasti y Llamas, pero no duró mucho tiempo en el cargo, pues murió en octubre de 1910. El P. Castellanos y Núñez fue elegido para sucederlo, convirtiéndose así en el quinto Obispo de Campeche. Fue preconizado el 7 de febrero de 1912 y se determinó hacer la consagración episcopal en Sahuayo de Díaz, tierra de su familia y suya, si no por el nacimiento geográfico, sí por la sangre.

Fue algo sin precedentes en la historia del pueblo. Si las visitas episcopales eran algo extraordinario –de ahí la famosa expresión «cada venida de obispo»–, el que un príncipe de la jerarquía eclesiástica fuera a ser ungido en la villa lo era más, en grado sumo. La consagración del P. Vicente Castellanos se efectuó el 21 de abril en la Parroquia de Santiago Apóstol. García Urbizu añade que, al tratarse de la única ceremonia de dicha índole que ha habido en la ciudad, «y por ser hijo de Sahuayo, ese acto revistió caracteres de gran suntuosidad, habiendo sido un memorable acontecimiento en los anales sahuayenses» (1963, p. 79). Tras la augusta ceremonia, el 23 de mayo, el nuevo prelado tomó posesión del Obispado de Campeche.

La calle de La Palma, hoy Francisco I. Madero, en Sahuayo, y al fondo la Parroquia de Santo Santiago Apóstol, donde fue Monseñor Vicente Castellanos y Núñez fue ungido como V Obispo de Campeche en abril de 1912. Fotografía mejorada por la autora.

Entre 1914 y 1919, al desatarse la persecución religiosa por parte de las tropas revolucionarias –en especial de los carrancistas–, los diversos integrantes del Episcopado Mexicano optaron por el exilio. Monseñor Vicente estuvo en Belice (Aguirre Cristiani, 2012).

El 26 de agosto de 1921 se le nombró Obispo de la Diócesis de Tulancingo (Hidalgo) para suceder a José Juan de Jesús Herrera y Piña, a quien se envió a la Arquidiócesis de Linares (o Nuevo León), con sede en Monterrey. Fue al frente de aquella jurisdicción que Monseñor Vicente tuvo que afrontar el clímax de los atropellos gubernamentales contra la Iglesia, su clero y los fieles y, naturalmente, los aciagos tiempos de la Guerra Cristera.

Del 20 al 24 de junio de 1926, en Chicago, se llevó a cabo el XXVIII Congreso Eucarístico Internacional. Se invitó a todos los Obispos latinoamericanos, pero sólo dos de los mexicanos pudieron ir, precisamente por las circunstancias adversas. El primero fue Monseñor Francisco Orozco y Jiménez; el segundo, Vicente Castellanos y Núñez. Ambos se hospedaron «en el Hotel destinado a los Prelados latinoamericanos» (García Urbizu, 1963, p. 80).

García Urbizu aporta más detalles al respecto:

El Exmo. Sr. D. Vicente se presentó solo, sin familiar, pues los escasos recursos de su Diócesis, no le permitieron erogar el gasto. Afortunadamente sus paisanos, el Sr. Cango. D. Enrique Amezcua —su sobrino— y el Sr. Cura D. Alberto Navarro, gustosos le prestaron su servicio de familiares.

Habiendo llegado un tanto retardados, el día de la solemne procesión Eucarística, por la extraordinaria aglomeración de fieles, uno de los guardias se fijó en el alzacuello del Sr. Obispo Castellanos y le preguntó: —¿Bishop, bishop? —Yes, asintió el Señor. Por lo que el guardia les abrió paso entre la multitud y pudieron formar parte del inolvidable acto de clausura (1963, p. 80).

A mediados del mismo año de 1926, Castellanos y Núñez «fue en misión especial ante la Santa Sede (García Urbizu, 1963, p. 80). Dicho cometido consistía, de acuerdo con Jean Meyer, en entregar al Papa Pío XI un memorial enviado por algunos jesuitas (2016, p. 180).

Panorama de Tulancingo, sede de la Diócesis homónima. Imagen: México en fotos.

Esa no sería la última epístola que Monseñor Castellanos le haría llegar al Sumo Pontífice, y el tema no sería menor: en la misiva se le informaba a este último que dieciocho prelados estaban a favor de no transigir con el régimen callista y con la aplicación de la Ley Calles y, en específico, de suspender el culto público en todo el país como última medida de protesta. Monseñor Vicente fue recibido por el máximo pastor de la Iglesia Católica el 21 de julio. No en vano, asevera el célebre historiador de la Cristiada oriundo de Niza, «había sido encargado por el Comité Episcopal de representar la posición del episcopado mexicano ante la Santa Sede y el Papa» (2016, p. 191).

El 16 de septiembre de 1932, la sede de Tulancingo quedó vacante, mas no por el deceso de quien la ocupaba, sino por su renuncia. Monseñor Vicente decidió dejar su cargo a fin de «pasar el resto de sus días en un monasterio europeo, abrazando la vida religiosa» (Dávila Garibi, 2012). Tras su dimisión, no obstante sus deseos de retiro, fue preconizado Obispo titular de Marciana (García Urbizu, 1963, p. 79) y el 16 de mayo inmediato salió de la Ciudad de México, en el tren de Veracruz, para de allí pasar a La Habana (Dávila Garibi, 2012).

Nuestro biografiado falleció el 2 de abril de 1939, a los sesenta y ocho años y siete meses de edad. Según García Urbizu, partió «habiendo dejado en todas partes una profunda estela de santidad» (1963, p. 80).

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Notas paleográficas:

[1] Expresión latina para «Con la licencia del párroco».

[2] Joaquina.

[3] Señor.

[4] Francisco. Era una abreviatura común en los documentos de antaño.

Bibliografía:

Aguirre Cristiani, María Gabriela. (2012). Una jerarquía en transición: el asalto de los “píolatinos” al episcopado nacional, 1920-1924. Intersticios sociales, (4) Recuperado en 25 de abril de 2026, de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2007-49642012000200005&lng=es&tlng=es.

Arquidiócesis de Durango (2009). Arzobispos. Recuperado en 25 de abril de 2026, de https://arquidiocesisdurango.org/arzobispos/

Dávila Garibi, José Ignacio (mayo de 2014). Serie cronológico-biográfica de los ilustrísimos mitrados mexicanos consagrados durante un siglo, de marzo 6 de 1831 a marzo 6 de 1931. 5ª  y última parte). En: Boletín Eclesiástico de la Arquidiócesis de Guadalajara.

García Urbizu, Francisco (1963). Zamora y Sahuayo. Dos pueblos de arraigada tradición cristiana. Zamora: Talleres GUÍA.

Meyer, Jean. (2016). ¿Cómo se tomó la decisión de suspender el culto en México en 1926?. Tzintzun. Revista de estudios históricos, (64), 165-194. Recuperado en 25 de abril de 2026, de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1870-719X2016000200165&lng=es&tlng=es.

Pérez Durán, Aarón Enrique (17 de enero de 2022). Obispos de Campeche. Campeche Historia y Más. Recuperado en 25 de abril de 2026 en https://aronduran75.wixsite.com/historiaymas/post/obispos-de-campeche

Ramos Justo, Luis Ángel. (10 de febrero de 2014). “119 años de obispado”. Expreso de Campeche.

Valverde Téllez, Emeterio (1949). Bio-bibliografía eclesiástica mexicana (1821-1943). Obispos. Vol. 1.Texas: Jus.

¿Por qué el hermanamiento entre  Sahuayo y la comunidad francesa de Chapelle Basse Mer? una historia de dos épocas que va más allá de la actualidad.

Francisco Gabriel Montes Ayala

El 16 de abril, dos comunidades católicas se unieron en un hermanamiento que muestran dos tiempos, dos épocas vividas a más de 130 años de distancia; en dos países de dos continentes distantes, con una historia parecida en México con la guerra cristera,  casi igual, a la guerra durante la revolución francesa en la Vendée; son dos acontecimientos iguales divididos por el tiempo, donde los católicos de ambos países defienden su fe y su religión, ante los embates del jacobinismo.

La revolución francesa, había buscado culpables desde el inicio; lo cierto que los burgueses, iban contra los de más arriba, y contra todo lo que sirviera para justificar el movimiento, pero parecía que el pueblo necesitaba más que agitación. No se resolvía las peticiones del pueblo, seguían amotinándose por el hambre.

Pero los motines en la Francia de la revolución no acaban. Apoderarse de los bienes que habían obtenido no daba solución, con una confiscación de bienes del reino y sin poder resolverle al pueblo, los ojos de la revolución se puso en otro nuevo chivo expiatorio, la iglesia católica, que hasta ese momento no había sido tocada, y que muchos católicos habían apoyado la revolución. Fue entonces que forman un clero civilista, algunos curas se unieron, otros, que se quedaron leales a Roma, serían considerados traidores, lo mismo pasaría a la grey católica que siguió fiel al papa. Confiscados los bienes de la Iglesia, con el fin de obtener recursos con la venta de tierras de «manos muertas» o bien edificios, comenzó la cacería de católicos.

En la Vendée en marzo de 1793 inicia la rebelión contra la nación estado que impulsaba la exclusión de los ciudadanos que no pensaban igual que los revolucionarios; se dice que más de 443 mil fueron ejecutados, entre niños, mujeres, ancianos y hombres, utilizando desde ahogamiento, fusilamiento, estallamiento de cabeza, etc., para eliminar al pueblo monárquico y católico.

Después de 133 años de aquellos acontecimientos en Francia, en México se desataría la guerra cristera en 1926, la resistencia de los católicos a la persecución religiosa del gobierno callista y de los liberales jacobinos mexicanos, traería funestas consecuencias al país. Nuevamente en México, sin que la revolución tuviera más enemigos qué eliminar, la élite política imperante, desata la persecución contra la iglesia con el fin de «desfanatizar» al pueblo, es decir, descristianizar, ya que en el discurso, la iglesia, seguía opuesta a la revolución y los principios de la misma, implantados por un grupo que ya había eliminado a otros líderes revolucionarios, un movimiento político más que social era por la conquista del poder y que a ejemplo de la revolución francesa, eliminó a sus propios líderes, la revolución mexicana se comía y destruía a sus propios hijos, allí quedó Zapata, Carranza, Felipe Ángeles y otros que serían asesinados años después por el grupo en el poder y las variantes de tipos de revolución implantadas por el callismo. También Calles hizo una iglesia civilista o cismática que no tuvo eco.

Dos historias unen a Sahuayo y la región de la Vendée, la lucha por la religión católica y la fidelidad del pueblo a la institución. Los católicos durante los movimientos liberales, fueron considerados como traidores y falsos mexicanos y falsos franceses en el caso de la Francia. El hermanamiento entre estas dos poblaciones, Chapelle Basse Mer y Sahuayo, es por esa misma defensa histórica de la religión católica, ante los embates del jacobinismo.

En Ajijic y Ocotlán, dos conferencias, dos exposiciones del Vapor Libertad.

Luz Andrea Montes Vázquez

Las poblaciones ribereñas del norte del lago de Chapala, Ajijic y Ocotlán, presentaron dos muestras, una pictórica y otra museográfica de El Vapor Libertad que fuera botado en el Lago de Chapala el 4 de junio de 1868 y que hizo época por sus viajes y por casi 40  años en que navego en las aguas chapálicas, con éxitos  y desgracias.

En Ajijic la tataranieta de Duncan Cameron y dueño del vapor, organizó la muestra pictórica con cuadros que ella misma elaboró y fue presentada  en el Centro para la Cultura y las Artes de la bella población ribereña. El maestro en Historia y director de esta revista Francisco Gabriel Montes Ayala dio una conferencia magistral que en voz del conferencista afirmó «fue una conferencia donde se destaca la visión de Cameron, una visión a futuro que abrió las comunicaciones entre las poblaciones ribereñas de la banda norte y meridional, así como el impulso al turismo,la economía yelnintercambio cultural y social de la época, que como todo proceso histórico, llega hasta nuestros días».

Por su parte en Ocotlán, el museo de esa ciudad, y con el apoyo de Jesús Brambila, Vicepresidente del Museo, Josefina Castaño Grenfell también tataranieta de Cameron, presentaron la muestra museográfica con fotografías, planos y objetos del vapor y nuevamente el maestro Francisco Gabriel Montes Ayala dio una conferencia del vapor, con datos y documentos del tiempo de Cámeron entre 1868 y 1884 en que se vende el barco al Ferrocarril Central.

La muestra del museo de Ocotlán estará hasta el mes de mayo, por lo que se invita a todos a participar.