Todo un éxito la  XLVIII reunión  de cronistas  Jalisco- Michoacán y XIV Congreso de la SMHAG, en el marco del 462 aniversario de la fundación de La Palma de Jesús.

Juan Bruno Hernández * Reportero

17 de octubre de 2026.- En el marco del aniversario 462 de la fundación de La Palma de Jesús, Michoacán, población ribereña meridional del lago de Chapala, se dieron cita los miembros de la Asociación de Cronistas Jalisco-Michoacán y de la Sociedad Michoacana de Historia, Arqueología y Geografía, para llevar  cabo la XLVIII reunión biestatal y a la vez celebrar el décimo aniversario de la fundación de esta organización que reúne a cronistas de Jalisco y de Michoacán. Así como el XIV congreso de la SMHAG.

Estas actividades, fueron realizadas en el interior del bellísimo templo, parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, en el anexo de la capilla antigua de la hacienda de La Palma, un recinto que hoy muestra los trabajos de rehabilitación y pintura bizantina del hermoso y pequeño templo que fue de la hacienda desde 1795 hasta 1944 en que se construye el templo actual por el señor cura don Enrique Sánchez Navarro ,ilustre sahuayense.

La primera actividad fue  la coronación de la reina de los 462 años de la fundación de La Palma de Jesús. Salvador Meza Carrazco, en la primera intervención,  presentó una remembranza de tradición oral de la Hacienda de Guaracha y su influencia en la región de la ciénega de Chapala.

Luego tocó el turno, al cronista del Rincón de San Andrés, Gabriel Ramírez Segura, exponiendo la investigación que realizó  de la “Virgen de la Piedrita”  que existe en la comunidad de San Andrés y que gracias al pequeño cronista, se le ha dado difusión a este hallazgo, también presentó  un poema autobiográfico titulado «Yo».

En seguida se presentó la ponencia del ingeniero Santiago Manzo Gómez, del consejo de la crónica de Sahuayo,  titulada “4 y 5 de agosto de 1926 en Sahuayo” dando a conocer los acontecimiento de aquellos días de inicio de la Cristiada, así como narraciones y personajes de aquel evento sangriento. Resaltó las figuras de sacerdotes, mártires que cayeron en aquellos días.

La ponencia “El cine Estrella de La Palma de Jesús” por la licenciada Luz Andrea Montes Vázquez, nos mostró la tradición desde 1952 del cine estrella, su dueño, los operadores de las maquinas y su historia a lo largo de muchos años. Para concluir, regaló una serie de “cartulinas” originales publicitarias de diversas películas que se exhibieron  en la pantalla del cine.

Posteriormente el maestro Ramón García Lepe, de Mazamitla, presentó la ponencia titulada “cambios en los procesos fúnebres en Mazamitla” que llevo a los presentes a un viaje en el tiempo sobre las diferencias en circunstancias fúnebres en aquella población y cómo con el tiempo han cambiado todo el tradicional proceso.

Toco el turno al Israel Casillas Hernández, quien presentó la ponencia sobre Francisco Velarde y de la Mora, conocido como “El burro de oro” dueño de la hacienda de Buenavista en el siglo XIX haciendo precisiones sobre las investigación de su tía Bertha Guillermina Cerda, escritora del siglo XX y biógrafa de Velarde, interesante ponencia ya que presentó documentos relativos a la posesión de los restos mortales del Burro de Oro y la pérdida de los mismos, en el museo de La Moreña en La Barca, Jalisco.

Por último, el maestro Francisco Gabriel Montes, presentó un viaje en la historia de la Vicaría Fija de La Palma de 1913 a 1943, en que mostró las fotografías y las biografías de los sacerdotes, sus obras materiales y espirituales, que estuvieron durante este ciclo en La Palma de Jesús hasta llegar a Enrique Sánchez Navarro último vicario fijo y primer párroco.

En cuanto a la presentación del Libro “Cuentos y Leyendas de la Hacienda de La Palma” fue presentado por el maestro José Castellanos, destacando la figura del autor y el contenido de este, como una recopilación de la tradición oral de los pueblos. El autor, también agradeció a quien financió el proyecto. Realizó algunas precisiones sobre los relatos y regaló ejemplares a los presentes.

Al final, el Síndico Municipal, Lic. Francisco Jesús Montes Vázquez, estuvo presente  en representación de la alcaldesa de Venustiano Carranza, Mayela Macías Hernández, y el comité de festejos,  entregaron reconocimientos y nombramientos a nuevos integrantes de Ixtlahuacán de los Membrillos, Cojumatlán, Pajacuarán, Yurécuaro,  El Rincón de San Andrés  y otras poblaciones, también se les entregó una venera de la Asociación de Cronistas Jalisco-.Michoacán, por su parte el señor cura José Refugio Maravilla, agradeció la presencia de los participantes y resaltó la gran labor que realizan en la preservación de la historia de sus pueblos. Para concluir las actividades se sirvió una comida en el colegio parroquial.

Felicidades a todos los presentes y también al pueblo de La Palma por su hospitalidad y generosidad. y al señor Cura José Refugio Maravilla, párroco de La Palma de Jesús.

¿Aztlán en el lago de Chapala?

Francisco Gabriel Montes Ayala.

Lamina 15 número 3 del Código Aubin.

Orozco y Berra, en su libro de la Historia Antigua y de las Culturas Aborígenes de México, tomo segundo, libro primero, página 103, escribe acerca de Aztlán, la tierra desde donde se desprendió la peregrinación nahuatlaca para llegar al centro del país para fundar la antigua Tenochtitlán, según este prestigiado historiador, asegura que en el glifo del código Aubin, presentado en la lámina 15 número 3, desde donde los «mexi» se trasladan hasta el centro del país, es la isla de Mezcala en el lago de Chapala.

¿Pero qué dice el autor al respecto? Textualmente copiado afirma: “En la pintura original se distinguen lago e isla; en esta los determinativos de población calli y en medio el tecali coronado por el símbolo de la divinidad ahí adorada. Los elementos fónicos son atl  y acatl de los cuales sacamos A-acatl. Al pie del templo están dos figuras en reposo; un hombre que no tiene nombre; una mujer apellidada Chimalma, de la radical chimalli, escudo; según adelante se verá son los jefes de aquel lugar, más no marido y mujer, sino sacerdote y sacerdotisa encargados del culto. Atraviesan el agua intermedia entre la isla y la tierra firme por medio de barcas dirigidas por remos, cosa indispensable en un pueblo que vive rodeado del elemento líquido. Este es Aztlán a nuestra cuenta la isla de Mexcalla en el mar Chapálico” (Orozco y Berra, 1880).

Aztlán es “el lugar de las garzas”, notablemente Chapala, siempre ha tenido una gran cantidad de aves lacustres que validan la opinión de Orozco y Berra.

Aunque hay discrepancias, el análisis que realiza el historiador del siglo XIX, ha chocado con otras versiones, pero tanto Orozco y Berra como otros investigadores cómo Wigberto Jiménez Moreno que lleva a Aztlán hacia el estado de Nayarit, en la isla de Mexcaltitán, se coincide en que las dos versiones no tienen sustento científico absoluto y menos gozan de consenso, pero ¿Qué tal si Orozco y Berra tenía razón y Aztlán es la isla de Mezcala? una razón más para pensar que las tribus nahuatlacas que sobrevivieron a los movimientos poblacionales que llegaron al centro del Anáhuac, siempre estuvieron aquí, formando los cacicazgos que encontraron establecidos los castellanos que llegaron a esta región.

Bibliografía

Orozco y Berra, M. (1880). Historia Antigua y de las cutluras aborígenes de México. Fuente Culturas.

El sacerdote pajacuarense Juan Manuel Dueñas, destacado legionario de Cristo

José Castellanos Higareda. Cronista de Pajacuarán

El recién ordenado sacerdote Juan Manuel Dueñas Rojas

Recientemente, para ser preciso, el 12 de septiembre de 2026, circulo en la redes sociales una nota informativa, en el portal oficial de los Legionarios de Cristo, que hacían mención de la muerte del Pbro. Juan Manuel Dueñas Rojas, sacerdote nacido en Pajacuarán, Mich.


     Me sorprendió la información, en virtud de que yo he venido construyendo un registro de todos los sacerdotes que ha dado Pajacuarán y no sabía de la existencia de este personaje.


     Lo primero que hice, fué visitar el archivo parroquial y con la información que tenía, buscar, en los libros de bautismos, para confirmar o negar la veracidad de la nota en cuestión.


     Pasado algún tiempo, revisando el Libro No. 19, en la página 384, se encuentra la Partida 1138, que en el margen izquierdo hay un texto manuscrito en donde se lee :

» Fue ordenado sub diácono 18 X 64 por Monseñor Martín del Campo. Diácono 25 X 64 en Roma, Italia por Monseñor John Charles
McQuaid, arzobispo de Dublín, Irlanda y Presbítero el 24 de XII 64 en Roma en la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe por el Sr. Cardenal Hildebrando Antoniutti.»

Acta de bautismo del padre Dueñas


     Efectivamente el Padre Juan Manuel Dueñas Rojas nació en Pajacuarán, el domingo 2 de septiembre de 1934 y bautizado el 10 del mismo mes por el Pbro. Enrique Amezcua.  Sus padres fueron Salvador Dueñas y Angela Rojas.


     Luego, entonces, ¿cómo es posible que un pajacuarense, con un currículum tan impresionante, haya estado en el anonimato?


     El Padre Dueñas Rojas desempeñó cargos muy importantes en la Congregación Legionarios de Cristo: fué rector del centro de noviciados y humanidades de Salamanca, España; rector del Pontificio Colegio Internacional María Mater Ecclesiae de Roma ; administrador general de la Congregación ; Consejero territorial en España y Consejero de la Sede de la dirección general, entre otros encargos…»


     Me siento satisfecho con esta investigación y comprometido a la difusión de la trayectoria de este sacerdote que nos honra y nos enorgullece, por haber nacido en este mágico y extraordinario pueblo de Pajacuarán.

El padre Dueñas

“Por Cristo he peleado, y como cristiano muero”

Semblanza del general cristero Manuel Reyes Nava

Lic. Helena Judith López Alcaraz, historiadora y cronista honoraria adjunta de Sahuayo

General cristero Manuel Reyes Nava, antiguo zapatista, que murió el 21 de agosto de 1927. Mejora y edición de imagen realizada por la autora.

Manuel Reyes nació en el poblado de Santo Tomás Ajusco, hoy perteneciente a la delegación Tlalpan de la Ciudad de México. Fue hijo de don Gabino Reyes y de doña Piedad Nava. Como tantos niños de su tiempo, ayudó a sus padres en las faenas del campo. Lejos de ser pobres, la familia Reyes Nava poseía tierras de labor, vacas y caballos en un rancho denominado El Zorrillo, ubicado detrás del cerro del Ajusco.

Durante la Revolución mexicana, perteneció a la 2° División del Sur y, desde 1912, peleó a las órdenes de su hermano Valentín Gabino Reyes. En 1914 fue ascendido a coronel gracias a sus méritos en campaña y dos años más tarde, participó en acciones militares tanto en el Estado de México como en Morelos. Habiendo perdido una pierna en un combate, lo apodaron “el Cojo Reyes”, y así sería conocido hasta su muerte.

Desde el inicio, Manuel apoyó fielmente el Plan de Ayala propuesto por Emiliano Zapata, quien le confirió el cargo de general brigadier en marzo de 1917. Sus dotes militares le valieron ser un destacado oficial zapatista. Combatió hasta 1920, incluso tras la muerte de Zapata (ocurrida en abril de 1919), y hasta que Venustiano Carranza fue asesinado. En 1921 fue dado de baja al no poderse comprobar sus antecedentes.

Más tarde, en diciembre de 1923, su hermano Valentín –quien fungió como presidente municipal de Tlalpan– fue falsamente acusado, condenado a la pena capital y pasado por las armas en el cuartel militar de Toluca. En consecuencia, don Manuel se tornó sumamente desconfiado del régimen que, para ese momento, encabezaba el general Álvaro Obregón Salido, quien había ordenado la aprehensión del difunto Valentín.

Al estallar la Cristiada, junto con su otro hermano, Gabino Reyes, decidió unirse a la causa católica. Su rango de operaciones abarcó las cercanías del entonces Distrito Federal, Morelos, Puebla y Michoacán. Además de coordinar el asedio a Valle de Bravo, tomó parte en los ataques a Tenancingo y Amanalco.

Tras ser herido en un combate acaecido en San Martín Obispo y perder su corcel, no pudo escapar a pie y cayó prisionero. Lo llevaron a Toluca, donde casi tres años antes habían ajusticiado a su hermano, y lo sentenciaron a ser fusilado.

El 21 de agosto de 1927 lo condujeron al suplicio. Su ejecución, llevada afuera del templo del Carmen en la misma ciudad, fue prácticamente una fiesta para los callistas. En la plaza donde lo ajusticiaron había una banda musical. Para escarnecer al reo y su dificultad para caminar, los federales hicieron que el conjunto le tocara la conocida canción “La Cucaracha”.

El general Manuel Reyes en el paredón.

Antes de morir, el general Manuel mismo se cubrió los ojos con un pañuelo. Sacó su rosario, lo besó con devoción y pronunció esta frase, síntesis elocuente de la lucha que había emprendido: “Por Cristo he peleado y como cristiano muero”.

También, de acuerdo con Jean Meyer, dijo:

“Van a matar a un gallo a quien temió siempre el gobierno. Hasta que me llegó la hora” (Meyer, 1985, p. 136).

Él mismo dio las órdenes y gritó, a semejanza de muchos héroes y mártires de aquel tiempo:

“¡Viva Cristo Rey!”

Dicho esto, la descarga lo derribó. Pese a su muerte, la sublevación cristera en el Estado de México ya se había propagado por toda aquella región (Meyer, 1985, p. 136).

Sus restos reposan en el cementerio de Tetelpa, junto con los de la autora de sus días.

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Bibliografía:

Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones en México (2013). Diccionario de generales de la Revolución Mexicana. Tomo II. México: INEHRM & Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA). (Carlos Betancourt Cid, Coord.) pp. 872-875.

Meyer, J. (1985). La Cristiada. Tomo I: La guerra de los cristeros. México: Siglo XXI Editores.

Semblanza del general Manuel Reyes, redactada por la autora para el “Proyecto 2025” (una serie de biografías sobre personajes destacados de la Cristiada y la persecución religiosa y publicadas en conjunto con Ruta Cristera Sahuayo).

El sucesor del General Enrique Gorostieta

Breve semblanza de Jesús Degollado Guízar, segundo General en jefe del Ejército Cristero

Lic. Helena Judith López Alcaraz, cronista honoraria adjunta de Sahuayo

Fotomontaje alusivo al título de la presente entrada, que muestra al general Jesús Degollado Guízar durante sus tiempos como oficial cristero. Al fondo, la bandera mexicana. Edición de imagen por la autora.

Originario de Cotija de la Paz, Michoacán, Jesús Degollado Guízar vio la luz primera el 3 de agosto de 1892. Sus padres fueron don Santos Degollado Carranza y doña Maura Guízar Valencia, hermana de San Rafael Guízar y de Antonio de los mismos apellidos; ambos fueron prelados durante el tiempo de la persecución religiosa en México y, a diferencia de su pariente José María González Valencia –quien apoyó a ultranza el movimiento cristero–, se opusieron con rotundidad a la resistencia armada por parte de los católicos. En su momento, a su vez, estuvieron en contra de la idea de suspender el culto público en 1926.

Vista panorámica del templo parroquial de Cotija de la Paz, Michoacán, tierra natal del general Jesús Degollado Guízar. Fotografía de OMAR802 at the English Wikipedia, tomada en 2007.

Volvamos con nuestro biografiado. Por causas laborales, la familia Degollado Guízar pasó a radicar en el pueblo de Sahuayo de Díaz. Su vivienda se encontraba frente a la puerta principal de la Parroquia de Santiago Apóstol, y desde allí se alcanzaba a ver el altar mayor. Por su parte, en la década de los veinte, Jesús se marchó a Atotonilco el Alto –tierra natal del también general cristero Lauro Rocha González, caído en 1936–, donde se afilió a la célebre ACJM, la Asociación Católica de la Juventud Mexicana fundada en agosto de 1913 por el jesuita belga Bernardo Bergöend, y también a la Unión de Católicos Mexicanos, mejor conocida como la “U”. Para ese momento ya se había casado, en 1911, con la señora María Soledad Bouquet Carranza.

En los albores de la Cristiada, Jesús Degollado Guízar no dejó de enterarse de los sucesos que tuvieron lugar a comienzos de agosto de 1926 en la actual Capital de la Ciénega:

El día cuatro de agosto de ese año, siendo jefe de la Liga y miembro de la «U» el caballeroso señor don José Ramírez, el pueblo presenció una tragedia en la que fueron asesinados en Sahuayo, Mich., unos de los vecinos más caracterizados del lugar. El pueblo entero se defendió, hubo un terrible combate en el que los vecinos, ayudados por las Acordadas del Cerrito y Guaracha, vencieron al destacamento federal obligándolo a salir del poblado (Degollado Guízar, 1927, p. 21).

El lector puede encontrar más pormenores al respecto en otras dos entradas de «Crónicas de la Ciénega».

A inicios de 1927, de acuerdo con lo relatado por Degollado, los levantamientos empezaron de lleno. En su narración, el cotijense resalta la importancia de la ya mencionada Unión de Católicos Mexicanos.

En el occidente de Michoacán, siendo vecinos de Cotija, se levantaron en armas el Gral. don Prudencio Mendoza, el Gral. don Maximiliano Barragán, los coroneles don Luis Guízar Morfín, don José Guízar Oceguera, don Honorato González, don José González, don Evaristo Mendoza. Todos estos Jefes con mando de grupos eran de la «U». […] Los Estados Mayores de los jefes estaban formados por jóvenes de la A. C. J. M., muchos de ellos de la «U», y entre las clases de tropas numerosos oficiales y soldados también eran de la «U» (Degollado, 1957, p. 22).

A mediados de aquel mismo año, la Liga Nacional para la Defensa de la Libertad Religiosa le asignó a don Jesús Degollado el rango de general de división y Jefe de Operaciones en la región de Occidente, que englobaba el occidente michoacano, el sur jalisciense y Nayarit. En cierto punto de la contienda, su esposa fue arrestada y hecha prisionera en Guadalajara. De acuerdo con sus Memorias, el párroco de Juchitlán le dio la noticia. Pero, nos dice el mismo general, cuando recibió la Comunión de manos de aquel presbítero hizo este ofrecimiento en su interior:

Por lo que se sabe que pasa en las prisiones callistas, toda mujer que cae en manos de esos esbirros es ultrajada. No obstante ese dolor y pena tan grandes, te los ofrezco con todo mi corazón, diciéndote que para Ti, hasta la honra te doy, aun cuando sangra mi corazón. […] Dios, que conoce nuestros pensamientos, vio que […] le presentaba un verdadero ofrecimiento; y Él salvó a mi esposa, permitiendo que los masones de Guadalajara le hicieran guardia de día y de noche (Degollado Guízar, 1927, p. 238).

Luego de que Enrique Gorostieta Velarde fuera asesinado en la hoy ex Hacienda del Valle, cerca de Atotonilco el Alto, Jalisco, el general Degollado fue nombrado su sucesor como General en jefe del Ejército Nacional Cristero. Como tal, a él tocó beber el amarguísimo trago de los «arreglos» del 21 de junio de 1929 y licenciar a las tropas cristeras, a sabiendas de que la supuesta «amnistía» otorgada por el régimen no era más que una farsa y de que muchos irían al destierro, para salvar la vida, o serían asesinados deshonrosamente. De allí que, en agosto, con el alma hecha pedazos, escribiera aquellas palabras tan trágicas como inmortales:

Compañeros de lucha:

En un momento doloroso y trágico, cuando el invicto organizador de la Guardia Nacional, general de división Enrique Gorostieta, caía heroico, bajo las balas del enemigo, tuve que recibir de sus manos, la bandera que él, con tanto valor, había empuñado, para conducirnos a la victoria. Acepté decidido el cargo que, superior a mis fuerzas, se me ofrecía, pero entonces estaba muy lejos de pensar que me habría de enfrentar con el más grave de los problemas: el de la cesación de las hostilidades, el de la terminación de la lucha. […]

Su Santidad el Papa, por medio del Excelentísimo Señor Delegado Apostólico, ha dispuesto, por razones que no conocemos, pero que, como católicos acatamos, que sin derogar las leyes, se reanudaran los cultos, y que el sacerdote, poniéndose en cierto modo al amparo de ellas, comenzase a ejercer su ministerio públicamente. En el acto, nuestra situación, compañeros, ha cambiado.

[…]

Debemos, compañeros, acatar reverentes los decretos ineluctables de la Providencia: cierto que no hemos completado la victoria; pero nos cabe, como cristianos, una satisfacción íntima, mucho más rica para el alma: el cumplimiento del deber y el ofrecer a la Iglesia y a Cristo el más preciado de nuestros holocaustos, el de ver rotos, ante el mundo, nuestros ideales, pero abrigando, sí, ¡vive Dios!, la convicción sobrenatural que nuestra fe mantiene y alimenta, de que al fin Cristo Rey reinará en México, no a medias, sino como Soberano absoluto sobre las almas.

Como hombres, cábenos también otra satisfacción que jamás podrán arrebatarnos nuestros contrarios: la Guardia Nacional desaparece, pero no vencida por nuestros enemigos […] Ave, Cristo, los que por ti vamos a la humillación, al destierro, tal vez a una muerte ingloriosa, víctimas de nuestros enemigos, con el más fervoroso de nuestros amores, te saludamos, y, una vez más, te aclamamos Rey de nuestra patria. ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Santa María de Guadalupe! (Degollado Guízar, 1957, pp. 281-285).

Poco antes de enviar dicha carta, el general Degollado trató de obtener condiciones justas para el licenciamiento y, naturalmente, la libertad de su consorte. Según lo narra en su libro de memorias, Jesús Degollado envió a Luis Beltrán y Mendoza para que hablara con el Delegado Apostólico, a fin de que éste le diera la recomendación necesaria para acudir con el presidente interino Emilio Portes Gil. Aunque renuente al inicio, el político tamaulipeco aceptó liberar a la señora Soledad. En cuanto a que las tropas cristeras se licenciaran, poco después se produjo el fin de la guerra y la posterior matanza por la cual, como se sabe ya, murieron más cristeros luego de los «arreglos» que durante la misma Cristiada:

Otra fotografía del general Jesús Degollado Guízar. Retoque y edición hechos por la autora.

Di cuenta a los superiores, quienes aprobaron lo que dispuse, y días después diose principio al licenciamiento de nuestras fuerzas, porque la Guardia Nacional, o sea el ejército cristero, no fue vencido (Degollado Guízar, 1957, p. 249).

Oculto muchos años luego del término oficial de la Cristiada, para escapar a la cacería sistemática de los cristeros supuestamente amnistiados, el general Jesús Degollado Guízar falleció el 27 de agosto de 1957.

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Bibliografía:

Degollado Guízar, J. (1957). Memorias de Jesús Degollado Guízar. Último general en jefe del Ejército Cristero. México: Jus.

Enciclopedia de la Literatura en México (13 de marzo de 2020). Jesús Degollado Guízar. ELEM & Fundación para las Letras Mexicanas (FLM). https://www.elem.mx/autor/datos/1332

En el marco de la fiesta, el ayuntamiento de Cojumatlán, impulsa muestra de Cerería.

Francisco Gabriel Montes Ayala

Con el impulso del presidente municipal de Cojumatlán, Janitzio Mújica, por medio del director de cultura y turismo Mtro. Julio César Trujillo Rodríguez, se presentó el 26 de abril, la muestra de Cerería, un arte virreinal que viene del siglo XVIII en el antiquísimo pueblo de Santa María la Asunción Cojumatlán; artesanía que logra preservarse de generación a generación desde aquellos tiempos. Fue en el siglo XX a finales, en que fueron los últimos artesanos que quedaban detuvieron la producción, principalmente de figuras religiosas y luego tuvo una pausa en la historia volvieron a Cojumatlán a revivir esta tradición tan especial y particular de aquella población.  

En el acto el presidente municipal, subrayó el rescate de la tradición de la cerería en Cojumatlán, así mismo destacó que Luis Fernando Rodríguez obtuvo el primer lugar estatal con una figura de la Piedad, que dio a conocer a la población en los gajes culturales; así mismo aseguró la relevancia que tiene el taller que junto con Jorán Hernández, va creciendo en aquella comunidad.

En la muestra, también estuvieron artesanos de San Martin Hidalgo, Jalisco, que trajeron por medio de la casa de la cultura de aquella municipalidad, una muestra de cera escamada especial para las festividades patronales de las poblaciones.

Se dieron cita un buen número de personas que admiraron las obras artísticas de gran calidad y profesionalismo en el arte de cera de abeja. Felicidades al ayuntamiento presidido por Janitzio Mújica y también al taller de cerería Mimiahuatl (Panal de abejas trabajando la miel) de Cojumatlán.

La mujer que predijo que la sangre correría por las calles de Sahuayo

Breve semblanza de Jacobita Zepeda del Toro

Lic. Helena Judith López Alcaraz, cronista honoraria adjunta de Sahuayo

A propósito de la historia de los veintisiete cristeros ultimados en el atrio de la Parroquia de Santiago Apóstol en Sahuayo, de cuyo sacrificio conmemoramos un aniversario más hace unas semanas, hoy recordamos a Jacobita Zepeda del Toro, una anciana sahuayense que ya en vida gozó de fama de santidad entre sus coterráneos.

Fue hija del señor José Zepeda y de la señora Margarita del Toro. De acuerdo con los testimonios orales del pueblo de Sahuayo, era favorecida con revelaciones privadas por parte de Dios. Una de las pruebas de ello reside en su recuperación milagrosa después de haber sufrido por años de una enfermedad que la había postrado en cama por muchos años, una mielitis que la postró desde 1912. Pues bien: según el informe médico del Dr. Amadeo Gálvez –una de las calles de Sahuayo, paralela al bulevar Lázaro Cárdenas, lleva su nombre–, ratificado por el juramento de los sacerdotes sahuayenses Pascual Orozco, Otón Sánchez e Ignacio Sánchez [1], Jacobita pudo caminar de un día a otro, tras aquella prolongada parálisis, sin tomar ningún medicamento.

Fotografía de Jacobita Zepeda del Toro editada con su nombre y con un subtítulo alusivo a una de sus principales predicciones, modificada de una edición para la página Testimonium Martyrum. Edición realizada por la autora de la presente entrada.

Compartimos un fragmento del inicio de uno de los documentos que existen sobre esta mujer singular:

«En la Villa de Zaguayo [2], Obispado de Zamora Michoacán, en la República Mexicana, han tenido lugar, repetidas revelaciones, hechas a un alma santa, en las que el Eterno Padre, manifiesta su deseo, para que se rinda culto al corazón de San José, y se ofrezca juntamente con el de Jesús y de María, en desagravio por los pecados del mundo…»

En lo tocante a las cuestiones piadosas, Jacobita se caracterizó por su gran devoción a los Corazones de Jesús, María y José.

Cabe mencionar que, entre otros acontecimientos, Jacobita vaticinó la caída del Varón de Cuatro Ciénegas –Venustiano Carranza–, la quema de San José de Gracia, Michoacán, y la llegada de las hordas del temido bandolero José Inés Chávez García a Jiquilpan de Juárez –a donde, por cierto, no pudo entrar–.

Según los relatos sobre Jacobita, lo último que predijo fue:

«He visto correr ríos de sangre por las calles de Sahuayo».

Profecía que, dicho sea en honor a la verdad, no dejó de cumplirse. Luego de la masacre de los veintisiete cristeros, como sabemos, el cielo envió su llanto y lavó los cuerpos inertes y ensangrentados. Mezclado con la lluvia, el fluido escarlata corrió por las calles de Sahuayo y bajó por la calle Insurgentes, hacia el oriente de la población.

Jacobita Zepeda del Toro murió poco antes de un año del sacrificio de aquellos cristeros valientes, el 17 de abril de 1927. Recordemos que, según los testimonios orales y demás historias, la matanza tuvo lugar el 21 de marzo de 1927, pero de acuerdo con partes oficiales y con el reportaje del periódico «El Informador», fue en 1928, el mismo día en que fue asesinado el licenciado Miguel Gómez Loza, hoy beatificado. El lector puede indagar al respecto en otra de las entradas de esta página.

Los restos de Jacobita descansan en las célebres Catacumbas del Sagrado Corazón de Jesús, en Sahuayo, que el P. Miguel Serrato tuvo la iniciativa de construir para que allí reposaran algunas personas ilustres de la localidad, entre ellos los que dieron su vida por Cristo Rey en los tiempos de la persecución religiosa y la Cristiada, como los cristeros de la Parroquia y el señor José Sánchez Ramírez, y aquellos que, de alguna forma u otra, destacaron por su devoción y práctica de la fe católica, como esta mujer.

Notas:

[1] Tío paterno de San José Sánchez del Río.

[2] Antigua grafía de «Sahuayo».

Sitio donde reposan los restos mortales de Jacobita Zepeda del Toro en las catacumbas del templo del Sagrado Corazón en Sahuayo, Michoacán. Fotografía de Rutacristera.org.

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Bibliografía:

Laureán Cervantes, L. (2016). El niño testigo de Cristo Rey. Barcelona: Buena Tinta.

López Alcaraz, H. J. (13 de marzo de 2025). Sangre, flores y tempestad. La muerte de los 27 Mártires Cristeros de Sahuayo. https://cronicasdelacienega.com/2025/03/13/sangre-flores-y-tempestad/

Agradecemos, asimismo, los aportes del Ing. Santiago M. Gómez y de Dn. Alfredo Vega Pulido.

Sahuayo bajo fuego Cristero (Parte I)

Francisco Gabriel Montes Ayala / Francisco Jesús Montes Vázquez.

Muchos hombres de Sahuayo se habían unido a los cristeros de los Altos, en los primeros meses de los levantamientos en Jalisco en 1926; Sahuayo había sido uno de los pueblos en todo México, que se levantaron contra la determinación de la aplicación de la ley Calles. Los sacerdotes de Sahuayo determinaron cerrar los templos atendiendo la petición del episcopado mexicano de concluir el culto, como modo de protesta ante la aplicación de tal ley.

El mismo Calles en una entrevista con Leopoldo Ruiz y Flores y con don Pascual Díaz en el Castillo de Chapultepec, menciona a Sahuayo y el motín del 4 de agosto, lo que suscitó una serie de documentos enviados en una investigación especial, para evitar, que se quitara de la cabeza del mandatario, que dos sacerdotes habían incitado a la rebelión; Calles había sentenciado de antemano a los dos curas, que creemos eran Ignacio Sánchez y Alberto Navarro,  cuando dijo “He dado orden que se fusilen donde quiera que se les encuentre”[1]. Los informes tanto del Obispo Fulcheri de Zamora, como del presidente municipal Ismael L. Silva, dejaron en claro que no participaron los sacerdotes en el motín. Sahuayo estaba en la mira desde los primeros días de la desobediencia católica.

Los primeros alzamientos en la región de la ciénega se dan en diciembre de 1926, cuando el ex zapatista Pancho Meza Gálvez, se levanta en la zona de Jaripo y San Antonio Guaracha; en el estado también la cristera sería un bastión tan o más poderoso que Jalisco. Miles de documentos comienzan a fluir en la Secretaría de Guerra en levantamientos en el 90% de los municipios de Michoacán de aquel tiempo. Desde Huetamo hasta Coalcomán, desde la tierra caliente a la sierra michoacana, Uruapan y su región, Los Reyes y Cotija, las tres regiones purépechas; la zona de Pátzcuaro, Quiroga, hasta el lago de Cuitzeo, el valle de Zamora, La Piedad, Zacapu y su región, son teatro de levantamientos y todo más, cerca de Morelia. Surgen jefes cristeros en todos los rumbos desde enero de 1927. Cotija se alza en armas el 7 de marzo y atacan en dos columnas, una de Prudencio Mendoza que toma la población de Cotija, despojando a los federales de armas y pertrechos; la otra atacando Los Reyes bajo el mando del general Maximiano Barragán.

Los primeros alzados sahuayenses que formalizaron su levantamiento fue la gente de Gerónimo González, que el 4 de abril de 1927 se fueron al cerro;  aunque otras fuentes como el propio Sánchez Ramírez, en sus memorias dice que fue el 27 abril, lo cierto que los primeros cristeros en grupo habían salido ese mes al Montoso, para entrevistarse con Prudencio Mendoza, que ya operaba como jefe del levantamiento entre Cotija y Quitupan.

En esos días de abril, Ignacio Sánchez Ramírez, era nombrado general por la Liga, por el ingeniero Luis Segura Vilchis en México, a donde había acudido por pedido de Anacleto González Flores. Así que el mando del sector I fue para el general Sánchez Ramírez, un hombre de tan solo 26 años de edad. Aunque no hubo una respuesta favorable para él, lo rechazaron los jefes cristeros de Cotija, principalmente Prudencio Mendoza, que consideró que “un chamaquito no lo iba a mandar a él”, sin embargo, el general sin ejército se va para Quitupan y allí comienza el alzamiento al llamar a todos los grupos dispersos a la autoridad del control militar de la Liga Nacional de la Defensa Religiosa.  

El siguiente levantamiento fue en Cojumatlán, según informes oficiales, la defensa de ese lugar con 40 hombres se apoderaron de todo el material de guerra y se habían declarado por la cristera así como  pobladores de aquella comunidad, e informan al secretaría de guerra  el 9 de julio, que un día antes se habían levantado, es decir el día 8;  dos días después se alzan los de San José de Gracia[2].

Pero Sahuayo parecía intocable, habían atacado ya varios pueblos, hasta que Sánchez Ramírez decide  tomar su pueblo natal con sus fuerzas y se concentran en atacar la plaza donde solo había defensa civil y algunos militares, dependientes de Jiquilpan.

Continuará


[1] Entrevista de Calles, con los Obispos el 21 de agosto de 1926, publicado por Consuelo Reguer en Dios y Mi Derecho tomo I Los incios 1923-1926 editorial Jus, página 174.

[2] ADN, Operaciones Militares, exp. 1927-51 documentos relativos a los alzamientos 8621 a 8649 clasificación digital del AHP-FGMA.

©Francisco Gabriel Montes Ayala/ Francisco Jesús Montes Vázquez. México 2024

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La fiesta de Guadalupe en Sahuayo, tradición perdurable.

Francisco Gabriel Montes Ayala

La fiesta de Sahuayo, cómo la conoce la gente, la “fiesta del 12” es una de las más añejas de la región de la Ciénega de Chapala, ya que, siendo el primer santuario guadalupano construido en toda la región, no solo los habitantes locales, sino de toda la zona confluyeron a lo largo, de por lo menos, cien años y que aún continúan viniendo de muchos rumbos a venerar a la guadalupana y por esa conjunción profana y religiosa.

El inicio del templo, data del 12 de diciembre de 1881 en que se puso la primera piedra, siendo señor cura don Macario Saavedra, dejando la responsabilidad al padre don Bernabé Orozco para el cuidado de la construcción. El padre Saavedra murió en Sahuayo en abril de 1885, después de una ardua labor, que dejó obras materiales que perduran, como la cúpula y el crucero del templo de Santiago, también hay que recordar a Saavedra, porque impulsó la primera línea de conducción de redes de agua potable, así como el inicio del templo del Sagrado Corazón y el Santuario (Montes, 2025).

 Unos meses después llegó el señor cura Esteban Zepeda Acuña, sahuayense, que se hizo cargo la Parroquia de Santiago y continúo las obras de ambos templos, que estaban bajo el cuidado de sus vicarios (Montes 2025).

El 12 de diciembre de 1886, se realizó la primera festividad, que abarcó los días del 8 al 12 de diciembre, en que desfilaron los gremios de aquel tiempo. El templo, para aquellos días, no tenía bóvedas, pero la suntuosa fiesta fue organizada por los sacerdotes encargados don Bonifacio Alcaraz y don Bernabé Orozco, haciéndose una festividad, que se quedó arraigada en el corazón de lo sahuayenses, que a partir de ese año, se continuaron hasta el día de hoy, con mayor fastuosidad (Montes, 2025).

Fue el Padre don Federico Sánchez, quien hizo las bóvedas y el padre don José Montes, continúo las obras del interior. El padre don Luis Amezcua, al nombrársele como capellán del Santuario,  invita al Ing. José Luis Amezcua, sahuayense constructor de templos, a que diseñara las torres y la cúpula y las construyera en la década de los cuarenta. Dentro del Santuario existen obras pictóricas de Rosalío González y de don Luis Sahagún. Uno de los cuadros, retrata precisamente a los sacerdotes que lo largo de la historia construyeron el santuario, don Bernabé Orozco, don Federico Sánchez, don José Montes, y don Luis Amezcua (Urbizu, 1963).

La fiesta, ha crecido con el paso del tiempo y es una de las principales que se realizan en la ciudad, dado que conserva la organización original de hace 139 años. Es admirable, que los sahuayenses sigan una tradición que vive desde el siglo XIX.

Fotografías Roberto Buenrostro Rodríguez.

Referencias:

Montes Francisco G. La grandeza de nuestra historia. Sahuayo Bicentenario. En imprenta. 2025

Francisco García Urbizu. Sahuayo y Zamora. Talleres linotipográficos Guía. 1963

Derechos Reservados © Francisco Gabriel Montes Ayala, México 2025

Inician los juegos deportivos de las Secundarias Técnicas de la Región Ciénega de Chapala.

Ing. Juan B. Hernández * colaborador

Jiquilpan 4 de diciembre de 2025.- A eso de las 8.30 de la mañana, dieron inicios los eventos deportivos de las Secundarias Técnicas de la zona 05 con cabecera en Sahuayo. Se dieron cita al evento, el supervisor de la Zona el L.E.P. José Dante Rojas Turja, así como el Director de Servicios Regionales, el maestro Octavio Meza, un representante del presidente municipal de Jiquilpan; la maestra María Cobían Sánchez y la maestra Ana Laura Barajas Martínez, jefas de enseñanza, así como los directivos de las escuelas participantes.

Con la presentación y desfile de las delegaciones de cada escuela, y luego la llegada de la antorcha de los juegos deportivos, el encendido del pebetero y el acto cívico, el supervisor de la Zona Dante Rojas Turja, afirmó entre otras cosas, que «los deportes son parte de la formación de los alumnos de las escuelas secundarias técnicas» ; dio la bienvenida a las delegaciones, maestros y personal de cada escuela de la región.

Posteriormente en un breve mensaje del Director de Servicios Regionales de la SEE, Octavio Meza, hizo la inauguración oficial de los eventos deportivos, que se celebraran en diversas sedes, como las unidades deportivas de Jiquilpan, Sahuayo y Briseñas. Por lo que respecta a los eventos cívicos serán en dos sedes, la técnica 1 y 81 de la ciudad de la ciudad de Jiquilpan. Las fechas de eventos son del 4 de diciembre de 2025 al 14 de enero de 2026.

Deseamos el mayor de los éxitos en esta jornada que abre los eventos académicos, tecnológicos, culturales y deportivos en su etapa de Zona.