Las Tres «M» del 19 de junio de 1867

Articulo tomado de la página de facebook:

Conoce México a través de su historia.

Fueron fusilados Maximiliano, Miramón y Mejía, las tres “M” imperiales, en el Cerro de las Campanas, Querétaro. No puede hacerse, sin un estremecimiento, el relato de la ejecución de estos hombres que enfrentaron la muerte con grandeza de ánimo y gallardía.
A las tres y media de la mañana, Maximiliano despertó y lavó su cuerpo con esmero, como si, en vez de ir al patíbulo, fuera al amor. Vistió su traje de levita. A las cinco de la mañana, los tres reos oyeron misa y comulgaron. Terminando el oficio, fueron regresados a sus celdas. No tuvieron que esperar mucho: a las seis en punto llegó el oficial encargado de conducirlos al sitio de la ejecución.


Al salir a la calle, el emperador exclamó: “¡Qué hermoso día!”. Los subieron a los carruajes para conducir a los sentenciados al lugar de su muerte. Gran cantidad de gente se había agolpado en las calles; nadie gritó nada, nadie dijo nada: el más absoluto silencio acompañó el paso de los carruajes. Esto se explica porque había aparecido una proclama que amenazaba con la muerte a quien vitoreara a los sentenciados.


Los juaristas habían difundido que el emperador flaquearía a la hora de la muerte; lejos de eso, Maximiliano dio una lección de fortaleza.


Al llegar al Cerro de las Campanas, descendió del carruaje y caminó cien metros hasta el sitio del fusilamiento. Llamó al doctor Bach, se quitó del dedo la sortija nupcial y se la entregó, junto con un rosario y un escapulario. Luego se dirigió hacia los soldados que lo fusilarían y, siguiendo la antigua costumbre europea, entregó a cada uno una moneda de oro y les pidió que apuntaran bien.


Maximiliano se colocó frente al pelotón. Los soldados se acercaron a un metro de distancia; sus jefes, incluido Juárez, no quisieron afrontar el riesgo de que fallaran el tiro. Maximiliano, Miramón y Mejía estaban ya frente a los soldados que los ejecutarían.
Entonces, en perfecto español, dijo:
“Mexicanos, muero por una causa justa: la de la independencia y libertad de México. Ojalá mi sangre ponga fin para siempre a las desgracias de mi nueva patria. ¡Viva México!”
Apenas terminó de hablar, el oficial bajó el sable como señal y los soldados dispararon. Siete fusiles se accionaron a un metro de distancia; solamente cinco balas penetraron en el cuerpo del emperador. El temor no había sido infundado. Maximiliano cayó hacia adelante; en su agonía se escuchó pronunciar la palabra: “hombre…”. El oficial lo volteó boca arriba y le disparó en el pecho. El estallido de la pólvora encendió su ropa, y los soldados, apresurados, apagaron con sus manos el incipiente fuego.


Después correspondió el turno al general Miguel Miramón, el presidente más joven que ha tenido el país. Sacó de su levita un papel que llevaba escrito y leyó con voz firme:
“Mexicanos, en el Consejo mis defensores quisieron salvar mi vida. Aquí, pronto a perderla, y cuando voy a comparecer ante Dios, protesto contra la nota de traidor que se me ha querido arrojar para cubrir mi asesinato. Inocente de ese crimen, perdono a los que me lo imputan, esperando que Dios me perdone y que mis compatriotas aparten tan fea mancha de mis hijos, haciéndome justicia. ¡Viva México!”
Tras decir esas palabras, Miramón se puso en oración. Cuando vio que el oficial levantó el sable, se señaló el corazón y dijo con voz firme a los soldados: “¡Aquí!”. Sonaron los disparos y cayó aquel mexicano.


El general Tomás Mejía, indígena humilde, no pronunció discurso alguno. En el instante en que el oficial bajó el sable como señal de ejecución, alzó la vista al cielo y dijo únicamente: “Virgen Santísima…”.
En su testamento, el heroico general escribió:
“Dejo a mi hermano una casa de adobe y dieciocho vacas que tengo en Tolimán…”.
La sangre derramada en el Cerro de las Campanas fue la rúbrica que puso fin a un capítulo grande y trágico de la historia mexicana. Estos hombres lucharon por una causa que la historia oficial considera equivocada: la religión católica, la hispanidad y la convicción de preservar la soberanía de México ante la constante amenaza proveniente de los Estados Unidos.

León XIV ante el parlamento español. 10 frases que quedan para la historia.

Estas son diez frases destacadas del histórico discurso del Papa León XIV ante el Congreso de los Diputados y el Senado de España, reunidos en sesión conjunta este lunes 8 de junio:

  1. “Más allá de la legítima diversidad de posiciones, toda tarea legislativa acaba encontrándose con una pregunta decisiva: qué concepción de la persona humana inspira las leyes y qué tipo de sociedad construye esas leyes”.
  2. “Toda sociedad auténticamente justa se edifica sobre el reconocimiento de la dignidad inviolable de la persona humana. Tal dignidad precede a toda concesión del Estado y no puede quedar subordinada a consensos sociales mudables o al vaivén de las mayorías de cada momento”.
  3. “Si la vida deja de ser reconocida como un valor fundamental, ¿qué futuro pueden tener nuestras sociedades? ¿Puede llamarse plenamente justa una comunidad que deja en la sombra al niño aún no nacido, al anciano, al enfermo, a quien sufre en silencio o a quien depende enteramente del cuidado de los demás?».
  4. “La defensa de la vida humana no es una cuestión parcial ni un interés confesional: es una meta de civilización. Toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural, en cada circunstancia de su existencia”.
  5. “Allí donde la familia es sostenida, se fortalece también la estabilidad espiritual y social de las naciones. La familia será siempre la primera escuela de humanidad en la que se aprende, antes que en cualquier otro lugar, la gramática elemental de la convivencia: recibir la vida, cuidar al otro, perdonar, servir y pertenecer”.
  6. “Allí donde una persona es discriminada por su origen nacional, étnico, religioso o lingüístico, o por su condición económica o social, se vulnera gravemente el principio universal de la igual dignidad de todos los seres humanos. La situación de los migrantes y refugiados exige una respuesta que mire a las personas, afronte las causas que las obligan a partir y vaya más allá de la mera gestión de flujos”.
  7. “La pluralidad política no debería degenerar en descalificación permanente del adversario. En una convivencia madura, incluso el conflicto puede convertirse en camino hacia la paz, cuando las diferencias se dejan mitigar por la escucha y se ordenan al reconocimiento de las necesidades, los anhelos y las capacidades de todos”.
  8. “La libertad sobre la que se edifica el Estado contemporáneo, si es auténtica, reconoce la dimensión religiosa del ser humano, la respeta y la tutela jurídicamente; y evita que alguien tenga que renunciar a contribuir a la sociedad en la que vive por causa de su fe”.
  9. “Toda guerra constituye, en última instancia, una dolorosa derrota de la capacidad de negociar y también de aquella conciencia común de la humanidad que reconoce vínculos de justicia entre las naciones. Las armas pueden imponer un silencio temporal; pero nunca podrán edificar una paz auténtica y duradera”.
  10. “Las palabras pueden abrir caminos o cerrarlos; pueden iluminar la realidad o deformarla hasta hacer imposible el encuentro. Quienes ejercen una responsabilidad pública tienen, por eso, una especial obligación de custodiar la palabra para ‘desarmar el lenguaje’. La firmeza no exige desprecio; la discrepancia no conlleva humillación”.

FUENTE: ACI Prensa.

Sahuayo, bajo fuego cristero (última parte)

Francisco Gabriel Montes Ayala.

Sin duda alguna que la muerte de Ochoa y herido el segundo Antonio Flores, la defensa estaba falto de liderazgos, había que aprovechar la desventaja.

El 15 de enero, informaba el mayor Luis Pérez, jefe del 73º Regimiento, que “Hónrome comunicar a usted, que hoy a las 7 horas fui avisado que el pueblo de Sahuayo estaba haciendo atacado desde las 4 horas, por partida de bandidos en número aproximado de tres a cuatrocientos.- Con 36 hombres de la corporación del subteniente Jesús M. Chargoy y quince de la plaza de Jiquilpan, salí auxiliar dicha población. A las nueve y media horas tomé contacto con enemigo que se encontraba posesionado de todas las alturas. Después de dos horas de reñido combate, logramos derrotarlos, persiguiéndolos como una legua del pueblo, no continuando persecución por el estado de la caballada. Se les hizo 18 muertos entre ellos el llamado cabecilla Manuel Gálvez y bastantes heridos que se llevaron, según las huellas de sangre que dejaron en el camino.- Por nuestra parte tenemos que lamentar uno de la defensa de este pueblo. Por correo remito copias de papeles quitados al cabecilla y parte detallado del combate. Hónrome trascribirlo a usted para su conocimiento”[1]

Group of men dressed as soldiers with rifles and flags advancing on a cobblestone street during a smoky battle reenactment with a church in the background
Fotografía generada con IA

Manuel Gálvez Rojas era hijo se Manuel y de Luz Rojas, sobrina del padre don Jesús Rojas Gil, de la muerte de este jefe no hay más información solo que fue muerto en combate cerca del santuario de Guadalupe.

El 21 de enero, vuelven los cristeros ha asediar a Sahuayo, preparándose la defensa y algunos soldados del mayor Pérez. Pero no hubo más que falsas noticias. Para el 25 de enero Sánchez Ramírez y una tropa de 150 hombres, entran a San Pedro Caro y desarman la defensa agrarista y les perdonan la vida, según informe del jefe de tenencia José María Rosas[2]. Solo querían las armas y las municiones.

Era tanta la presión, que el gobernador general Enrique Ramírez, también llegó al apoyo de las fuerzas federales y de las defensas de la región.

Unos días después, el 26 de enero informan lo siguiente: “rebeldes fanáticos en número aproximado de 400 hombres, encuéntrense en esta población atacando retenes de la defensa civil desde las 18 horas de ayer[3]” el ataque fue tan formidable que los defensores se repliegan al templo de Santiago Apóstol, y desde las alturas se tiroteaban con los cristeros. Mientras tanto, las fuerzas se diseminan por el pueblo donde reciben ayuda, armas y municiones; continúa diciendo el parte: “defensa se compone apenas de 20 hombres y sujetémonos tirotearlos desde las alturas del templo. Respetuosamente suplicámosle enviar lo más pronto posible fuerza federal”[4] las defensas no acataban a sostener una pelea directa, por lo que prefirieron las alturas del templo, que sabían iban a respetar los cristeros. Sin embargo, sirvió el ataque para proveerse de todo, cobijas, cambios de ropa, armas, alimentos, etc. El plan de Sánchez Ramírez dio sus frutos, no se trataba de derrotar y matar a los de la defensa, sino proveer al ejército cristero de lo necesario, y así fue. Los cristeros se retiran en orden y bien proveídos de los necesario.

Los federales corroboran lo que el espía les mandaba decir, y en telegrama del mismo día, dice Amaro a la jefatura de operaciones de Jalisco que “Exploradores acaban de llegar a La Palma y dicen que cristeros están atacando Sahuayo. Partida que atacó a San Pedro Caro volvió a Cojumatlán, pasando por La Palma donde atracaron el vapor, recogiendo correo y desvalijando a pasajeros”[5]

Mientras tanto una partida de cristeros se desplazan y atacan el siguiente día Jiquilpan para entretener a los de la defensa de aquel lugar y las fuerzas federal emplazadas en la cabecera distrital, incluido al gobernador del estado[6]. Y dicen en documento fechado del día 27 de enero que: “a las 6.30 del 26 de enero,  fue atacada esta plaza por núcleo rebelde de 200 hombres, siendo rechazados y perseguidos, tomando el rumbo de la Cofradía, y otra parte al Cerro de San Francisco, llegando a las 14. 30 horas el general Anacleto Guerrero Guajardo con el 21º regimiento, así como el general Garay con el 49º  batallón y el gobernador del estado con fuerzas de defensa civil de varios pueblos”[7]

Se comienzan a desplazar los federales por la zona, por lo que por la tarde del 27 se retiran las fuerzas cristeras sin pérdida alguna, con buen bastimento, armas y parque, cobijas y todo lo que la gente les ayudó.  El ataque a Sahuayo del 25, 26 y 27 de enero, movilizó una gran cantidad de federales y defensas civiles, mientras los cristeros salieron sin ninguna baja.

El general Ramírez, gobernador de Michoacán, se hizo cargo de las defensas sociales de los pueblos para coordinar los ataques con los federales.

El 31 de enero sale el gobernador Ramírez, rumbo a Zamora y toma el camino por San Pedro Caro y Pajacuarán, lugares donde “no había tanto cristero” pero para su mala fortuna, a la altura del cerro de Fray Domínguez, “tuvo un encuentro con una partida de fanáticos” y lo llevaron más allá de Tecomatán tiroteándolo, donde dicen, derrotó a los cristeros, según informa que envían al general Amaro.[8]

Tiroteada la retaguardia que acompaña al gobernador, no se detiene y es perseguido por fuerzas cristeras todo el trayecto hasta que sale por Ixtlán hacia Zamora.

Ese mismo día, ante la imposibilidad de poder contener los cristeros, el general Amaro, nombra jefe de la zona de la ciénega al general Claudio Fox, como una medida extrema ante la falta de contención de la Jefatura de Operaciones Militares, para detener y exterminar a los cristeros. Claudio Fox, informa a sus fuerzas desde Sahuayo, reconcentrar las fuerzas federales en Sahuayo[9]

Los cristeros, no se amedrentaron, cuando sale Fox de Sahuayo,  a las 7.30 de la tarde del 31 de enero, dice Rafael Picazo en un telegrama que: “empezaron a disparar algunos tiros al retén del santuario, estando posesionados de la Cruz, al mismo tiempo que otros disparaban sobre el templo, posesionados de las cercas del Pedregal que domina dicho lugar, antes no supuse nada y lograron ponerse en esa posesiones debido a la protección de la labores (milpas) que les ayudó mucho, pero inmediatamente mandé al jefe de la defensa como con 15 hombres y 8 soldados del destacamento de esta, habiéndoles hecho a ellos una sola descarga la que me mataron un miembro de la defensa, siguiendo los nuestros hasta quitarles las posesiones correteándolos hasta el Rincón donde no pudieron seguirlos por la obscuridad y temiendo que entre nosotros mismos hubiera habido una confusión- Por tener al muerto, tuvieron que regresarse sin saber las bajas que tuvo el enemigo, pero mañana a primera hora ensillaré para ir al lugar de los hechos y le comunicaré resultados. Esto fue cuestión de 1 y media horas. El número de fanáticos más o menos son cien y son las de esta región”[10].

Así fue el mes de enero de 1928 en Sahuayo cuando se concentraron las fuerzas cristeras para atacar esta población, con fin de obtener recursos pecuniarios, y lo necesario para continuar la campaña.

Sahuayo había estado bajo fuego. Fox regresaría a Sahuayo en los próximos días y estaría allí dirigiendo las expediciones por la zona, era necesario vigilar muy bien a los habitantes de Sahuayo, que habían y seguían apoyando a los cristeros de Sánchez Ramírez.


[1] Documento 0243

[2] Idem. documento 0373

[3] Idem. documento 0377

[4] Idem.

[5] Idem. documento 0379

[6] Idem., documento 0381

[7] Idem. documento 0384

[8] Idem. documento 0433

[9] Idem. documento 0437

[10] Idem. documentos del 0443 al 0448 telegrama escrito a mano con varias hojas.

Juan Andrew Almazán en la nostalgia del hubiera y el quizá…

Analisís de un libro por Eduardo Soriano Suverney.

Novela y Narrativa Histórica México

En la nostalgia del «hubiera» y el «quizá» de los que lo apoyaron hasta con su vida en la lucha cívica por un México mejor, gobernado por él, es todavía polémico porque, acaso hay una memoria más popular e impopular, más pletórica de opiniones a favor o animadversión, que suscita pasiones más encontradas que su figura? La historia de la Revolución entre 1909 y 1940 recordará que ciertamente fue uno de sus personajes más singulares y controvertidos.


Juan Andreu Almazán de Josefina Moguel Flores


12 de Mayo, aniversario del natalicio de Juan Isidro Andreu Almazán. Fue bautizado en Olinalá, Guerrero, el 15 de mayo de 1891. Su padre apuntó en su libreta que Juan había nacido el 12 de mayo a las 9 de la noche. Almazán condensa en su persona las contradicciones de la Revolución Mexicana: épica y vergonzosa a la vez. En efecto, es el ejemplo más representativo del hombre cuya astucia le permitió sobrevivir a la Revolución y vivir de ella, pasando por encima de ideales y causas nobles. Sin importar sus constantes cambios políticos, sus vaivenes y coqueteos con las más dispares posiciones ideológicas —fue maderista, huertista y zapatista—, sus aspiraciones personales lo condujeron, incluso, a ser candidato a la presidencia compitiendo contra el general Manuel Ávila Camacho.


El general de división luchó treinta años como revolucionario, guerrillero, rebelde, jefe de insurrectos y general del Ejército Nacional en diversas e increíbles condiciones. Su presencia como rebelde entre 1910 y 1919, y como sostén del Estado nacional entre 1920 y 1939, denotan el malabarismo que tuvo que ejercitar para sobrevivir a los distintos «ismos» revolucionarios a los que perteneció: como perdedor y vencedor, o bien como antihéroe y etiquetado de “traidor”, pero innegablemente siempre cubierto con el uniforme militar, luchando por lo que, a su entender, era hacerlo por la Revolución.


Paradójicamente, Almazán ha trascendido por su fama de demócrata al haber sido despojado de la presidencia mediante un monumental fraude electoral. Una vez que decidió no encabezar la lucha armada en reclamo del Ejecutivo, no tuvo más remedio que vivir bajo el juicio de sus compatriotas. «No derramar sangre»: en esto se resume su actuar. Posteriormente, resentiría la pérdida de varios negocios, especialmente la del Ferrocarril del Sureste, así como la incautación gubernamental de propiedades en Acapulco y la Ciudad de México. Sin embargo, tuvo la valentía de permanecer en el país y proseguir su vida, eso sí, como él mismo se definió: “paria en su patria”.
En sus últimos años, el «almazanismo» se desvaneció como un eco de lo que pudo haber sido una transición democrática temprana. El general se convirtió en una figura espectral que cargaba con el estigma de la derrota y el peso de una riqueza que no pudo comprarle el reconocimiento histórico que tanto anhelaba. Al final, su figura queda suspendida en el claroscuro de la historia: para unos, un traidor pragmático que vendió su movimiento a cambio de paz; para otros, el hombre que evitó una nueva guerra civil.
Murió el 9 de octubre de 1965 por complicaciones postquirúrgicas; persiste, hasta hoy, el rumor de que su muerte pudo haber sido provocada.

La «venerabilísima imagen» del Señor del Perdón de Cojumatlán, una historia y una tradición.

Francisco Gabriel Montes Ayala

Desde que se tiene memoria, y después de la evangelización hacia 1530 por fray Jacobo Daciano y sus compañeros, Fray Juan de Padilla y Fray Bartolomé de Estrada, todos los investigadores y quienes hemos escrito la historia del Señor del Perdón, coincidimos en que se encontró la imagen en un camichín en 1532 y que fue fue Fray Jacobo Daciano quién lo descubre en aquel árbol frondoso.

El Señor del Perdón en su altar. Fotografia de Francisco Gabriel Montes.

Esta imagen, tuvo por muchos siglos como nombre, la advocación de «El Señor del Camichin» por el origen de la madera que fue trabajada y pulida por uno de los primeros talladores de madera del pueblo de Cojumatlán. Se cuenta también, que se veía por las noches, que el camichín se iluminaba donde estaba formado el cristo entre sus ramas.

Con el paso del tiempo, el Cristo de Cojumatlán estuvo en la capilla del hospital de indios, fue una imagen muy venerada por la comunidad indígena y durante la guerra de independencia, cuando el vicario de Cojumatlán, Marcos Castellanos se hizo el líder de la resistencia mezcalteca, los realistas quemaron el pueblo y se llevaron el Cristo del Camichín a la población de Chapala, donde José Santana y los insurgentes de Castellanos, entran y lo rescatan llevándolo a la Isla de Mezcala, donde estuvo hasta 1817 que vuelve a Cojumatlán con la entrega de las islas rebeldes.

Fue el padre don José Dolores Zepeda, originario de Cojumatlán, que en los años de la guerras federalistas, le cambia el nombre de la advocación y le pone Señor del Perdón, por «las faltas cometidas en las guerras» y siendo cura coadjutor de Sahuayo, inician las fiestas el 3 de mayo de 1839, siendo vicario José Antonio Sánchez Nieto. Ya en el siglo diecinueve se menciona en diversos documentos de licencias para celebrar y exponer el santísimo sacramento para sus fiestas, como «venerabilísima imagen del Señor del Perdón».

El Padre Eufemio Zepeda hermano de don Esteban, que estuvo también en Cojumatlán, le dio especial énfasis a la fiesta del Señor del Perdón, pero sin duda alguna que fue Heliodoro Moreno Pantoja, primer cura de Cojumatlán, por casi 45 años, que conformó la fiesta como la conocemos hoy y obtuvo el patronazgo de la parroquia como del Señor del Perdón, dejando atrás su antiguo nombre de Santa María de la Asunción. Todos los señores curas que han estado en la nómina de la parroquia cojumatlense, han seguido la tradición de las festividades del 3 de mayo.

Hoy el actual párroco Gerardo Díaz Rosas, sigue con esta tradición a menos de un año de su toma de posesión como Cura de Cojumatlán.

Próximamente estaré presentando la historia documentada de la imagen del Señor del Perdón de Cojumatlán.

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En el marco de la fiesta, el ayuntamiento de Cojumatlán, impulsa muestra de Cerería.

Francisco Gabriel Montes Ayala

Con el impulso del presidente municipal de Cojumatlán, Janitzio Mújica, por medio del director de cultura y turismo Mtro. Julio César Trujillo Rodríguez, se presentó el 26 de abril, la muestra de Cerería, un arte virreinal que viene del siglo XVIII en el antiquísimo pueblo de Santa María la Asunción Cojumatlán; artesanía que logra preservarse de generación a generación desde aquellos tiempos. Fue en el siglo XX a finales, en que fueron los últimos artesanos que quedaban detuvieron la producción, principalmente de figuras religiosas y luego tuvo una pausa en la historia volvieron a Cojumatlán a revivir esta tradición tan especial y particular de aquella población.  

En el acto el presidente municipal, subrayó el rescate de la tradición de la cerería en Cojumatlán, así mismo destacó que Luis Fernando Rodríguez obtuvo el primer lugar estatal con una figura de la Piedad, que dio a conocer a la población en los gajes culturales; así mismo aseguró la relevancia que tiene el taller que junto con Jorán Hernández, va creciendo en aquella comunidad.

En la muestra, también estuvieron artesanos de San Martin Hidalgo, Jalisco, que trajeron por medio de la casa de la cultura de aquella municipalidad, una muestra de cera escamada especial para las festividades patronales de las poblaciones.

Se dieron cita un buen número de personas que admiraron las obras artísticas de gran calidad y profesionalismo en el arte de cera de abeja. Felicidades al ayuntamiento presidido por Janitzio Mújica y también al taller de cerería Mimiahuatl (Panal de abejas trabajando la miel) de Cojumatlán.

¿Por qué el hermanamiento entre  Sahuayo y la comunidad francesa de Chapelle Basse Mer? una historia de dos épocas que va más allá de la actualidad.

Francisco Gabriel Montes Ayala

El 16 de abril, dos comunidades católicas se unieron en un hermanamiento que muestran dos tiempos, dos épocas vividas a más de 130 años de distancia; en dos países de dos continentes distantes, con una historia parecida en México con la guerra cristera,  casi igual, a la guerra durante la revolución francesa en la Vendée; son dos acontecimientos iguales divididos por el tiempo, donde los católicos de ambos países defienden su fe y su religión, ante los embates del jacobinismo.

La revolución francesa, había buscado culpables desde el inicio; lo cierto que los burgueses, iban contra los de más arriba, y contra todo lo que sirviera para justificar el movimiento, pero parecía que el pueblo necesitaba más que agitación. No se resolvía las peticiones del pueblo, seguían amotinándose por el hambre.

Pero los motines en la Francia de la revolución no acaban. Apoderarse de los bienes que habían obtenido no daba solución, con una confiscación de bienes del reino y sin poder resolverle al pueblo, los ojos de la revolución se puso en otro nuevo chivo expiatorio, la iglesia católica, que hasta ese momento no había sido tocada, y que muchos católicos habían apoyado la revolución. Fue entonces que forman un clero civilista, algunos curas se unieron, otros, que se quedaron leales a Roma, serían considerados traidores, lo mismo pasaría a la grey católica que siguió fiel al papa. Confiscados los bienes de la Iglesia, con el fin de obtener recursos con la venta de tierras de «manos muertas» o bien edificios, comenzó la cacería de católicos.

En la Vendée en marzo de 1793 inicia la rebelión contra la nación estado que impulsaba la exclusión de los ciudadanos que no pensaban igual que los revolucionarios; se dice que más de 443 mil fueron ejecutados, entre niños, mujeres, ancianos y hombres, utilizando desde ahogamiento, fusilamiento, estallamiento de cabeza, etc., para eliminar al pueblo monárquico y católico.

Después de 133 años de aquellos acontecimientos en Francia, en México se desataría la guerra cristera en 1926, la resistencia de los católicos a la persecución religiosa del gobierno callista y de los liberales jacobinos mexicanos, traería funestas consecuencias al país. Nuevamente en México, sin que la revolución tuviera más enemigos qué eliminar, la élite política imperante, desata la persecución contra la iglesia con el fin de «desfanatizar» al pueblo, es decir, descristianizar, ya que en el discurso, la iglesia, seguía opuesta a la revolución y los principios de la misma, implantados por un grupo que ya había eliminado a otros líderes revolucionarios, un movimiento político más que social era por la conquista del poder y que a ejemplo de la revolución francesa, eliminó a sus propios líderes, la revolución mexicana se comía y destruía a sus propios hijos, allí quedó Zapata, Carranza, Felipe Ángeles y otros que serían asesinados años después por el grupo en el poder y las variantes de tipos de revolución implantadas por el callismo. También Calles hizo una iglesia civilista o cismática que no tuvo eco.

Dos historias unen a Sahuayo y la región de la Vendée, la lucha por la religión católica y la fidelidad del pueblo a la institución. Los católicos durante los movimientos liberales, fueron considerados como traidores y falsos mexicanos y falsos franceses en el caso de la Francia. El hermanamiento entre estas dos poblaciones, Chapelle Basse Mer y Sahuayo, es por esa misma defensa histórica de la religión católica, ante los embates del jacobinismo.

En Ajijic y Ocotlán, dos conferencias, dos exposiciones del Vapor Libertad.

Luz Andrea Montes Vázquez

Las poblaciones ribereñas del norte del lago de Chapala, Ajijic y Ocotlán, presentaron dos muestras, una pictórica y otra museográfica de El Vapor Libertad que fuera botado en el Lago de Chapala el 4 de junio de 1868 y que hizo época por sus viajes y por casi 40  años en que navego en las aguas chapálicas, con éxitos  y desgracias.

En Ajijic la tataranieta de Duncan Cameron y dueño del vapor, organizó la muestra pictórica con cuadros que ella misma elaboró y fue presentada  en el Centro para la Cultura y las Artes de la bella población ribereña. El maestro en Historia y director de esta revista Francisco Gabriel Montes Ayala dio una conferencia magistral que en voz del conferencista afirmó «fue una conferencia donde se destaca la visión de Cameron, una visión a futuro que abrió las comunicaciones entre las poblaciones ribereñas de la banda norte y meridional, así como el impulso al turismo,la economía yelnintercambio cultural y social de la época, que como todo proceso histórico, llega hasta nuestros días».

Por su parte en Ocotlán, el museo de esa ciudad, y con el apoyo de Jesús Brambila, Vicepresidente del Museo, Josefina Castaño Grenfell también tataranieta de Cameron, presentaron la muestra museográfica con fotografías, planos y objetos del vapor y nuevamente el maestro Francisco Gabriel Montes Ayala dio una conferencia del vapor, con datos y documentos del tiempo de Cámeron entre 1868 y 1884 en que se vende el barco al Ferrocarril Central.

La muestra del museo de Ocotlán estará hasta el mes de mayo, por lo que se invita a todos a participar.

Zapata acribillado el 10 de abril, Gonzalez felicita a Guajardo.

Francisco Gabriel Montes.

La revolución mexicana fue una guerra civil que acabó con sus mismos iniciadores y líderes. Se asegura que cuando una facción declara aquella revolución como virtuosa, siempre acabará con quienes ya no están de acuerdo y serán muertos cuando ya hay diferencias entre los diversos pensamientos y diferentes modos de ver el movimiento. Una lucha por el poder desata la guerra y ya no hay ideales, más que ambición. Tal fue la bien cantada, durante muchos años, destrucción del país bajo la consigna de sacar a los pobres de la miseria. Y vaya que los sacó, dejaron los azadónes por el saqueo, la violación, el robo y la destrucción, en muchos casos convertidos en huestes de ladrones, bajo líderes inmorales y bandoleros.

Zapata es un ejemplo de los personajes que eran incómodos, y era necesario eliminarlo para consolidar al carrancismo, siempre depredador, siempre usurpador, siempre corrupto.

El 10 de abril  de 1919, Emiliano Zapata Salazar es traicionado y asesinado en el dintel de la puerta de la Hacienda de San Juan Chinameca, alrededor de las dos de la tarde.

Llegado al lugar con todos los honores, Zapata recibe a quemarropa el fuego de fusilería con los toques de la banda de guerra, que había tocado tres veces la llamada de honor, al generalisimo sureño. En los últimos momentos que le quedan de vida, intenta sacar su pistola y dar media vuelta, pero el caballo arroja su cuerpo al suelo. Siete disparos le causan la muerte casi instantánea. Mueren con él, Zeferino Ortega, Gil Muñoz, otros generales, su asistente Agustín Cortés y varios elementos de la tropa.


Los sobrevivientes de la escolta que lo acompañaba huyen despavoridos ante el intenso fuego de ametralladora de los soldados apostados en las azoteas y en los cerros. Posteriormente son perseguidos por una fuerza montada, que les causa un gran número de bajas.


Consumado el crimen, a las cuatro de la tarde de ese mismo día, el coronel carrancista Jesús Maria Guajardo traslada el cadáver a lomo de mula a la ciudad de Cuautla, donde lo entrega al general Pablo González alrededor de las nueve de la noche.


De inmediato corre la versión de que Zapata, siempre necesitado de recursos militares, había tenido conocimiento de que Guajardo había sido duramente reprendido por Pablo González debido a faltas a la disciplina militar, y que intentó ganárselo. Se dice que iniciaron un intercambio epistolar y que Pablo González, al interceptar una de esas notas, obligó a Guajardo a continuar con la trama de su supuesta defección para utilizarla como medio para capturar o asesinar al jefe suriano.


Así, Guajardo habría ofrecido a Zapata varias muestras de “adhesión” y, como prueba suprema de su amistad, le obsequió un caballo alazán llamado “As de Oros”, el mismo que Zapata montaría la tarde en que fue asesinado.

En las páginas de El Universal del 11 de abril de 1919 se cita: “Las tropas del General Pablo González han logrado un éxito en su campaña contra el guerrillero. Los soldados del Coronel Jesús Guajardo, haciendo creer al enemigo que se rebelaban contra el Gobierno , llegaron hasta el campamento de Emiliano Zapata , a quien sorprendieron derrotándolo y dándole muerte. Su cadáver fue traído hoy a esta ciudad (Cuautla)»

El carrancista general Pablo Gonzalez y Jesús Guajardo

El 12 de abril de 1919, el diario El Universal publicó la felicitación de Venustiano Carranza al general Pablo González, “Lo felicito por este importante triunfo que ha obtenido el Gobierno de la República con la caída del jefe de la revuelta en el sur, y por su conducto, al coronel Guajardo y a los demás jefes, oficiales y tropa que tomaron participación en ese combate. Los felicito por el mismo hecho de armas, y atendiendo a la solicitud de usted, he dictado acuerdo a la Secretaría de Guerra y Marina para que sean ascendidos al grado inmediato el coronel Jesús M. Guajardo y los demás jefes y oficiales que a sus órdenes operaron en este encuentro”.

Fuentes:

Portal Conoce México a través de su historia.

Historia de la Revolución de Mexicana de Jose C. Valadéz

Hemerografia:

Periódico El Universal

Sahuayo bajo fuego cristero (Parte II).

Francisco Gabriel Montes Ayala/Francisco Jesús Montes Vázquez

Así fue que el primer amago a Sahuayo, se dio el 24 de octubre de 1927[1] por lo que se alertaron las defensas sociales, mientras por todo el estado se encendía la guerra cristera y en su totalidad los municipios estaban amagados por fuerzas rebeldes.

El primer ataque formal se da el 14 de noviembre, cuando atacan el retén del Santuario, un parapeto que habían construido con costalera de tierra en la zona poniente del templo e incluso, en las alturas del edificio se tenían vigías y algunos tiradores; el 18 de noviembre  informa Ismael Silva al secretario de guerra el general Joaquín Amaro,  lo siguiente: “comunicando a usted, que rebeldes tirotearon retenes en esta y fueron perseguidos por miembros de defensas, llegando hasta San José de Gracia”[2] Aunque escueto, es la primera vez que se ataca a Sahuayo, sin que den más detalles que la noticia.

A los pocos días, un grupo de cristeros con Jesús Degollado a la cabeza incursiona por el sur de Jalisco y ataca San José de Gracia, fusilando  a dos vecinos  que “traían salvoconducto de la presidencia”[3]. La misión de Degollado era investigar a Sánchez Ramírez, por algunas situaciones de desconfianza, que se disiparon posteriormente.

Todo ese mes y los primeros días de diciembre las fuerzas cristeras amagaban Sahuayo y se tiroteaban en puntos cercanos, entraban los cristeros a La Palma, a San Pedro Caro, a la Yerbabuena, a la Tuna Manza, al Ojo de Agua y otras pequeñas poblaciones del municipio, que mantenían a la defensa agrarista en constante movimiento, así como a los refuerzos federales que los acompañaban en las expediciones en busca de grupos cristeros.

 El 12 de diciembre informa el presidente de un ataque más formal y dice el general Juan Domínguez, que “los mayores Martínez y Nava que andaban en expedición, se tirotearon con el enemigo en el Santuario, quienes a los primeros tiros huyeron, dejaron dos muertos y nosotros un herido, un soldado del 50º Regimiento”[4] el número de cristeros no se menciona, pero los amagos y los tiroteos se hacían a cada rato, la defensa ya estaba siempre alerta de lo que pudiera pasar y por lo menos no los dejaban ni dormir.

En enero de 1928, las fuerzas cristeras del General Ignacio Sánchez Ramírez, comienzan un asedio a la población de Sahuayo más persistente. Era necesario amagar a Sahuayo y distraer las fuerzas establecidas en Jiquilpan, para atacar otros puntos con las guerrillas.  El primer ataque fue a Guarachita, por fuerzas de Pancho Meza, donde dice que: “ entraron a este lugar los rebeldes al mando de Francisco Meza Gálvez, en número aproximado de 200, robándose los fondos de las oficinas de correos y del timbre, caballos y armas; desarmando a la policía y rompiendo estante que contenía el archivo del ayuntamiento y retirándose dos o tres horas después”[5]. Así de fácil estuvo la entrada al actual Villamar, allí no había defensa, y los cuatro o cinco policías no eran suficientes para detenerlos.  

El 4 de enero el presidente informaba que el día anterior, es decir el día que entró Pancho Meza a Guarachita,  había sido atacado Sahuayo por una partida de rebeldes “que merodean en las cercanías de este lugar, dispersándolos con las Defensas Civiles ( de San Pedro Caro, Cojumatlán y Sahuayo) parte de las cuales siguió en persecución de aquellos” el ataque llegó por la zona alta de la población, en un ataque frontal que hizo que los cristeros entraran por el lado poniente, muy cerca del Santuario de Guadalupe, sorprendiéndolos. Dos cristeros cayeron muertos, y que no identificaron, colgándolos en la plaza, “exponiéndolos ambos cadáveres en el mismo sitio” decía Silva.

Lo que podemos interpretar es que Sahuayo para ese momento, el presidente municipal Ismael Silva se sentía débil, por lo que el plan cristero estaba en marcha, las defensas de Cojumatlán y San Pedro Caro estaban en Sahuayo reforzando a la cabecera municipal, por lo que se desguarnecían aquellas poblaciones. Las fuerzas volantes del ejército federal solo se movilizaban de un pueblo a otro, los cristeros y sus espías sabían de los movimientos de los enemigos y trataban de impedir un ataque frontal, principalmente por la falta de parque; sin embargo, los cristeros comenzaron su actividad en otras poblaciones con ataque guerrilleros de “pega y corre”, como lo refieren las operaciones militares de la secretaría de guerra. Una de las noticias que impactó al gobierno de Francisco García, quien en los primeros días de enero había entrado como edil de Sahuayo,  fue la muerte de Eufemio Ochoa, quien era el jefe de la Defensa de Sahuayo, el mismo presidente municipal informaba que “Fuerzas salieron ayer en busca de rebeldes, lograron tener contacto con fanáticos posesionados de Cojumatlán, en número de doscientos aproximadamente a las once horas se cambiaron los primeros tiros combatiendo por tres horas, después de las cuales logró quitarles el pueblo; no obstante haber sido en número cinco veces mayor; haciéndoles al enemigo unas quince bajas aproximadamente; pues no se levantó el campo debido al temor de un contraataque.  Por nuestra parte lamentamos sentidamente la muerte del Jefe de la Defensa, C. Eufemio Ochoa, viejo luchar y revolucionario, así como un soldado del 73º regimiento, heridos el segundo jefe de la defensa y el asistente del C. Diputado ( refiriéndose a Picazo).  

En la acción la defensa consumió dos mil cartuchos”[6] La muerte de la Chiscuaza fue un duro golpe para la defensa, a tanto que el enojo se siente en el telegrama que envía García informando los hechos cuando dice de Cojumatlán: “Pueblo sustraído a la acción del gobierno desde un principio, se ha portado bastante mal, siendo constantemente madriguera de estos cristeros, se requiere un merecido castigo ejemplar”[7].

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[1] Idem., documento 9839

[2] Idem. Exp. 1927 XI, documento 0004 fechado del 18 de noviembre de 1927

[3] Idem. Documento fechado del 20 de noviembre de 1927, documento 0016

[4] Idem. Documento del 12 de diciembre de 1927, Exp. 1927 XII- documento 0028

[5] Idem. Doumento fechado del 5 de enero de 1928 Exp. 1920 I documento 0049

[6] Exp. 1928 I- ofico fechado del 9 de enero de 1928 enviado al general Secretario de Guerra y Marina. Documento 0180.

[7] Idem.