De Tlajomulco de Santo Santiago a Tlajomulco de Zúñiga

Lic. Helena Judith López Alcaraz

La historia del revolucionario que borró al Patrón Santiago del nombre de su pueblo natal

José Eugenio Zúñiga Gálvez.

Santo Santiago, el protomártir del Colegio Apostólico, fue parte fundamental de la conquista hispana, no únicamente en el ámbito militar, sino también, y de forma especial, en el espiritual. La devoción al gran protector de las Españas, implantada por los franciscanos, fue fructífera incluso hasta en la toponimia de innumerables lugares, algunos de los cuales perduran hasta nuestros días. Algunos ejemplos de ello son Santiago Zapotitlán (delegación Tláhuac, en la capital del país), Santiago de Anaya (Hidalgo), Santiago Tangamandapio (Michoacán), Santiago Tlatelolco (Ciudad de México), Santiago del Monte (Estado de México) e inclusive la capital de una entidad de la República: Santiago de Querétaro. En total, de acuerdo con datos aportados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en 2006, 526 localidades llevan su nombre. Esta cifra se eleva a 756 si adicionamos las poblaciones que, aunque no llevan su nombre, no han dejado de considerarlo su patrono titular. Es decir, cada 25 de julio, más de setecientos poblados mexicanos están de fiesta, celebrando al apóstol.

Hay otras ciudades o pueblos, en contraste, en las que, si bien el Apóstol de la Hispanidad continúa siendo el protagonista de las festividades anuales, han perdido para siempre el nombre de su querido y venerado patrono, que otrora llevaron. Es el caso de Santiago del Saltillo, Santiago de Tonalá y, por supuesto, Santiago Sahuayo –o Tzaguaio–, hoy Saltillo (Coahuila), Tonalá (Jalisco) y Sahuayo de Morelos (Michoacán), respectivamente. Este último, de hecho, tuvo unido a su nombre el apellido del general Porfirio Díaz, desde 1891 hasta 1967.

Con todo, y ya que mencionamos Sahuayo, hubo un revolucionario que, por su participación en la asonada que arrojó del poder al presidente oaxaqueño octagenario, dio también su apellido a otra población. Aunque ésta no pertenece a la Ciénega de Chapala, el susodicho personaje dejó huella en la entonces Villa que hoy es considerada su capital y en su localidad vecina, Jiquilpan de Juárez.

Nos referimos a Eugenio Zúñiga Gálvez, nacido en Tlajomulco de Santo Santiago, Jalisco, el 8 de enero de 1884, en la finca que hoy ocupa la casa con el número 16 de la calle Juárez. Fue hijo de Ángel Zúñiga y Vicenta Gálvez y el segundo de los tres hijos que engendró este matrimonio. Sus abuelos paternos fueron Eugenio Zúñiga y Florencia Noyola; los maternos, Norberto Gálvez y Mucia –Mauricia en una de las actas de bautismo de su hijo Enrique– Rivas. Fue bautizado en la parroquia de San Antonio de Padua, de su villa natal, el 19 de enero de 1884. El Sacramento le fue administrado por el P. Camilo Castellanos, vicario, y le fueron impuestos los nombres de José Eugenio.

Fe de Bautismo de Eugenio Zúñiga.
Acta de nacimiento de Eugenio Zúñiga. Resaltado por la autora.

Para el momento en que Francisco I. Madero comenzó a difundir sus ideas antirreeleccionistas, Zúñiga laboraba como receptor de rentas en su pueblo natal. Allí, siempre luchó contra el caciquismo y contra aquellos que subyugaban y explotaban a las clases humildes. Asimismo, salvaguardaba y aconsejaba a los campesinos.

Eventualmente, Zúñiga renunció a su puesto en la receptoría de rentas y partió hacia Unión de San Antonio, donde se casó con María Trinidad Correa. Allí vivió hasta que partió hacia el estado de Morelos. Allí se sumó al Partido Antirreeleccionista, cuyos principales líderes eran los hermanos Figueroa Mata, oriundos de Huitzuco, Guerrero: Ambrosio, José Rómulo y Francisco. El primero de ellos le dispensó gran amistad y simpatía. Luego combatió bajo sus órdenes. Incluso, gracias a su sorprendente actuación en el campo de batalla, ganó el rango de Coronel.

Posteriormente, a la muerte de Madero, Zúñiga solicitó y obtuvo licencia para separarse de los hermanos Figueroa y volver a Jalisco, su estado natal, para pelear bajo los postulados del Plan de Guadalupe, abanderando la causa de Venustiano Carranza. Así, el 1 de marzo de 1913, junto con su paisano Julián del Real y con Julián Medina, originario de Hostotipaquillo, Jalisco, entró de lleno en la Revolución.

El 8 de mayo de 1913, Zúñiga reunió a un grupo de coterráneos en la plaza de Tlajomulco de Santo Santiago y los exhortó a unirse a la lucha constitucionalista. Sus hermanos Nicolás y Enrique partieron con él. Ya en el meollo de la contienda, las principales actividades de Eugenio fueron nombrar un ayuntamiento y organizar un Estado Mayor, cuyo jefe fue el coronel Zepeda. Numerosos campesinos se unieron a la hueste a lo largo de las incursiones que realizó por Acatlán de Juárez, Zacoalco y otras poblaciones y rancherías. A la par, a semejanza de otros cabecillas, exigía aportaciones monetarias a las personas pudientes, lo que le granjeó gran aversión por parte de éstos. Por aquellos tiempos alcanzó el rango de general.

Entonces Sahuayo, a la sazón de Díaz, entró en escena. El 22 de junio de 1913, Zúñiga irrumpió en Jiquilpan con setecientos hombres. José María Morales Ibarra, otro revolucionario, estuvo a poco de ser convencido por los munícipes sahuayenses de atacar a Zúñiga (González y González, 1998, p. 125), pero la intervención del entonces capitán Lázaro Cárdenas del Río, jiquilpense y seguidor de Zúñiga, evitó la confrontación.

El 23 del mismo mes, Zúñiga entró a Sahuayo. A semejanza de otros dirigentes que se distinguían por su animadversión contra el clero católico, ordenó el arresto de los sacerdotes e hizo que los condujeran ante él. En total fueron aprehendidos once presbíteros, cuyos nombres proporcionan tanto Luis González como José Prado: Pascual Orozco, el señor cura de la Parroquia de Santo Santiago; Enrique Sánchez Navarro, Trinidad Barragán, Melesio Espinosa, Luis Gálvez, Alberto Navarro, José Gutiérrez, los hermanos Enrique y Luis Amezcua, y Federico e Ignacio Sánchez –este último hermano de Macario Sánchez Sánchez, que hacía poco había visto nacer a su sexto hijo, José, el 28 de marzo pasado–. El grupo eclesiástico fue complementado con un joven seglar, José María Gálvez.

Los doce presos, fuertemente atados, fueron llevados a Jiquilpan. Zúñiga demandó cuarenta mil pesos a cambio de su libertad. A fin de persuadir al pueblo sahuayense, el tlajomulquense hizo fusilar a José María Gálvez frente a los once sacerdotes. Uno de ellos estuvo a punto de ser pasado también por las armas. El dinero fue reunido y entregado, y los presbíteros salvados. Doña Felícitas del Río, madre de Lázaro Cárdenas, le recomendó a este último que no procediera igual que su jefe. Los clérigos quedaron libres el 27 de junio, apenas unas horas antes de que Zúñiga partiera rumbo a Guadalajara, por el rumbo de la Ciénega (González y González, 1998, p. 129), hacia Tizapán.

Zúñiga tuvo un lugar destacado en la batalla de Orendain, el 6 de julio de 1914, ya que impidió que el ejército federal de Victoriano Huerta huyera hacia Colima y Manzanillo. Además, interrumpió las comunicaciones con la ciudad de México y se unió al general Lucio Blanco para cortar la retirada del general José María Mier. El 8 de julio de 1914, cuando las tropas constitucionalistas de Álvaro Obregón ocuparon Guadalajara, Zúñiga peleó en la Hacienda del Castillo, en El Salto, donde fue hallado el cuerpo sin vida de Mier.

Tras estos triunfos, Zúñiga y su destacamento se encuartelaron en Santa Cruz del Valle, desde el 9 al 27 de julio, cuando se marcharon junto a la columna de Lucio Blanco rumbo a la Ciudad de México, con la triunfante milicia obregonista.

La muerte del general Zúñiga tampoco ha sido aclarada completamente. La historia más célebre al respecto, de acuerdo con el libro Tlajomulco: Voces, visiones y perspectivas (2023), es la que sigue. De regreso a Jalisco, el gobernador y comandante militar Manuel Macario Diéguez empezó a ver con desconfianza la notoriedad –cada vez mayor– de Zúñiga, y a temer que fuera propuesto para el cargo de gobernador del estado. En adición, sospechaba de los constantes viajes que Zúñiga realizaba a Guadalajara desde Tlajomulco para visitar a su familia.

En consecuencia, tal como procedían los caudillos en la época, Diéguez determinó cortar por lo sano. Lo mandó apresar junto a su hermano el coronel Nicolás Zúñiga, y fueron confinados en la Penitenciaría de Escobedo bajo la excusa de haberse pasado al bando villista. Trasladados al cuartel Guerrero, situado en el ex Convento del Carmen, fueron fusilados la madrugada del 11 de diciembre de 1914. El libro Tlajomulco: Voces, visiones y perspectivas habla del día 12 del mismo mes, pero de 1915, pero la partida del Registro Civil proporciona los datos que expusimos.

Luis González y González, aunque no especifica la fecha, señala que Zúñiga murió “deshecho a bayonetazos por la escolta del general Diéguez” (1998, p. 129), lo cual está en consonancia con lo descrito en el libro Historia de la Revolución Mexicana, 1934-1940: los artífices del cardenismo: volumen 14 (p. 209), del mismo autor, y en el primer tomo de Lázaro Cárdenas, Modelo y Legado:

«el general Zúñiga, revolucionario radical, amigo del constitucionalismo –al cual Cárdenas no parece haber podido ver en Jiquilpan– fue sacrificado en unión de su hermano el coronel Nicolás Zúñiga, en el cuartel de El Carmen de Guadalajara, por órdenes del general Manuel M. Diéguez, jefe de la Zona de Jalisco. En esos días se dijo que el general Zúñiga, jalisciense, obtendría del Primer Jefe, señor Carranza, órdenes para relevar a Diéguez. Zúñiga y Diéguez tuvieron un altercado y se dice que Zúñiga dio un puñetazo en la cara a Diéguez y que por esto, pretextando que Zúñiga pretendía rebelarse contra Carranza, los mandó ejecutar; ejecución que se verificó a puñaladas de marrazo en el interior del cuartel de El Carmen. Zúñiga ―añade Cárdenas― fue amigo del constitucionalismo y no partidario de Villa. Las pasiones políticas de aquellos días lo llevaron al sacrificio».

La versión del H. Ayuntamiento de Tlajomulco, en un documento en que se presenta la iniciativa de erigir una estatua ecuestre del general, dice que fue decapitado el 1 de enero de 1915.

Leamos el documento, que hemos transcrito, que da fe de su deceso. Cabe mencionar que, además de un acta de defunción, es el permiso de Manuel M. Diéguez, ratificado frente a don Ángel Zúñiga, para que su hijo fuera sepultado en el cementerio de Mezquitán –que era, por entonces, el que estaba en funciones en Guadalajara–:

«Al margen izquierdo, centrado: 5398 / Cinco mil trescientos / noventa y ocho / Eugenio Zúñiga / 1172 / 31a edo. Herida / 2

Dentro: En Guadalajara, a 31 treinta y uno de di- ciembre de 1914 mil novecientos catorce, a las 4 ¾ cuatro y / tres cuartos de la tarde, el Juez que suscribe, recibió una co- / municación que en lo conducente dice: “El C. Gobernador / y Comandante Militar del Estado, tuvo a bien conceder / al C. Teniente Coronel Enrique Zúñiga, permiso para exhu- / mar del cuartel “Guerrero” los cadaveres de los señores Gene- / ral Eugenio Zuñiga……. y reinhumarlo en el Cementerio / Municipal de esta Capital.=Presente el señor Angel / Zúñiga, casado, agricultor, originario y vecino de Tlajomul- / [página siguiente] co, y accidentalmente en esta ciudad, y dijo: que el General / antes referido, era casado con María Trinidad Correa, de 31 / años, del mismo origen del declarante, su hijo / y de Vicenta Galvez y se reinhumará en el Cementerio Mu- / nicipal, según orden arriba suscrita y que se archiva bajo el nú- / mero de esta acta; cuyo fallecimiento acaeció el 11 once del / actual a las 12 ½ doce y media de la madrugada. […

El acta siguiente corresponde a la muerte de Nicolás, hermano de Eugenio.

Fragmento del acta de defunción de Eugenio Zúñiga. El Comandante Militar del Estado no es otro que Manuel M. Diéguez.

Menos de cuarenta años después, los paisanos de Zúñiga decidieron rememorarlo con un cambio toponímico. Así, por el decreto 4561, fechado el 27 de julio de 1939, Tlajomulco de Santo Santiago dejó de llamarse así para ser, hasta la actualidad, “Tlajomulco de Zúñiga”, en su honor. Actualmente sus restos yacen en el antiguo panteón de la cabecera municipal.

Copia de la iniciativa para colocar una estatua ecuestre de Zúñiga en su natal Tlajomulco.

Fuentes consultadas:

Campos Moreno, A. (2006). Algunas historias que en México se cuentan sobre el apóstol Santiago. Revista de Literaturas Populares. 6(1). http://www.rlp.culturaspopulares.org/textos/11/01-Campos.pdf

González y González, L. (1998). Sahuayo. México: El Colegio de México.

González y González, L. (1979). Historia de la Revolución Mexicana, 1934-1940: los artífices del cardenismo: volumen 14. México: El Colegio de México.

H. Ayuntamiento de Tlajomulco de Zúñiga (19 de octubre de 2017). Sin título. https://tlajomulco.gob.mx/sites/default/files/transparencia/iniciativasydictamenes2015-2018/IV.B)-19-DE-OCTUBRE-DEL-2017.pdf

Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (2020). Lázaro Cárdenas: Modelo y Legado. México: Secretaría de Cultura. Instituto Nacional de Estudios Históricos. https://inehrm.gob.mx/recursos/Libros/Lazaro_CardenasMLT1.pdf

Padilla Pérez, Jimeno Uribe, Orozco Gallardo & et. al. (2023). Tlajomulco: Voces, visiones y perspectivas. Editores: Enrique Gómez Lomelí, Catherine Fernández Hernández, Cindy Viridiana Oyarzabal Orozco. https://tlajomulco.gob.mx/TlajoVocesVisiones/assets/libro_2023_v2.pdf

Estatua del general Zúñiga en Tlajomulco. Fotografía tomada en 2016; créditos a su respectivo autor.

El antiguo palacio legislativo de México, lo que iba a ser y no fue.


En 1897 el gobierno de Porfirio Díaz lanzó una convocatoria para el proyecto de un palacio legislativo de grandes dimensiones, que albergaría además de las cámaras de senadores y diputados, dependencias de gobierno y oficinas.

Así quedaría el palacio legislativo de México.

El fallo fue dado al arquitecto italiano Paolo Quaglia, quien murió antes de poder iniciar el proyecto. Entonces el proyecto se comisionó al arquitecto Émile Bénard; la realización del proyecto que de haberse construido hubiera tenido mayores dimensiones que el Capitolio de Washington D. C. El sitio elegido para la edificación fueron unos terrenos pantanosos cerca de la colonia Tabacalera y del Paseo de la Reforma.

La primera piedra del monumento fue puesta por Porfirio Díaz el 23 de septiembre de 1910 como parte de los festejos del Centenario de la Independencia de México. Debido a los retos que suponía la cimentación del edificio en un terreno inestable, se utilizó una solución innovadora entonces, mediante una estructura metálica hecha por Miliken Bros., en Estados Unidos. La construcción se detuvo abruptamente ante el inicio de la insurrección armada de la Revolución mexicana.

El gobierno de Francisco I. Madero una vez en el poder intentó reanudar las obras pero su fallecimiento interrumpió la construcción, quedando en lo sucesivo solo la estructura de acero central del futuro palacio, que hubiera sido el Salón de los Pasos Perdidos.

Dicha estructura quedaría abandonada y en permanente desgaste. Émile Bénard volvería a México para intentar dar vida a su proyecto en 1922 llamándole Panteón a los Héroes. El presidente electo Álvaro Obregón aceptó su proyecto, pero fue asesinado en 1928 y Bénard murió en 1929. Actualmente es el Monumento a la Revolución Mexicana.


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La Capilla de La Palma, vestigios de la hacienda. Data de 1795

Francisco Gabriel Montes

La Capilla de templo del Sagrado Corazón de La Palma es la única parte que queda de la antigua hacienda de La Palma. Era dedicada a San José y la construyó el padre don Marcos Castellanos Mendoza, cura interino de la Parroquia de Santiago Apóstol de Sahuayo.

Por aquellos años que fue cura interino, no solo hizo la capilla de La Palma, sino que también hizo las capillas de Cojumatlán y de Guarachita. La Capilla es sobria, simple y sufrió modificaciones a lo largo del siglo XIX, en tiempos del señor cura Antonio Escoto, también por parte del señor Cura Macario Saavedra que en 1886 dice en carta al obispo, que remodelaron el altar que era de piedra.

La remodelación mas profunda, la hizo el padre Jesús Rojas en 1922 que dejó el altar nuevo, tal como hoy lo vemos y se ha conservado a lo largo de más de 102 años. Las remodelaciones han sido constantes, de hecho el actual párroco J. Refugio Maravilla también realizó arreglos, así como el Padre José Luis Villaseñor.

La Capilla es esa parte maravillosa, que se conserva de la Nueva España, del esplendor de aquellos pequeños templos de las haciendas, que en su mayoría fueron derrumbados u olvidados. La Palma de Jesús conserva esta vieja construcción anexa al actual templo, porque así lo decidió el párroco que en 1945, construyera el templo actual, el padre Enrique Sánchez Navarro.

El Cristo que no regresaron a a San Pedro Tesistán.

Señor del Huaje, Jocotepec, Jalisco

Mtro. Manuel Flores Jimenez *cronista de Jocotepec

La tradición sostiene que las imágenes del Señor de Huaje, la del Señor del Monte y la del Cristo Peregrino, fueron esculpidas de un árbol de huaje localizado en un sitio conocido como El Salitre, cerca de San Pedro Tesistán. Este dato está consignado por el Canónigo Luis Enrique Orozco, mismo que redactó la reseña histórica referente a la parroquia de Jocotepec, en la que afirma lo anterior.


En un documento del siglo XVIII, localizado en el Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Guadalajara, titulado “Autos pertenecientes al Santo Cristo de la Expiración del Pueblo de Jocotepeque, año de 1721”, se habla del culto a una imagen que es la misma que la del Señor del Huaje.


En el citado manuscrito se hace referencia a una serie de incidencias que se dieron en torno a los trabajos imprecisos al esculpir la imagen; otro problema fue el posesionarse de la imagen por parte del natural Lucas Mateo y su esposa Andrea Petrona, así como a las ciertas suspicacias relacionadas con la promoción del Santo Cristo, por los anteriores, causa por la que vino fray Miguel de Aznar a investigar con detalle el caso.


El Señor del Huaje es una imagen majestuosa que inspira respeto y recogimiento debido a sus dimensiones y a la expresión de su rostro. La gente mayor de San Pedro Tesistán afirma que fueron despojados del Cristo en cuya iglesia estaba el Señor del Huaje, pero a ciencia cierta se desconoce con precisión el nombre del cura de Jocotepec que lo hizo y la fecha; cuando fue llevada la imagen fue colocada en la actual capilla lateral dedicada a la Virgen de Guadalupe, por lo que se supone que fue quizá mucho antes de que estuviera el señor cura Miguel M. Arana como párroco.


Al llegar el anterior sacerdote a Jocotepec (1866), emprendió una serie de obras materiales para que el templo parroquial luciera con mejor decoro. Para tal efecto tuvo que cambiar la imagen del santo patrono, el Señor del Monte, de manera temporal a la antigua capilla de la Purísima Concepción, mientras duraban las labores de construcción.


La tradición oral de los sanpedrenses señalan que el cura de Jocotepec, que como ya se dijo se desconoce quién fue, se trajo la imagen de San Pedro Tesistán a la cabecera de manera temporal, pero que jamás la regresaron ante la insistencia y molestia de sus feligreses. Muchos aspectos de ese incidente no están debidamente aclarados porque no quedó evidencia escrita que aporte información al respecto.


La imagen a la que primero se le nombró como el Santo Cristo de la Expiración y que en tiempos del párroco José Sánchez Contreras, se intentó llamarlo como el Señor del Dulce Nombre, se quedó finalmente con el título del Señor del Huaje, por la preferencia de una considerable cantidad de feligreses del barrio de Nextipac y de los habitantes de Jocotepec, sintiéndose más identificados con ese nombre.


Su festividad fue creciendo al paso de los años de menos a más. Algunas personas especulan que su primera solemnidad se dio en 1942, con los escasos recursos que se agenciaban para realizarla después de que se terminaban las fiestas patronales. Luego, el Pbro. Emeterio Romo, enfrentó el descontento popular y de los cargueros al persuadirlos que se cambiara de enero a la primera semana del mes de mayo, con el fin de no desgastar la economía de la población, ya que se juntaban las dos fiestas consecutivamente.
Actualmente, esta fiesta religiosa lleva ya más de ochenta años de celebrarse, con una guardia de hombres y mujeres que custodian la imagen del Señor del Huaje, en su recorrido por las calles de la población, pese al enorme esfuerzo y dificultad de sacar y devolver a su recinto al majestuoso Cristo.

Fuente: Cultura Jocotepec

Una ordenanza en materia laboral en el nuevo Mundo: Ordenanza dada por Hernán Cortés para el buen tratamiento y régimen de los indios. 1525

Lic. Elihu Hernández.

La historia del derecho laboral ha considerado brevemente los estudios de las normas jurídicas emanadas durante la época colonial e inclusive el México prehispánico, posiblemente por la leyenda negra que ha permeado el discurso nacionalista o simplemente la carestía de estudios especializados, no obstante existir autores como Silvio Zavala quien destino gran parte de su investigación a la estructuras y normas jurídicas de la Colonia. Así pues, este breve texto presenta al público fragmentos de una ordenanza emitida en 1525 por Hernán Cortés, destacando la influencia de las leyes de Burgos de 1512 (Serie de ordenamientos que buscaban la prohibición de esclavizar a los habitantes originarios del Nuevo Mundo y dedicar esfuerzos a evangelizar) y la intención “política” de proteger al indígena.

Protección de los trabajadores indígenas menores de 12 años: “ que nenguno de los que tobieren los dichos indios puedan sacar ni saquen de los pueblos dellos para sus labranzas ni para cosas algunas, ninguna mujer ni mochacho de doce años para abaxo, son pena que si lo sacare, pierda los dichos indios e le sean quitados; e defiendo a todos mis lugar- tinientes que no puedan dar licencia para sacar las dixas muxeres ni mochachos, so pena de doscientos pesos de oro por cada vez que me dieren la dicha licencia o vinieren a su noticia que se sacaren sin ella, e no executare la pena contenida en este capitulo; los quales dichos doscientos pesos de oro, aplico según es dicho en el capitulo antes deste”

Salario mínimo obligatorio a los indígenas: “Item: que todo el tiempo que los dichos indios estobiesen sirviendo el señor que de ellos se sirve e les dé a cada uno en cada día una libra de pan casabe e axi, e sal, e libra e media de axe o de yncaboniata, e ansi mesmo con su sal e axi; e porque al presente los españoles no puede dar los dichos bastimentos, e los dichos indios los tienen en sus casas e los pueden traer para su mantenimiento, sin que se les haga agravio, a lo menos agora al presente, porque tienen muchas labranzas, permito e mando questo no se entienda hasta de aquí a un año primero siguiente que comienze a correr desde el día del primero de Enero de quinientos veinte e seis años, e que pasado este tiempo, los mantenga como dicho es, so pena que por cada vez que se le probase que no le diesen la dicha rrazión, paguen medio marco de oro aplicado como dicho es e si fuere penado tres veces, mando que pierda dichos indios”

Tiempo de descanso y duración de la jornada para los indígenas: “Item: Que el tiempo que los dichos indios estobiesen sirviendo, el español a quien sirviesen, no lo saque a la labranza fuera que sea salido el sol, que los tenga en ella más tiempo de fasta una hora antes que se ponga, e que al medio dia los dexe reposar e comer una hora, so pena que por cada vez que no lo compliese ansí como en este capítulo se contiene, pague medio marco de oro aplicado como dicho es: e sí tres, veces se lo probase haberlo fecho, pierda los dichos indios”

¿Qué destacamos de estos fragmentos? La importancia del concepto de sujeto indígena que los españoles forjaron, distinguiendo desde temprana dominación la diferencia y proteccionismo necesaria del “otro”, por otra parte, desde un punto de vista jurídico existe una sanción a quien vulnerará las ordenanzas dictadas por la autoridad política de aquél momento representada en Hernán Cortés y sus huestes, no obstante la práctica política hiciera inaplicable dichas normas, debe reconocerse como un intento de establecer un marco jurídico que salvaguarda la integridad física del sujeto “indígena”, relegando muchos mitos que han cerrado completamente la investigación de estos temas, por considerar que el encuentro de 1519 entre españoles y mexicanos fue completamente una eliminación de un pueblo por otro, al contrario, es un proceso de asimilación cultural vivo hasta nuestros tiempos y que al menos en las normas del derecho laboral se han perpetuado.

Fuentes consultadas: Cortés Hernán, “Cartas y documentos”, 2da edición, Introducción de Mario Hernández Sánchez-Barba, México, Editorial Porrúa, 2004, (Colección Biblioteca de Historia), 614 p.p.

“Una ordenanza en materia laboral en el Nuevo Mundo: Ordenanza dada por Hernán Cortés para el buen tratamiento y régimen de los indios. Aproximadamente: 1525.” Lic. Elihu Hernández.

La historia del derecho laboral ha considerado brevemente los estudios de las normas jurídicas emanadas durante la época colonial e inclusive el México prehispánico, posiblemente por la leyenda negra que ha permeado el discurso nacionalista o simplemente la carestía de estudios especializados, no obstante existir autores como Silvio Zavala quien destino gran parte de su investigación a la estructuras y normas jurídicas de la Colonia. Así pues, este breve texto presenta al público fragmentos de una ordenanza emitida en 1525 por Hernán Cortés, destacando la influencia de las leyes de Burgos de 1512 (Serie de ordenamientos que buscaban la prohibición de esclavizar a los habitantes originarios del Nuevo Mundo y dedicar esfuerzos a evangelizar) y la intención “política” de proteger al indígena.

Protección de los trabajadores indígenas menores de 12 años: “ que nenguno de los que tobieren los dichos indios puedan sacar ni saquen de los pueblos dellos para sus labranzas ni para cosas algunas, ninguna mujer ni mochacho de doce años para abaxo, son pena que si lo sacare, pierda los dichos indios e le sean quitados; e defiendo a todos mis lugar- tinientes que no puedan dar licencia para sacar las dixas muxeres ni mochachos, so pena de doscientos pesos de oro por cada vez que me dieren la dicha licencia o vinieren a su noticia que se sacaren sin ella, e no executare la pena contenida en este capitulo; los quales dichos doscientos pesos de oro, aplico según es dicho en el capitulo antes deste”

Salario mínimo obligatorio a los indígenas: “Item: que todo el tiempo que los dichos indios estobiesen sirviendo el señor que de ellos se sirve e les dé a cada uno en cada día una libra de pan casabe e axi, e sal, e libra e media de axe o de yncaboniata, e ansi mesmo con su sal e axi; e porque al presente los españoles no puede dar los dichos bastimentos, e los dichos indios los tienen en sus casas e los pueden traer para su mantenimiento, sin que se les haga agravio, a lo menos agora al presente, porque tienen muchas labranzas, permito e mando questo no se entienda hasta de aquí a un año primero siguiente que comienze a correr desde el día del primero de Enero de quinientos veinte e seis años, e que pasado este tiempo, los mantenga como dicho es, so pena que por cada vez que se le probase que no le diesen la dicha rrazión, paguen medio marco de oro aplicado como dicho es e si fuere penado tres veces, mando que pierda dichos indios”

Tiempo de descanso y duración de la jornada para los indígenas: “Item: Que el tiempo que los dichos indios estobiesen sirviendo, el español a quien sirviesen, no lo saque a la labranza fuera que sea salido el sol, que los tenga en ella más tiempo de fasta una hora antes que se ponga, e que al medio dia los dexe reposar e comer una hora, so pena que por cada vez que no lo compliese ansí como en este capítulo se contiene, pague medio marco de oro aplicado como dicho es: e sí tres, veces se lo probase haberlo fecho, pierda los dichos indios”

¿Qué destacamos de estos fragmentos? La importancia del concepto de sujeto indígena que los españoles forjaron, distinguiendo desde temprana dominación la diferencia y proteccionismo necesaria del “otro”, por otra parte, desde un punto de vista jurídico existe una sanción a quien vulnerará las ordenanzas dictadas por la autoridad política de aquél momento representada en Hernán Cortés y sus huestes, no obstante la práctica política hiciera inaplicable dichas normas, debe reconocerse como un intento de establecer un marco jurídico que salvaguarda la integridad física del sujeto “indígena”, relegando muchos mitos que han cerrado completamente la investigación de estos temas, por considerar que el encuentro de 1519 entre españoles y mexicanos fue completamente una eliminación de un pueblo por otro, al contrario, es un proceso de asimilación cultural vivo hasta nuestros tiempos y que al menos en las normas del derecho laboral se han perpetuado.

Fuentes consultadas: Cortés Hernán, “Cartas y documentos”, 2da edición, Introducción de Mario Hernández Sánchez-Barba, México, Editorial Porrúa, 2004, (Colección Biblioteca de Historia), 614 p.p.

Fuente: Enciclopedia de Historiografía de la Nueva España (Página de facebook)

Antiguo plano de Tenochtitlan, atribuido a Cortés. Nuremberg. 1524

Autor: Virreinato de la Nueva España: Arquitectura.

Es el mapa más antiguo de la ciudad de México conocido como «El mapa de Nuremberg». Consta de dos cuerpos principales: una pequeña representación del Golfo de México y la ciudad de Tenochtitlan, que aparece con el nombre de Temixtitan.

Publicada en 1524, la Segunda Carta de Relación de Hernán Cortés fue impresa junto con un mapa de Tenochtitlan que pronto conquistó el imaginario europeo al mostrar, por primera vez, una representación de la capital del imperio tenochca y su cuenca, gobernada por la triple alianza de Texcoco, Tlacopan y México, encabezada por el Huey Tlatoani, Moctezuma Xocoyotzin.

Actualmente, ese tesoro, impreso en Nuremberg, Alemania, se encuentra resguardado en The Newberry Library, en Chicago, instancia que entregó a la Universidad Nacional Autónoma de México un facsímil de éste, el mapa más antiguo de Ciudad de México, como parte de la relación entre ambas instituciones.

Mostrada como una urbe medieval en medio de un lago, esa primera representación de la gran Tenochtitlan correspondía con el esplendor, maravilla y exotismo descritos por el conquistador en su Segunda Carta, redactada en junio de 1520.

En torno al centro ceremonial tenochca descrito como “templo donde sacrifican”, la imaginación conquistadora del artista europeo dibujó conjuntos irregulares de casas con techos y torres medievales sobre el agua, como si se tratara de Venecia o Bremen. El paisaje miniaturista completaba pequeñas villas en las riberas del lago, ilustrando los centros urbanos de Tacuba, Azcapotzalco, Texcoco, Iztapalapa y Tacubaya, entre otros.

La factura de este mapa de 1524 ha sido objeto de múltiples estudios; no cabe duda de que las gubias de esta xilografía coloreada a mano debieron pertenecer a un artista del viejo continente quien, presumiblemente, se habría basado en un boceto enviado por el propio Cortés al emperador Carlos I, rey de España. Pero la lógica de organización gráfica se debió, a mano o idea de un tlacuilo nahua.

El litigio que dió el nombre a la tenencia de La Luz, Michoacán en 1867

Autor: Francisco Gabriel Montes Ayala

Fotografía de Archivo: Templo de la comunidad de La Luz, Michoacán.

En 1867, José María Méndez, vecino de Chavinda, celebró un contrato en diciembre de 1866, con la comunidad indígena de Pajacuarán, que se suponían dueños de los terrenos llamados como La Culata del Valenciano, y el apoderado legal, a nombre del común, había prometido dar los terrenos  mencionados a cambio de  la construcción de un pretil ( es decir un bordo de contención) que estaba presupuestado en 25 mil pesos. Era sin duda el primer intento en el siglo XIX de desecar la laguna de Pajacuarán.

El pretil tenía como objeto, cerrar el potrero llamado Peribán, con el objeto de desecar las tierras del mismo para tener más terreno para  cultivo o de “labor” cómo decían por aquellos tiempos. Por el pretil, los indígenas darían la Culata del Valenciano.

El proyecto parecía viable, levantar un pretil con cientos de miles de toneladas de lodo y piedra para construirlo en las inmediaciones de Pajacuarán y cerrarlo casi en El Paracho, daría a los indígenas pajacuarense una buena superficie para sembrar.

Lo que no sabían era que los dueños de la Hacienda de San Simón, de los hermanos Arcadio, Francisco y Nicolás Dávalos y Jaso, reclamaban como de ellos el terreno de la Culata y dicen en una protesta pública que: “con mis coherederos tenemos títulos bastantes que acreditan nuestra propiedad en las tierras de la Culata del Valenciano, que el mismo Sr. Méndez ha bautizado con el nombre del Rancho de la Luz” y también con todo su poder se iban a más, ya que reclamaban y tenían títulos sobre el predio de Peribán.

En la protesta, decía Arcadio, quien suscribió la misma,  que “me veo en el caso de protestar contra el contrato referido, manifestando que esas tierras como litigosas, de ninguna manera puede ser legalmente enajenadas” y es que estaban desde hacía años en litigio contra los pajacuarenses, que sin duda habían pretendido extender sus dominios al perder terrenos del Pueblo Viejo, el antiguo asiento del pueblo de Pajacuarán.

Con la protesta pública del 23 de enero de 1867 y que está en varios periódicos de la época, las tierras de la Culata del Valenciano, entraron en un pleito contra los pajacuarenses. La finalización del conflicto fue el reconocimiento de los Dávalos como dueños, y con ello no se realizaría nunca el pretil pretendido por los indígenas.  También daría fin al nombre del predio y tomarían los Dávalos el nombre de La Luz, naciendo así el siguiente año, la hacienda de La Luz, satélite de la de San Simón.

Y hoy una de las tenencias de Pajacuarán,  pueblo próspero, agrícola y ganadero como es la Luz.

Fuente: Periódico El Siglo XIX, protesta pública, publicada el día 11 de marzo de 1867, última página.

Copyright©️Francisco Gabriel Montes Ayala, México 2024.

Templo y ex convento de San Andrés Mixquic

El templo y exconvento de San Andrés Apóstol de Míxquic es un conjunto arquitectónico religioso que se encuentra en San Andrés Míxquic, uno de los siete pueblos originarios de la delegación capitalina de Tláhuac (México). El edificio fue declarado monumento histórico en 1932 y está dentro de los bienes inscritos en el Catálogo de Monumentos Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México. En 1987 fue incluido en la zona de monumentos históricos de Xochimilco-Tláhuac-Milpa Alta decretada por el expresidente Miguel de la Madrid Hurtado en 1987. Este polígono es el núcleo del área chinampera declarada Patrimonio de la Humanidad por Unesco

La cristianización de Míxquic fue una tarea asignada a los agustinos, que fueron la tercera orden mendicante que llegó a Nueva España en 1533, después de los franciscanos y los dominicos. Sin embargo, es probable que ya algunos habitantes originarios hubieran sido cristianizados por los franciscanos, que pasaron por la localidad acompañando a los conquistadores en 1519. En 1536, los agustinos llegaron por primera vez a Míxquic, y ahí comenzaron la construcción del primer convento de la localidad. Se atribuye esta iniciativa a los frailes Jorge de Ávila y Jerónimo de San Esteban. Al parecer, el conjunto conventual fue consagrado a san Andrés Apóstol porque la principal actividad de los mixquicas era la pesca. Este edificio se cayó casi completamente al iniciar el siglo XVII como consecuencia de un terremoto que sacudió el sur del valle de México, sólo quedó en pie el campanario. La edificación que se observa en la actualidad fue concluida en 1563 y la fachada en 1620.Alrededor de 1668, Simon Pereyns realizaba los retablos del templo, de estos sólo se conservan algunas esculturas de madera estofada y el altar lateral dedicado a la Virgen de Guadalupe. La celebración del Día de los Muertos, dentro del panteón, es manifestación de una cultura propia que se expresa en esta tradición.

Es uno de los muy pocos atrio – panteón que existen en el país y de esta dimensión sin duda es el más grande.

Fuente: Virreinato de la Nueva España. Arquitectura.

Un éxito el I Congreso Nacional Cristero convocado en Sahuayo por Abogados Cristianos

Juan Bruno Hernández *colaborador

Sahuayo 21 de octubre de 2023.- Se llevó a cabo el I congreso nacional cristero en esta ciudad, que convocó a la sociedad civil, que se congregó en la casa social de la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús. Al acto inaugural se dieron cita el Alcalde de Sahuayo, el doctor Manuel Gálvez Sánchez, así como también el diputado federal Rodrígo Sánchez Zepeda, y el señor cura del Sagrado Corazón, Manuel Zendejas, que hablaron sobre este congreso y la revolución cristera y la oportunidad de conocer más del tema, así como el compromiso de los católicos en la lucha por la libertad de creencia y de culto.

Una serie de ponencias se hicieron a lo largo del día, así como la presencia de testigos presenciales de la gesta cristera; se dieron cita organizaciones de la sociedad civil, se ofrecieron al público souvenirs, libros y recuerdos. Seis conferencias magistrales se tuvieron, la primera fue del Padre Luis Laurean sobre San José Sánchez del Río, posteriormente se hizo la ponencia, Panorama Nacional en la Cristeada por el Maestro Guillermo Torres; luego el Panorama Guanajuato por Saúl Manuel, así como el Panorama Jalisco por Francisco Sánchez y finalmente el Panorama Michoacán por el historiador Francisco Gabriel Montes Ayala.

Así mismo el Lic. Carlos Ramírez, director Jurídico en México de la Asociación de Abogados Cristianos, presentó la iniciativa de Memoria Histórica de la Cristeada, para su aprobación en el poder legislativo de México. Participaron Caballeros de Colón; Asociación de Cronistas Jalisco-Michoacán; Guardia Nacional Cristera; Guardia Cristera de Michocán sede Región Ciénega de Chapala; Vasallos de Cristo Rey y otras organizaciones como Promo Radio.

Al final, se realizó la misa y una peregrinación del Sagrado Corazón, a Cristo Rey y luego a la ruta del martirio, cerca del panteón municipal con las reliquias de mártires, como San José Sánchez González, y del beato Anacleto González Flores y otros mártires de la guerra cristera en México.

El antiguo palacio de la Inquisición en CDMX


El edificio que se sitúa hoy en este lugar fue construido entre 1732 y 1736 por Pedro de Arrieta, que también trabajó en una serie de otros edificios significativos de la ciudad, como la Basilica de Guadalupe de la Ciudad de México y la Iglesia de La Profesa.


Al igual que muchos otros edificios en el centro histórico, la fachada está cubierta de tezontle (piedra porosa de un rojo sangre volcánica), con ventanas y puertas enmarcadas con chiluca (una piedra de color blanco grisáceo), pero el edificio tiene dos principales características notables.

La primera es que su portal principal se encuentra en la esquina suroeste, que está «cortada» con el fin de hacer frente a la plaza de Santo Domingo. Arrieta fue responsable de esta idea, una innovación en el Virreinato de la Nueva España.

Con este diseño, no sólo el edificio frente a la plaza, sino también sus dos calles laterales llevarían a su puerta. Su idea fue declarada inicialmente innovadora y hermosa. La otra característica es el patio. Los arcos en los cuatro puntos cardinales no descansan en columnas, pero parecen colgar del techo. De hecho, se cruzan los arcos que se apoyan en pilares adosados a las paredes y las primeras columnas de cada lado,lo que en el estilo gotico fue conocido como boveda de cruzeria Arrieta lo utilizaria para este edificio de estilo barroco.

Fuente: Virreinato de la Nueva España. Arquitectura. Página de Facebook.