El asalto a Jocotepec, Jalisco.

Mtro. Manuel Flores Jiménez *Cronista de Jocotepec.

Corría el año de 1878, entre los vaivenes políticos como consecuencia de la guerra de Reforma en el país, Porfirio Díaz había hecho ya su pronunciamiento en contra del gobierno juarista, continuando las discrepancias en torno a la lucha por el poder.

En gran parte del territorio nacional prevalecía un ambiente de inseguridad donde los grupos de las gavillas sembraban el temor en los habitantes de todas las regiones, principalmente en los ataques que hacían a las haciendas y a las poblaciones, para saquear con violencia lo que encontraban a su paso.

Algunos de estos grupos de gavilleros provenían de jornaleros que mantenían cierta relación de amistad o parentesco y, que al calor de la efervescencia política de aquellos años, se mezclaron entre sí para delinquir al margen de la poco asertiva aplicación de la justicia que no era tan efectiva. De los míseros salarios que recibían por el pago de un jornal, vieron la facilidad de cambiarse a un bando que se enriquecía con mayor facilidad en las actividades propias de ese oficio.

Dentro del contexto municipal, el Lic. Trinidad Henríquez, Juez 3º. de lo Criminal, suscribió en el acta correspondiente, los hechos acontecidos la noche del 9 de noviembre de 1878, donde la localidad de Jocotepec, Jalisco, sufrió un gran robo, ascendiendo a 37 personas que fueron privadas de algunos de sus bienes. El mencionado juez registró los nombres y las cantidades de las que fueron afectados.

Carmen Rivera y compañía: 500; José B. Balcázar: 1000; Juan Félix y compañía: 967; Jesús Rivera y compañía: 400; Filomeno Chavoya y hermano: 980; Doña Guadalupe Blais: 200; José María Ybarra y Gómez: 300; Luis Loza: 179; José María Palos: 400; Jesús Acosta y compañía: 200; Feliciano Cuéllar: 109; José González: 180; Marcelino García: 90.90; Mariano Patiño: 40; Macario García: 200; Pedro Sánchez: 24; Eufemio Loza: 12.29; Rafael Cuevas: 87; Ignacio Cuevas y Acosta: 280; Pedro González: 1000; Antonio Veitia: 161; Martín Chacón: 9; Nepomuceno Chacón: 19; Agapito Ybarra: 199; Sebastián Ibarra 96; Trinidad Zárate: 100; *Sr. Cura Vicente López de Nava: 14; Jesús Huerta: 36; Jesús Villa: 30; *Pbro. Petronilo Chacón: 900; Doña Estéfana García: 90.29; Francisco G. Gutiérrez: 30; Guadalupe Aceves: 92.29; Pilar Ortega: 6.90; Jesús Flores: 12; Cipriano Rodríguez: 8; Manuel Castillo: 9.

El total de dinero confiscado por los malhechores fue 7,619.79.

Las declaraciones de algunos testigos como José María Palos, decían que el 9 de noviembre fue asaltado y robado el pueblo de Jocotepec; que reconocía algunas prendas rescatadas como propiedad de las señoras García: “dos tapalos de gros, uno plumbago y otro solferino y negro”, confiscados a Saturnino Castillo y Francisco Mesa. Una bola de gamuza amarilla dentro de un baúl (se dice que éste era de José Rivera) y unas botas.

Por su parte, el testigo José Jesús Espinoza, afirmó que el citado Eduardo Ayala, dijo públicamente que le dieran un apoyo económico, que de todos modos vendrían a robar a los más ricos. Que esa noche del asalto andaba revuelto entre los ladrones y les decía que fusilaran a Sánchez.

Por su parte, Eduardo Ayala, avecindado en la hacienda de Potrerillos, señaló que hace tres semanas estuvo en Jocotepec, y fue con el fin de sacar una camisa que tenía empeñada. Que estando en ese pueblo llegaron los ladrones entre ocho y nueve de la noche, en ese momento estaba en la tienda de Jesús Acosta, y otra persona lo vio también. Que “luego se echaron sobre la tienda y al exponerse lo golpearon, le quitaron sus calzones, su frasada y su camisa; que luego que pasó el robo se fue a dormir encuerado como estaba a la casa de Atanasio Chacón. Desde muy temprano se salió y se vino para la hacienda de Potrerillos, y que no conoce a José Sánchez ni tampoco conoció a ninguno de los ladrones”.

En otra declaración el presidente del ayuntamiento de Chapala, dijo que fueron apresados Máximo Castañón por Antonio Veitia en la hacienda de Zapotitán, y Ángel Calderón por Jesús Cuevas y Berrueco, quien le recogió un pantalón, unas pantaloneras, unas bolas de hule y un tranchete. Que tales prendas fueron reconocidas por don José Baltasar y don Feliciano Cuéllar, y eran de las robadas esa noche en el asalto.

Máximo Castañón, afirmó que era viudo de 35 años de edad, jornalero y vecino de Tlajomulco, que nunca había estado preso y que vino a este pueblo a ayudarle a su cuñado Jesús Huerta a recoger sus mazorcas.

Ángel Calderón, vecino de Tonalá, alfarero de 34 años, dijo que nunca había estado preso “y yo soy hombre de bien”; que vino el domingo a vender loza blanca, llegando el sábado como a las seis de la tarde. Entonces lo apresaron cuando traía unas prendas recogidas en la casa de don Marcelino Penando, que eran de él; que la esposa dijo que la había robado. Que para escaparse y no lo mataran se subió a un zalate y se bajó cuando llegó el auxilio para ver si no se habían robado su burro aparejado.

El testigo Feliciano Cuéllar, dijo que radicaba en Jocotepec, de 48 años de edad, casado y comerciante. Al preguntarle sobre qué hacía Ángel Calderón al apresarlo, respondió que lo vio en la plaza “pepenando cosas que largaron los bandidos”. Que eran unas prendas que tenía tapadas con unos manojos de hoja en el zaguán de la casa de don Marcelino García; que lo detuvieron a él, a Pedro García y a Jesús Cuevas y León. Que estaba “pepenando” las prendas en la plaza, frente a la tienda de su propiedad, siendo dos pares de pantalones y unas bolas de hilo que llevaba en la pechera.

Jesús Cuevas y Berrueco, comerciante y viudo de 27 años de edad, dijo que radicaba en Jocotepec. Que andaba ayudando a apagar un incendio la noche del asalto; que oyó un ruido de voces como pleito, corrió y a media plaza estaban don Feliciano Cuéllar, don Jesús de León y don Pedro García que forcejeaban con un hombre. Le dijeron éstos que ese hombre (Ángel Calderón) era uno de los ladrones, que consiguió un lazo y lo amarró poniendo a alguien que lo cuidara; que al registrarlo le encontró un envoltorio con bolas de hilo y un tranchete que traía en la pechera.

Los testimonios de los testigos muestran los nombres de vecinos de otra época y otros rasgos que por su peculiaridad llaman la atención. Ni el mismo párroco Vicente López de Nava y el sacerdote Petronilo Chacón se les escaparon a los gavilleros. A este último lo persiguieron mucho tiempo y estuvo a punto de morir en manos de estos grupos que se disfrazaban de “liberales”, cuando en realidad eran señalados como delincuentes.

No fue así con el sacerdote Bernardo Pérez, quien en otra ocasión fue fusilado a un lado de la puerta mayor, junto con el jefe de armas de la población, don Antonio Cruz Aedo, a quien lo colgaron de la puerta mayor del mismo templo. Los restos del cura López de Nava y del Padre Chacón fueron sepultados en el presbiterio de la capilla del Señor del Huaje, los dos murieron el mismo año.

En el libro titulado “El retrato de Jalisco”, de Carlos Navarro (octubre 2003, Prometeo Editores, Guadalajara, México), se registra un exvoto de agradecimiento de Diego Hernández, fechado en 1862, colección del mencionado autor, y que fue elaborado por el pintor José María Mares, cuya leyenda escrita (se corrige la ortografía para su mejor comprensión) es como sigue.

“En el año de 1862, el día 1º. de noviembre en la noche del mismo día me asaltaron en mi casa Antonio Aedo y otros cinco de su fuerza, y el mismo Aedo me sacó para fusilarme, y forcejeando para que me hincara, aclamé a la Purísima que me diera esfuerzo para suplicarles no me fusilaran, lo que conseguí por la intercesión de tan Divina Señora, y para que conste pongo este mi retablo: Diego Velázquez”.

Y continúa señalando Carlos Navarro que “En los Anales del P. Rivera nos enteramos que el diez de marzo de 1863, el jefe reaccionario Antonio Aedo (no confundir con el culto y arrojado Miguel Cruz Aedo) cae preso de Antonio Rojas en Jocotepec, Jalisco, junto con otras 32 personas, entre ellas el cura Bernabé Pérez, siendo fusilados ese día”.

Aproximadamente trece años después del hecho anterior (1866) es cuando llegó a Jocotepec como vicario el presbítero Miguel M. Arana. En las cajas de la parroquia de Jocotepec, del Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Guadalajara, localicé una serie de datos que hablan sobre este acontecimiento descrito con anterioridad en el libro mencionado.

Están consignados en mi libro “Crónicas de San Francisco Xocotepec”, y los transcribo textualmente de la página 165: “Tres años anteriores a la llegada del Sr. Arana, para ser exactos, el diez de marzo de 1863, un grupo de radicales entraron a Jocotepec y fusilaron al Pbro. Bernardo Pérez (no Bernabé), quien tenía una edad de cincuenta años. Este hecho ocurrió “… en el cementerio a un lado de la puerta de la iglesia”; asimismo colgaron al Jefe de Armas Don Antonio Cruz Aedo, de la puerta mayor a la entrada del templo. El Padre Chacón fue sacado golpes de su casa con el intento de fusilarlo, pero al llevarlo al sitio del cementerio pudo escapar de sus verdugos con la ayuda de algunos conocidos.

Este hecho conmocionó a la población por el aprecio que se le tenía al Padre Bernardo Pérez, y ocurrió entre las tres y cuarto de la madrugada cuando la población fue asaltada por el famoso salteador y bandido Antonio Rojas y por Hermenegildo Gómez, los cuales fueron los causantes de muchos atropellos en toda la región. Por más de cuatro horas estuvieron combatiendo las fuerzas opositoras de Rojas contra las del jefe de Armas, Aedo, donde (perdió) la vida el anterior (…) y 32 personas entre soldados y oficiales y tomándose 50 prisioneros, armas y equipo de guerra”. Estos últimos tres o cuatro renglones se registran en el libro “México través de los siglos”. Ensayo histórico, p.134.

La torre de cráneos de los sacrificios humanos. Barbarie del imperio mexica. No creían, pero allí está.

Francisco Gabriel Montes Ayala *Colaborador

Fray Bernardino de Sahagún en el libro II de la Historia General de la Cosas de la Nueva España, en su apéndice II ( Editorial Porrúa) hace una relación de edificios del gran templo de México: en el lugar 41 dice lo siguiente: «El cuadragésimo primero edificio se llama Hueitzompantli; era el edificio que estaba delante del cu de Huitzilopochtli, donde espetaban las cabezas de los cautivos que allí mataban a reverencia de este eficio, cada año en la fiesta panquetzaliztli.»

Esta fiesta, «era un día después del mes que se llama ochpaniztli » donde los dueños de los esclavos, sin precisar hombres, mujeres o niños, se preparaban «estas fiestas solo las hacían los mercaderes que compraban los esclavos» estos visitaban a sus familias y las casas de sus dueños «y algunos que tenían buen corazón, y 0tros no podían comer, con la memoria de la muerte que luego habían de padecer«- Dice Sahagún, que los primero cuatro sacrificados era en el juego de pelota «dos a honra del dios Amapan y otros dos a honra del dios Oappatzan, cuyas estatuas estaban junto al Tlachco (juego de pelota), en habiéndolos muerto arrstrábanlos por tlachco- ensangrentábase todo el suelo con la sangre que de ellos salían yéndolos arrastrando-« Asimismo asesinaban a cautivos sin precisar cuantos, «les sacaban el corazón» y mientras algunos peleaban en dos bandos «tomaban luego a los cautivos y a los otros esclavos que habían de morir y traíanlos en procesión alrededor del cu solo una vez» posteriormente Fray Bernardino, narra que «llegando arriba mataban primero a los cautivos, para que fuesen delante de los esclavos, y luego mataban a los esclavos…descendían el cuerpo por las gradas rodando, derramando por ellas la sangre; así hacían a todos los esclavos que mataban a honra de Huitzináhuatl, solos ellos morían, ningún cautivo moría con ellos, matábanlos en su cu de Huitznáhuatl.» esto el primero y tercer día; el cuarto día, los muertos habían sido repartidos para comer y decapitados para ser espetados. Anexados al Hueytompantli. Así se hacía la colección.

Fray Toribio de Benavente dice: » Las cabezas de los que sacrificaban, especialmente tomados en guerra, desollábanlas y si eran señores o principales personas los así presos, desollábanlas con sus cabellos y secábanlas para guardar. De estas había muchas al principio; y sino fuera porque tenían algunas barbas, nadie juzgara sino que eran rostros de niños de cinco o seis años, y causábanlo estar, como estaba, secas y curadas. Las calaveras las ponían en unos palos que tenían levantados a un lado de los templos del demonio; de esta manera: levantaban quince o veinte palos más y menos de largo de cuatro a cinco brazas fuera de tierra y en tierra entraba más de una braza, que eran una vigas rollizas apartadas una de otras cuando como seis pies y todas puestas en hilera, y todas aquellas vigas llenas de agujeros; y tomaban las cabezas horadadas por las sienes y hacían unos sartales de ellas en otros palos delgados pequeños y ponían los palos en los agujeros que estaban hechos en las vigas que dije, y así tenían quinientas en quinientas y de seiscientas en seiscientas y algunas partes de mil en mil calaveras; y en cayéndose una, ponían otras, porque valían muy barato; y en tener aquellos tendales muy llenos de aquellas cabezas mostraban ser grandes hombres de guerra y devotos sacrificadores de sus ídolos»

Actualmente se han descubierto dos columnas circulares de más de cuatro metros de altura que flanqueaban estos postes, compuestas por hileras de calaveras unidas con argamasa. Hasta hoy, se han identificado 655 cráneos humanos: 60% masculinos, 38% femeninos y 2% de infantes.

Pero aquellas que eran solo en columnas de palos, seguramente se perdieron los miles de restos humanos.

Fuentes consultadas:

1.-Historia General de las Cosas de la Nueva España, de Fray Bernardino de Sahagú, Libro II, Apéndice II, Editorial Porrúa.

2.-Historia de los Indios de la Nueva España de Fray Toribio de Benavente, Motolinía, Tratado I, Capítulo 9, pág. 42 y 42, Editorial Porrúa

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De las lluvias y sus señales.

«Las Notas del Cronista» 📜 ✒️ Manuel Flores Jiménez *Cronista de Jocotepec


Nuestros antepasados se guiaban en base a una permanente y detallada observación de los hechos y fenómenos que sucedían en la cotidianidad. Para el importante proceso de los períodos agrícolas echaban mano de sus fieles observaciones para prever la entrada de la temporada de las lluvias y, con ello, poder asegurar una buena cosecha.

El cielo esta encapotado…


Destacan las señales que para ellos tenían un gran significado y que se relacionaban con la aproximación de las lluvias. Los más viejos llamaban “la revolución de marzo”, al estado del tiempo en que se nublaba, lloviznaba o llovía en forma, éstas eran las señales de las primeras lluvias. A partir de ese día en que aparecían esas manifestaciones se contaban días, es decir, tres meses para calcular la entrada formal del temporal lluvioso.


Por ejemplo, si llovía el 23 de marzo, las primeras lluvias ocurrirían el 23 de junio aproximadamente. Era consenso de los adultos de aquellas épocas que la entrada de las lluvias tenía como fecha principal el 13 de junio, día de San Antonio. Otra señal que se tomaba en cuenta era cuando se venían tres tolvaneras seguidas del otro lado del cerro, por el rumbo de San Marcos Evangelista. Esa era señal de que ya iba a llover.


Cuando las chancharras comenzaban a salir afanosamente de sus cavidades y metían hojarasca tierna, esa era otra premonición. Además, decían que cuando los toros empezaban a bramar con insistencia, se decía que ellos ya estaban presintiendo la aproximación del agua de las lluvias.


Por otra parte, cuando se escuchaban los truenos en el mes de mayo esa era buena señal. Había un refrán que decía: “Te estaba esperando como agua de mayo”, eso se decía cuando se ansiaba la presencia de alguien. Hasta una canción llevaba por título “Los aguaceros de mayo”.


Otra sospecha de la proximidad de las lluvias era la aparición de lo que se nombraba “la calma”, esa especie de nubosidad producida en parte por la evaporación del agua y por el humo de los incendios de los cerros o cuando comenzaban a preparar las tierras para las siembras. A esto último le llamaban “ajoyar”.
Si el amanecer era brumoso y el sol salía y se ocultaba muy rojo era también considerado como una señal. Si los cerros a lo lejos se veían como nublados, a eso se le llamaba “la calma”. Cuando caían las primeras lluvias salían (y siguen saliendo) unas hormigas rojas grandes con alas y otros insectos que les dicen chicatanas; además, hay otros insectos de alas frágiles y que dicen que roen las ropas y los atrae la luz interior nocturna de las casas. Es entonces, cuando comienzan a crecer con mayor furor las hierbas de la tierra más reseca.


Mientras más sofocadas fueran las noches y el día tuviera un calor intenso y seco, se afirmaba que muy pronto llovería. Lo anterior, combinado con el incesante y monótono chirrido de las chicharras, que desaparecen con las primeras lluvias y no vuelven a escucharse hasta el año venidero.
Entonces, comienzan a nacer las semillas ocultas entre las hojas del suelo y las lluvias traen aromas de la tierra que escapan de sus apretados y oscuros terrones, aromas lejanos que gratifican los sentidos porque el agua se mezcla con la tierra haciéndola florecer. Y luego, ya bien entrado el temporal, aparecían las luciérnagas (aquí les decimos alumbradores y todos los herbicidas aplicados a las tierras por las trasnacionales de las berries acabaron con ellas y con otras especies animales y vegetales), con sus lucecitas en medio de los campos húmedos y entre el croar intermitente de ranas y sapos.
Actualmente, cada 15 de mayo se celebra en Zapotitán de Hidalgo, el día de San Isidro Labrador, patrono de los campesinos y agricultores. Se celebra una misa donde se realiza la bendición de las semillas, luego, al salir, se queman cuetes y ristras y la banda de música acompaña en peregrinación al contingente de vecinos (antes le decían el convite) que llevan sus tractores adornados con flores y milpas. En este recorrido se lleva la imagen de San Isidro en un cuadro.


Son tantas las señales que la memoria colectiva conserva, que las presentes se comparten como algunas pocas de tantas que nuestros ancianos afirmaban que tenían validez. Como la llegada de las golondrinas, cuando los caballos se ponían a correr y andaban alborotados por veredas y corrales, cuando los conejos salían a buscar refugio, el estruendoso canto de las ranas y las chicharras, cuando soplaba más viento y se concentraban más nubes en el cielo, cuando los pájaros emigran y cambiaban de nido, la aparición de los insectos negros y rojos llamados asquiles.


El alma popular guarda muchas otras premoniciones que aquí no se dicen, los que las sepan hagan favor de compartirlas.

Murió Juárez…

Muere el Benemérito de las Américas…… Hoy 18 de julio fallece Pablo Benito Juárez García a la edad de 66 años, catorce años llevaba ya como presidente. Don Benito en 1871 no daba traza de querer dejar la presidencia, no sé si doña Margarita su esposa le haya sugerido que descansara ya, Juárez desechaba esas sugerencias, creyéndolas interesadas, don Benito debe haber repetido aquello de: Los consejos no pedidos los dan los entrometidos…

El 26 de junio de 1871 se efectuó la elección para presidente de la república, para el periodo 1871-1875, tres candidatos había, Juárez, Lerdo de Tejada y Porfirio Díaz. Pues bien Juárez jamás estuvo dispuesto a dejar la presidencia por nada. La tensión entre Juárez y Díaz, culmino en la elección presidencial de 1871, cuando Juárez uso fondos del gobierno y se valió de toda suerte de artimañas para conseguir la reelección. Don Porfirio se lanzó a la guerra con el Plan de Tuxtepec para terminar con el gobierno dictatorial de Juárez. Don Benito afronto con mucha tranquilidad la rebelión de Díaz, las torpezas que cometió don Porfirio obligaron a este salir del país, sin embargo, en el Norte la sublevación había cundido.

El 17 de julio de 1872, don Benito despacho como de costumbre los asuntos de su cargo, dicto una carta a su secretario, no podía imaginar mientras dictaba que la firma que pondría a esa carta sería la última que estamparía en su correspondencia. Decía: Esperamos de un momento a otro la ocupación de Monterrey por las fuerzas unidas de los generales Sostenes Rocha, Ceballos y Revueltas… Y en efecto esa misma noche Monterrey fue abandonada por los del Plan de Tuxtepec, había sido tomada por los juaristas.

Don Benito impasible como una esfinge, desde las 7 de la mañana del 17 de julio, había sentido síntomas iniciales del mal que lo llevo a la tumba, que posteriormente seria descrito por los médicos como una neurosis crónica del gran simpático. Aunque para algunos historiadores contemporáneos, a don Benito fue envenenado con una hierba llamada la ventiunilla, dada en una fiesta por la Carambada mujer enemiga de Juárez. don Darío Balandrano director del diario oficial, cuenta que estaba leyendo en voz alta la nota de un periódico cuando de pronto don Benito se levantó del asiento y se llevó las manos al cerebro haciendo un gesto de dolor. El resto de la jornada trascurrió normalmente.

Al despertar a las 6 de la mañana del 18 de julio de 1872, don Benito se sintió muy mal, tanto que por primera vez en muchos años no pudo levantarse para ir a su trabajo, doña Margarita había fallecido un año y medio antes el 2 de enero de 1871, don Benito a los doctores les dio la orden; a nadie debían decir que estaba en cama. Paso toda la mañana con un dolor cordial, a las 7 de la tarde los malestares se hicieron más intensos, el doctor Alvarado médico de la familia dijo a la familia, el señor presidente está muy grave, por disposición de Alvarado fueron llamados los doctores Rafael Lucio y Gabino Barreda, uno de ellos sugirió un tratamiento que consistía en derramar agua hirviendo sobre el pecho del enfermo a fin de reanimarle el corazón, se procedió a realizar tremenda cura, que causo intensísimo dolor a Juárez. A las 10 de la noche Juárez agravo, los médicos decidieron aplicarle inyecciones de morfina en el lado izquierdo del pecho. A las 11:25 de la noche de aquel 18 de julio de 1872, se recostó sobre su lado izquierdo y puso la cabeza en su mano sobre la almohada. Cerró los ojos, a las 11:30, se agito un momento y un estertor salió de su garganta. Luego su cuerpo pareció aflojarse, el doctor Alvarado se acercó y le tomo la mano, luego, sin levantar el rostro, pronuncio una sola palabra; Acabo…

Esa misma noche se acordó llevar el cadáver del presidente a un salón del Palacio Nacional, antes sin embargo, los doctores Alvarado, Barreda y Lucio, procedieron a embalsamar el cadáver. Don Benito fue sepultado hasta el 23 de julio, en el túmulo mortuorio del difunto no aparecieron símbolos religiosos, si no los de la orden de la masonería. Fue sepultado en el templo – panteón San Fernando, a los dignatarios de la iglesia les habría gustado seguramente impedir el entierro del presidente, en sagrado, pues Juárez fue enconado enemigo del clero y, además murió impenitente. Ya no podían los clericós, sin embargo, hacer tal cosa, pues las Leyes de Reforma habían convertido en civiles los cementerios religiosos….

FUENTE: Conoce México a través de su historia (página de facebook)

La historia de La Sábila, La Virgen y su templo.

Francisco Gabriel Montes Ayala

Hace algunos días en los principios del mes de julio, fuimos con Roberto Buernostro, a visitar La Sábila, comunidad del municipio de Venustiano Carranza, con el fin de tomar videos y fotos del templo, de la Virgen de Guadalupe, antigua advocación de la Virgen de la Carámicua y del pueblo en general.

El templo es impresionante, dada la geografía del lugar, en lo alto de un cerro pedregoso; obra inició el 7 de octubre del año 2003, casi tres de que había llegado el señor Cura Sergio Sánchez Mora, sahuayense que se puso como reto la construcción de este templo, dado que, la capilla antigua databa de los años cincuenta, en el tiempo en que estuvo como párroco don Francisco Esquivel.

El reto para Crónicas de la Ciénega es fijar la historia del pueblo, aunque yo había hecho ya un intento en el libro que hiciera por allá en los años noventa de San Pedro Caro, no es suficiente, falta sin duda alguna mucho de lo que puede escribirse del pueblo y la Virgen.

Hoy estamos afinando detalles con el equipo de Crónicas de la Ciénega para dar una historia más o menos bien armada ( aunque en la historia nada es totalmente finiquitado) y darle fuerza aquellos escritos que me pidiera el señor cura Roberto Torres sobre la historia de la Virgen y los antecedentes escritos antes por un servidor.

Esperemos que pronto estemos listos para darle a La Sábila y la región algo de la historia de templo, la virgen y la población, porque esta imagen es de todos los habitantes de la región que la han echo suya con su devoción.

Falta por escribir la historia completa. Crónicas de la Ciénega

©Todos los derechos reservados de Autor. México 2024.

Sonidos de otras épocas en Jocotepec

Mtro. Manuel Flores Jiménez.*Cronista de Jocotepec, Jalisco.

1.- Sonido largo y melódico de los afiladores de cuchillos, que con su cajón al hombro anunciaban su presencia por las calles del pueblo en la espera de sacarle filo a todo utensilio que lo requiriera. No había cosa más molesta para un ama de casa que tener un cuchillo sin filo en su cocina. El afilador se sentaba en su pequeño banco de madera y giraba su piedra de afilar, poniendo los filos de los cuchillos de cocina cerca de ella de donde se desprendían un cúmulo de ininterrumpidas chispas al girar la piedra. Al terminar, se alejaban con su largo y disparejo pitido que se perdía en la lejanía de las calles.

2.- El silbato del cartero anunciaba muchas cosas: la llegada de las tarjetas de Navidad en diciembre, alguna noticia largamente esperada pero, sobre todo, el chequecito bien escondido en medio de las hojas escritas que venía a aliviar las severas necesidades económicas de las familias. Nuestras familias esperaban con ansia los dineros provenientes del Norte para solventar tantas cosas.

Al abrir las cartas se desprendían los aromas de otras latitudes. El cartero correspondía con buen modo a las sonrisas de júbilo de los vecinos y pronto se alejaba en su bicicleta por las calles mal empedradas a terminar su jornada. Otras veces no era alegría sino tristeza al ver que no había dinero en la carta. Así solía pasar, no siempre había dinero que mandar porque nuestros emigrados también tenían allá sus grandes necesidades que cubrir.

3. ¡Puerco y puerca!

Ese era el fuerte grito del Bajito, ese hombre de corta estatura que lanzaba desde el mercado que estaba en aquellos años enfrente de la plaza, por la calle Allende. Así anunciaba a pleno grito la llegada de la batea de los chicharrones recién salidos del cazo de cobre de la casa de Antonio Ibarra, el matancero, donde se preparaban las aldillas, el buche, el hígado, el corazón, las tripas y demás entrañas de los porcinos que se sacrificaban en el rastro que se localizaba donde hoy está la Dirección de Seguridad (esquina Hidalgo sur y Donato Guerra, en el antiguo barrio que le llamaban la Cruz Verde. Los aromas de los chicharrones se iban desparramando a lo largo de su recorrido sacando hambre y antojo. Tiempos de antes ya desaparecidos.

4.- Los rumorosos motores de los autobuses y camiones de carga que se escuchaban a deshoras de la madrugada, en aquellos tiempos en que el pueblo era sumamente silencioso. Los sonidos de las máquinas se transmitían desde el crucero del pueblo, distante unos dos kilómetros, y llegaban hasta nuestras casas. En esos años solamente esa carretera era la que llevaba a la ciudad de México, y a todas horas del día y la madrugada pasaban los camiones. En aquellos años todo era silencio y quietud que brevemente eran interrumpidos para luego continuar igual.

MANUEL FLORES JIMÉNEZ/ Cronista de Jocotepec, Jalisco.

(Las dos imágenes que ilustran esta publicación pertenecen a Pinterest, y se integran sin fines de lucro y sólo para recrear el contexto del texto. Gracias.

Jesús Rojas, se va de La Palma en 1930 como cura de Ziracuaretiro. Fin de una historia.

Francisco Gabriel Montes Ayala

El padre Jesús Rojas Gil, originario de Sahuayo, (hijo de don Demetrio Rojas y de doña Rafaela Gil) fue notificado el 22 de enero de 1930 que debía abandonar la Vicaría de La Palma de Jesús.

Había llegado en los primeros días de 1922 en su primera etapa y más productiva como sacerdote a esta hacienda. Trazó las calles, introdujo la luz eléctrica en La Palma, comenzó con la construcción de la Plaza y en 1924 por influencia de él y de su amigo, el Lic. Aurelio Gómez Padilla, se hace Tenencia La Palma del municipio de Sahuayo; remodela toda la capilla, el altar, compra las imágenes y bautiza al pueblo como “La Palma de Jesús” al consagrar la comunidad, al Sagrado Corazón de Jesús. Y también el Divino Rostro, de ser solo una piedra, lo enmarca como lo conocemos hoy. Pudo la cruz en el cerro del copito y abrió la calle que va hacia aquel lugar santo. Pero se separó de la Vicaría apenas iniciado el conflicto cristero, en agosto de 1926.

El padre Marcos Vega Ceja, su sustituto,  le tocó llegar en septiembre de 1926 cuando se había suspendido  el culto por la guerra; vivía  a salto de mata en el cerro  y celebraba en casas como la de mi tía Aurora Zepeda, o con doña Emilia Mora, ya en la casa de mi bisabuelo (primo hermano del padre Vega) Rodrigo Montes, ya  con Manuel Zapién, otras veces con Eligio Castellanos, y así vivió y trabajó en casas distintas para bautizar o casar, confesar y dar la comunión. La capilla de 1926 a 1929 estuvo habilitada como cuadra y cuartel. El padre Vega estaba acostumbrado a andar a salto de mata, pues había sido maderista en la revolución y contaba con apoyo de José Vega, su hermano, de mi tío Francisco Montes Zepeda y de Chema Castellanos, que siempre andaban con él, cuidándolo, bien armados.

En enero de 1929 volvió el Padre Rojas  y, cuando se arregló el conflicto del estado y la iglesia, encontramos en la correspondencia del padre,  que le pusieron miles de trabas para entregar la capilla de La Palma. Hay correspondencia de la mitra y del padre Rojas donde  ambos apelaron a la intervención del diputado Rafael Picazo para mediar con el gobierno y  devolvieran la capilla.

Pero a mediados de enero de 1930 todavía no se entregaba el inmueble;  con tristeza,  el padre rojas expresa que «no hay culto en La Palma debido a que tampoco puede celebrar en lugares públicos por los arreglos de junio de 1929″.

Pero el 22 de enero le llegó un carta al padre Rojas de su prelado diciéndole: “ Envío a usted con la presente, el nombramiento de Párroco de Ziracuaretiro…(sic), el cura don Francisco Amezcua tiene necesidad de salir pronto para su nueva Parroquia de Tacatzcuaro; de manera que sería conveniente que recibiera usted su primera parroquia el día 31. Recomiendo a usted evite prudentemente cualquier agitación en ese pueblo en ocasión de su salida y aún el envío de ocursos y peticiones a esta superioridad, ya que su cambio obedece a la necesidad de atender a los fieles de una Parroquia”.

Tristemente para La Palma,  su vicario y capellán don Jesús Rojas, tuvo que aceptar el nombramiento, pero el mismo día 22 de enero cuando contestaba y refería que: “Si al señor le agradara que yo fuera registrado podría quedar en La Palma y se regocijaría este pueblo con el culto público…”

Jesús Rojas en 1923 en el recién remodelado atrio de la Capilla de la Hacienda de La Palma.

Pero no le fue aceptada tal petición y para el día 26 de enero se encontraba en su casa en Sahuayo en Constitución No. 7, y escribía al Vicario General  don Luis García haciéndole algunas recomendaciones para que su querida Palma no sufriera por la falta de Vicario. Todavía el padre Rojas hacía un acomodo, pues pedía se fuera el capellán del Sagrado Corazón de Sahuayo don Melesio R. Espinoza, y si no fuera posible, menciona: “el  Padre Arregui que es padrino y amigo del diputado Rafael Picazo, conseguirán que celebren y oficien públicamente el Padre José Sánchez a quién ayudará en la medida que pueda el Padre Castillo. Examine V.S.  lo propuesto y si le parece bien propóngalo a su Ilmo. Sr”.

Para el 31 de enero el padre Rojas tomaba posesión de su primera parroquia en Ziracuaretiro donde también, como en La Palma, dejaría una huella imborrable. Pero en La Palma la gente amargamente lloraba la salida de Rojas, cuando supieron que ese mismo día habían nombrado al Padre Francisco Castillo como Vicario Fijo…pero todavía en el mes de marzo de 1930 no se presentaba.  Hasta que en Mayo aparece nuevamente como Vicario el Padre don Marcos Vega Ceja para cubrir un largo periodo.

(DOCUMENTOS y cartas del Archivo de la Diócesis de Zamora, carpetas referentes a la Parroquia de La Palma) Publicado en TRIBUNA el año de 2005, corregido y aumentado 2024, Fotografías del Archivo Histórico Particular FGM, todos los derechos reservados Francisco Gabriel Montes.

Prohibido la reproducción total o parcial del contenido y fotos.

Santuario de Nuestra Señora del Carmen: Tlapujahua, Michoacán.

Virreinato de la Nueva España. Arquitectura

Este Santuario, que antiguamente era la Parroquia de San Pedro y San Pablo es toda una joya arquitectónica construida en el auge minero de la población en el siglo XVIII. La decoración del interior es del estilo ecléctico hecha por Joaquín Orta Menchaca en 1905. Se venera a la virgen del Carmen que fue pintada en 1625 sobre un muro de adobe.

La iglesia que se construyó era pequeña y mal distribuida, en el siglo XVIII se demolió esta primera parroquia y edificó una nueva, digna de admiración, el interior estaba adornado con cinco maravillosos retablos y la opulencia había dejado su huella en los ornamentos y mobiliario, así como vasos de plata para consagrar, de todos tamaños, una custodia dorada y lámparas.

El siglo XIX trajo consigo cambios esenciales en el templo, la torre principal fue destruida por un rayo y los retablos de madera dorados fueron sustituidos en forma paulatina, las piezas de plata desaparecieron poco a poco, unas a causa de las guerras civiles de la época y otras debido a que fueron vendidas por los párrocos para sufragar los gastos de reparaciones del monumento.

El Altar Mayor fue transformado en gran medida durante los años treinta, colocándose al centro la imagen de la Virgen del Carmen, trasladada desde la capilla levantada en su honor, destruida por incendio.

La imagen, asombrosamente conservada se trasladó a la parroquia situándola al centro del Altar Mayor, finalmente en 1958 se trajo en las obras de decorado de una parte del Altar Mayor, cerca la imagen de la Virgen del Carmen. Imagen que año con año recibe miles de peregrinos.

Previo a la conquista. Antropofagía, esclavitud y sometimiento en el México prehispánico.

Francisco Gabriel Montes Ayala

“Moctezuma a quien muchos llaman emperador, dominaba en calidad de Tecutli de una de tantas ciudades, la más extraña, la más bella y la más poderosa por la descollante aptitud de guerra de sus fundadores” dice Pereyra. Y es que Moctezuma el gran Tlatoani de México, no había logrado nunca unificar el territorio que dominaban. Faltaban aprestos de guerra, no había animales de carga, no había sustento alimenticio y solo existía el trabajo de subsistencia y la guerra. No había la metalurgia para fabricar armas con hierro.

Se sabe hoy,  que grandes epidemias habían mermaban las naciones, las hambrunas habían acabado con grandes centros habitacionales y ceremoniales. Las ciudades estado que allí estaban hacían la guerra entre ellas, sojuzgaban y dominaban a otras, las guerras entre unos y otros eran muy frecuentes, incluso entre las mismas naciones, se hacían guerras civiles, intestinas entre ellos por dominio, por poder. Se puede decir que la guerra y el sometimiento era la tónica en la zona más «civilizada».  Los desiertos, las llanuras más allá de las ciudades había tribus nómadas, cazadoras y recolectoras.  El territorio de aquel tiempo que se considera “civilizado” era una pequeña proporción de lo que llegó a ser la Nueva España.

Había en el centro del país, en México-Tenochtitlan, un señorío independiente el de Texcoco y otro menor,  el de Tlacopan o Tacuba. Tenochtitlan que ya se había unido a Tlatelolco, y estaban atados los anteriores en una alianza y sujetos a Moctezuma en lo militar. Las conquistas daban tres tipos de tributarios. Los que voluntariamente se unían, los que tenían menos independencia y los sometidos. La esclavitud transitoria o permanente existía de manera vitalicia o hereditaria y era uno de los fines de las conquistas.

Los nobles dedicados al ejercicio de las armas, necesitaban de esclavos, albañiles, cargadores, servicio domestico, que se prestaba juntamente con sus hijas, primas, hermanas. El desarrollo del comercio ocupaba de hombres como bestias de carga que llevaban de aquí, allá, todo. Los comerciantes, “conducían así recuas de hombres cargados de mantas pintadas, artefactos de valor; también iban esclavos que, con los otros artículos, servían para adquirir cacao, vainilla, liquidámbar y cuantos productos daban las tierras calientes” afirma Carlos Pereyra.

Fuera de los dominios estaban numerosos señoríos independientes y libres, como Tlaxcala,  que era enemiga a muerte de los mexicanos y otras que generaban odio y que no podían manifestarlos por miedo al acoso y sometimiento. Moctezuma gobernaba no con el cetro y la corona, sino con el terror.

Había en cada pueblo y cada señorío, sacrificios humanos,  no existía un pueblo, por más pequeño que este estuviera, que los españoles no encontraran sangre fresca, miembros de cuerpos despedazados y aún cadáveres enteros a quienes solo habían arrancado el corazón. 

Cada sacrificio no solo daba sangre a los Dioses, sino que después arrancaban los muslos, los brazos, las piernas y se los comían como si hubieran sido reses recién matadas. Era un matadero para alimentar la población. Era la única forma de obtener proteínas.

En Tenochtitlan, los sacrificios eran peores y la antropofagia, era mayor. Muertos los hombres y sacrificados, su sangre era embarrada en las paredes del templo, los sacerdotes bebían la sangre del descorazonado y se emdarrubaba las melenas con ella y el hedor era insoportable de la sangre podrida que se acumulaba; las piernas y los brazos, eran utilizados para comer, el torso era entregado a los animales enjaulados que tenían para la guerra, la insalubridad en la ciudad reinaba por doquier. Para los cientos de espectadores que esperaban comer un poco de carne, era necesario sacrificar a muchos hombres,  para satisfacer el hambre.

El culpable de todo era Huichilobos, como le llamaron los españoles. Pero eso es otra historia.

El primer párroco de Jocotepec, Jalisco

«Las Notas del Cronista»📜 ✒️

Kiosko y torre del templo de Jocotepec, Jal.


Después de rastrear las mínimas informaciones que existen hasta hoy, sobre el primer párroco de Jocotepec, los sacerdotes secularizados que por mandato superior desplazaron a los franciscanos del clero regular, siendo estos los que realizaron el proceso evangelizador en estas tierras ribereñas del lago de Chapala.
En base a lo anteriormente mencionado, se escribe esta recreación lo más apegada a la figura del primer párroco, que fue nombrado para dirigir los destinos de la recién fundada parroquia de Jocotepec, ante los conflictos posteriores que surgieron con la feligresía de San Andrés de Ajijic, ante la negativa de devolverles el sitio de antaño de su jurisdicción religiosa, como se aclara a continuación.

Yo, Don Francisco de la Roca Pérez y Guzmán, primer cura propio de la feligresía parroquial de San Francisco Xocotepec, en pleno uso de mis derechos y atribuciones, he venido comisionado a hacerme cargo de las responsabilidades de esta espiritual empresa, con el fin de aligerar las penas y escuchar confesiones, santoliar enfermos en tránsito de muerte con la extremaunción y dar a las bocas la Majestad de la hostia divina, a todas las almas de este pueblo que ahora es parroquia y no Ayuda como lo era antaño de San Andrés de Ajijic.
Así lo quiso y lo convino Don Guadalupe Buenaventura de Villaseñor, dueño de la hacienda de Huexotitlan, por el convencimiento que procuró en Don Joseph Manuel de Santa Cruz y Romerillo, Padre Guardián del Convento de Axixic, en el entendimiento de trasladar a Xocotepec, temporalmente, el asiento del control religioso, con la cabal deuda de palabra de poner en Axixic los servicios de un religioso que administrara los servicios religiosos de los feligreses, cosa que me han recriminado incesantemente hasta la fecha sin que yo tenga culpa alguna de no haberse llevado a la postre tal compromiso.
Esta demarcación parroquial fue erigida el 15 de julio del año de Nuestro Señor Jesucristo de 1765, consagrándose por tal virtud al Dulce Nombre de María, y que bajo la tutela de nuestro padre San Francisco, pueda orientar sus esfuerzos y desvaríos en pos de lograr mejores fortunas espirituales que las que imperan en la actualidad de estos días trasijados por la pobreza y agobiadas las almas por tanta peste que azota estas tierras húmedas.
Mis ojos han visto un pueblo con mayúsculas necesidades, amén de las otras capellanías que abarcan desde San Antonio hasta San Luis, sin dejar en la marginalidad a las haciendas de Huejotitán, El Potrerillo y de San Martín, que es un barrio aledaño y distante de la cabecera de este curato.
Complemento subrayar que es, además, bastante populoso en indios, mestizos y mulatos; los de razón, son españoles dueños de esta propiedad que alrededor de la mitad del siglo XVIII, fueron a fundar el pueblo nuevo de San Martín Tesistlán.
Debo decir con total apego a mi religiosa condición, que he llevado ordenadamente registradas las partidas de bautismos y defunciones de cuanto vecino ha sido sepultado en estas tierras, benéficas para la salud, así como para el descanso de los desvaríos del espíritu. Con toda puntualidad y exactitud expreso que: “en nueve de julio de mil setecientos sesenta y cinco años, murió en el Pueblo de Xocotepec, de esta feligresía, Doña María Cueva, española, casada que estaba con Joseph Bernardo Chacón, y la enterré en la Santa Yglesia de dicho Pueblo de Xocotepec. La enterré con entierro menor y le administró los sagrados sacramentos de la penitencia, Sagrada Eucaristía y extremaunción, el Br. Don Joseph de Aguilar, como Teniente de Cura, y para que conste lo firmo.
Francisco Roca”


MANUEL FLORES JIMÉNEZ

CRONISTA DE JOCOTEPEC, JALISCO.

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