Chapala y su entorno, paraíso esplendoroso


Por: Lic. Pedro Vargas Avalos


Chapala y su entorno son fantástico vergel. A ello se debe la visita interminable de paisanos y connacionales, así como la presencia y el arraigo de miles de extranjeros. Esos visitantes procedentes de Jalisco y fuera del Estado, estiman al entorno de Chapala y su lago, como zona esplendorosa, trasunto de un fidedigno edén.
Ser nativo o poblador de este girón paradisíaco, implica el compromiso consustancial de ser auténtico, digno, esforzado, impulsor de los principios cívicos y salvaguarda de la cultura, instrumentos con los cuales se amplifica la fama de Chapala, se realza la fortaleza de Jalisco y se ennoblece a México por entero.
La denominación prehispánica Chapalac, (Chapal-lan), cuyo significado elemental es “lugar empapado”, a fines del siglo XVI ya había evolucionado suprimiéndosele la consonante final, y de allí hasta siempre, el nombre de Chapala implica belleza, feracidad y complacencia. Esto no excluye lo que afirmaron hace siglos, los cronistas Fr. Antonio Tello y Fray Francisco Mariano de Torres: que un cacique coca (o cazcán) del lugar, se llamó Chapa o Chapal, y por ser bien querido de la gente, en su memoria la población se denominó Chapalac, o sea, “el lugar de Chapal”.
Lo anterior explica el nombre del pueblo, pero ¿Dónde queda y cómo surgió la denominación de la laguna? Esas interrogantes las resuelve el antedicho padre Tello, quien ubica geográficamente el lugar, al decirnos que el pueblo de Chapala está a ocho leguas de Guadalajara, entre oriente y sur, al pie de una serranía muy grande que tiene al norte, y junto a la gran laguna llamada “Mar Chapálico”, a la cual en belleza no le iguala la de Maracaibo, Venezuela, y ni siquiera la llamada Mar de Tiberíades, el lago donde deambuló Jesucristo. Nuestro insigne cronista realza además de la hermosura de la laguna, el pescado blanco y el bagre que produce, en cantidad tal que aseguraba sería suficiente para abastecer a la hermosa Perla Tapatía. En cuanto al nombre del lago, lo atribuye a que antiguamente Chapala era la cabecera de la ribera, “por el mucho gentío que en tal pueblo estaba congregado” y así, aunque hay numerosas poblaciones, no se llamó sino como se denominaba la principal de ellas, quedando para siempre como Lago de Chapala. Sobre los habitantes del lugar, los describe como hombres de gallardía y bien constituidos; en cuanto a sus mujeres, asegura que poseían tan atractivas formas, que no tenían comparación, a tal grado que, de todas las comarcas Mesoamericanas, ninguna les aventajó en sus encantos.
Al respecto, el gentilicio de los habitantes de la ribera es el de “chapalteca” vocablo que engloba tanto la “identidad” como el “apego al terruño” y el “orgullo de ser de Chapala”, lo cual implica ser auténtico, eufórico, trabajador, impulsor de los valores culturales, cívicos y sociales, atributos con los cuales engrandecen a Chapala, enaltecen a Jalisco y ennoblecen a México.
El entorno chapálico resulta esplendoroso: Presenciar, gozar un atardecer en el mágico Ajijic, es transportarse al infinito; recorrer San Juan Cosalá, rumbo a Jocotepec, nos proyecta a la excelencia; y en este antiguo poblado, podemos experimentar su singular muelle de madera.
Transitando por este lado occidental de la laguna, se arriba al risueño pueblito de San Luis Soyatlán, de bulliciosos atardeceres. Luego se llega a la tierra del invicto prócer Ramón Corona, el apacible Tuxcueca. Más allá, avistamos a Tizapán el Alto, recio límite jalisciense del vaso chapálico.
Por la otra parte de la laguna, viniendo de La Barca, cuna de las refrescantes “cazuelas” que son una delicia para la garganta, se arriba a Jamay, repleto de pesca y folklor, para luego admirar al dinámico Ocotlán, ejemplo de progreso, y junto a este, apreciar al sosegado Cuitzeo, pueblito de Poncitlán. Ya en este municipio, se arriba al autóctono vecindario de Mezcala, desde el cual se hace el viaje lacustre a la célebre isla de su nombre, donde es obligado contemplar sus sólidas construcciones del siglo XIX.
Observando lo que fue el Fuerte de Mezcala, es preciso hacer un alto, para meditar sobre el excelso heroísmo de los insurgentes que allí, del año de 1812 al de 1816, derrochando gallardía, fiereza y organización guerrera lucharon por la independencia de México, permaneciendo imbatibles no obstante sus desventajas en armamento y equipaje, frente a los realistas ibéricos, quienes, poseyendo muy superiores bagajes bélicos, nunca vencieron a nuestros denodados patriotas. Vaya un recuerdo de honor a los gloriosos Encarnación Rosas, Marcos Castellanos y José Santana, columnas de esa gesta libertaria jamás vencida, única en la lucha por la independencia en toda Latinoamérica.
De retorno por la fértil exhacienda de San Nicolás de Ibarra, a la citadina Chapala, hay que saborear su gastronomía, acudiendo a sus populares fondas, al concurrido mercado, sus calificados restaurantes, abrigadores hoteles y residencias de descanso. Aquí comer es un arte: fácil de escoger, abundante y sabroso a la vez, es complicado probar de todo, por lo variado de sus platillos, alimentos generalmente preparados con las especies del lago: picosos charales, sazonado caldo michi, antojadizo bagre, suculento pescado blanco, exquisito caviar, birria tradicional, apetitoso ceviche, etc., que se coronan al final con algún dulce típico.
Entre los edificios que se deben visitar en la agraciada Chapala, está la ahora rejuvenecida estación que fuera la oficina del Ferrocarril de Chapala, inaugurada en 1920, la cual simboliza un sueño de los chapaltecos, ahora convertido en Centro Cultural González Gallo. El inmueble es elocuente testimonio de la arquitectura local; sobre ello, afirma un cronista laguense, que fue diseñado por el Arq. D. Guillermo de Alba, siendo una “pequeña gran obra de arte y es tal vez, el edificio más importante que diseñó el Arquitecto de Alba, después del Hotel Fénix de Guadalajara”.
También se debe acudir a la multicentenaria parroquia de San Francisco y al viejo palacio municipal, ahora local de cultura. Asimismo, debe presenciarse la nueva presidencia, que fuese décadas atrás un hotel afamado. Y muy cercas, está el punto cervecero donde triunfó el notable Mike Laure, de inolvidables éxitos musicales. Allí se prosigue un paseo por el muelle y luego se recorre el parque de la Cristianía.
El municipio de Chapala, ostenta dos nombramientos de enorme valía: tener el pueblo mágico de Ajijic, cuyo clima es aclamado como el segundo mejor del mundo entero, y el título de “SEÑORIAL E INSIGNE CIUDAD” que se otorgó a la cabecera municipal, por el “trabajo permanente, fructífero, generoso y ejemplar de integrantes de la sociedad civil al que se ha sumado la autoridad municipal de Chapala para la defensa, limpieza, redignificación y conservación del emblemático Lago de Chapala así como de la preservación y enriquecimiento de su legado cultural”. El galardón representa un homenaje para su población y sus autoridades, un orgullo y compromiso compartido también por todos los jaliscienses y aun los millares de visitantes que a diario disfrutan de los atractivos de Chapala y su entorno esplendoroso.

2 de Abril de 1867,  batalla de Puebla

Paty War

Feliz aniversario de la gloriosa batalla del 2 de abril de 1867 en Puebla, cuando mi General Porfirio Díaz derrotó al ejército imperialista comandado por el General Noriega.

Se trató de un hecho de guerra  muy osado. A las 2:45 de la madrugada, dividió a sus hombres en 17 columnas, tres de las cuales envió a atacar el ex convento del Carmen al sur, para distraer; mientras las otras avanzaron desde el oeste al Zócalo.

La batalla fue encarnizada y Díaz fue herido en el Cerro de San Juan, junto con su compadre Manuel González, que perdió un brazo y Carlos Pacheco, que perdió un ojo, una pierna y un brazo.

Para el medio día estaba tomada la plaza. Poco después mi General derrotó a Leonardo Márquez en San Lorenzo y entró a la CDMX sin disparar una sola bala, hecho que le causó la furia de Juárez.

Tristemente, en Puebla solamente quedan una plaquita dedicada a Juan Crisóstomo Bonilla, que luego fue gobernador de ese estado y una parte de la torre norte de la catedral, que está restaurada porque le tocó un cañonazo.

477 años de fundación Convento agustino de San Nicolás Tolentino


Es considerado como uno de los monumentos históricos más importantes del estado de Hidalgo, así mismo, desde el punto de vista arquitectónico y pictórico, constituye uno de los mayores ejemplos de arte novohispano del siglo xvi.
Se encuentra localizado en la ciudad deActopan, en el municipio homónimodentro del estado de Hidalgo, México.
Pertenece a los denominados “convento-fortaleza”, el complejo cuenta con un atrio con cruz atrial; una capilla abierta; una iglesia de una sola nave con una torre campanario, una sacristía, y unbaptisterio; un convento con un pórtico, un claustro, corredores de estudio,cocina, refectorio, caballerizas; y unahuerta, así como los restos de una enorme cisterna y aljibe para los usos de la comunidad.
Muestra una combinación de estilos arquitectónicoscomo: el Plateresco, el Mudéjar, elGótico, el Románico y el Renacentista; y después se agregaron elementos delNeoclásico y Barroco.
La fundación del convento se da en 1546 por la Orden de San Agustín, aunque oficialmente fue ordenada en 1548, la obra se le atribuye a fray Andrés de Mata.La construcción empezó en 1550 y para 1560 el conjunto ya se encontraba concluido.
Según el Diccionario universal de historia y de geografía, la ciudad de Actopan fue fundada el 16 de julio de 1546;
Aunque la fecha en que se celebra el aniversario de la fundación de la localidad corresponde al 8 de julio. La primera acta de bautismo en la Iglesia de Actopan de que se tiene noticia, está fechada el 8 de julio de 1546, fecha que coincide con la fundación del curato. En el mismo año Actopan fue elevado a la categoría de pueblo, encomendada a Rodrigo Gómez de parte de los agustinos.En un muro del claustro alto del se lee: “Este curato se fundó en el siglo 16. á 8 de julio de 1546. á los 24 á 10 meses y 25 días de la Conquista de Mejico, que fue en 13 de agosto de 1521”

Fuente: Virreinato de la Nueva España. Arquitectura.

El modernismo y Manuel Gutiérrez Nájera

Se le considera el dios del Modernismo literario en México. Perteneció a una familia de clase media. Sus padres fueron Manuel Gutiérrez de Salceda Gómez y María Dolores Nájera Huerta. Fue escritor y periodista durante toda su vida. Inició su carrera a los trece años, escribió poesía, impresiones de teatro, crítica literaria y social, notas de viajes y relatos breves para niños. El único libro que vio publicado en vida se tituló 𝘌𝘭 𝘋𝘶𝘲𝘶𝘦, una antología de cuentos a la que llamó 𝘊𝘶𝘦𝘯𝘵𝘰𝘴 𝘍𝘳á𝘨𝘪𝘭𝘦𝘴 (1883). Gran parte de su obra apareció en diversos periódicos mexicanos bajo multitud de seudónimos: «El Cura de Jalatlaco», «El Duque Job», «Puck», «Junius», «Recamier», «Mr. Can-Can», «Nemo», «Omega», que utilizaba para publicar distintas versiones de un mismo trabajo, cambiando la tu firma y jugando a adaptar el estilo del texto según la personalidad de que le proveía su firma.

Gustó de lo afrancesado y de lo clásico, habitual entre los intelectuales mexicanos y la alta sociedad de su tiempo. Nunca salió de México y en pocas ocasiones de su ciudad natal, pero sus influencias fueron escritores europeos como Musset, Gautier, Baudelaire, Flaubert y Leopardi. Siempre anheló unir el espíritu francés y las formas españolas en su obra.

Su madre, ferviente católica empeñada en que su hijo fuera sacerdote, le impuso la lectura de los místicos españoles del Siglo de Oro y la formación en el seminario, influencia que se vio compensada por la fuerte corriente positivista de la sociedad de la época que pugnaba en sentido contrario. Gutiérrez Nájera abandonó el seminario a los pocos años, y lo cambió por sus lecturas de San Juan de la Cruz, Santa Teresa y Fray Luis de León, autores que influirían en su obra, por los autores franceses del siglo y por la práctica cotidiana de la literatura en periódicos locales como 𝘌𝘭 𝘍𝘦𝘥𝘦𝘳𝘢𝘭𝘪𝘴𝘵𝘢, 𝘓𝘢 𝘓𝘪𝘣𝘦𝘳𝘵𝘢𝘥, 𝘌𝘭 𝘊𝘳𝘰𝘯𝘪𝘴𝘵𝘢 𝘔𝘦𝘹𝘪𝘤𝘢𝘯𝘰 𝘰 𝘌𝘭 𝘜𝘯𝘪𝘷𝘦𝘳𝘴𝘢𝘭. En 1894 fundó, con Carlos Díaz Dufoo, 𝘓𝘢 𝘙𝘦𝘷𝘪𝘴𝘵𝘢 𝘈𝘻𝘶𝘭, publicación que lideró el modernismo mexicano durante dos años.

FUENTE: Biblioteca Henestrosa

Templo y ex convento de San Andrés Mixquic

El templo y exconvento de San Andrés Apóstol de Míxquic es un conjunto arquitectónico religioso que se encuentra en San Andrés Míxquic, uno de los siete pueblos originarios de la delegación capitalina de Tláhuac (México). El edificio fue declarado monumento histórico en 1932 y está dentro de los bienes inscritos en el Catálogo de Monumentos Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México. En 1987 fue incluido en la zona de monumentos históricos de Xochimilco-Tláhuac-Milpa Alta decretada por el expresidente Miguel de la Madrid Hurtado en 1987. Este polígono es el núcleo del área chinampera declarada Patrimonio de la Humanidad por Unesco

La cristianización de Míxquic fue una tarea asignada a los agustinos, que fueron la tercera orden mendicante que llegó a Nueva España en 1533, después de los franciscanos y los dominicos. Sin embargo, es probable que ya algunos habitantes originarios hubieran sido cristianizados por los franciscanos, que pasaron por la localidad acompañando a los conquistadores en 1519. En 1536, los agustinos llegaron por primera vez a Míxquic, y ahí comenzaron la construcción del primer convento de la localidad. Se atribuye esta iniciativa a los frailes Jorge de Ávila y Jerónimo de San Esteban. Al parecer, el conjunto conventual fue consagrado a san Andrés Apóstol porque la principal actividad de los mixquicas era la pesca. Este edificio se cayó casi completamente al iniciar el siglo XVII como consecuencia de un terremoto que sacudió el sur del valle de México, sólo quedó en pie el campanario. La edificación que se observa en la actualidad fue concluida en 1563 y la fachada en 1620.Alrededor de 1668, Simon Pereyns realizaba los retablos del templo, de estos sólo se conservan algunas esculturas de madera estofada y el altar lateral dedicado a la Virgen de Guadalupe. La celebración del Día de los Muertos, dentro del panteón, es manifestación de una cultura propia que se expresa en esta tradición.

Es uno de los muy pocos atrio – panteón que existen en el país y de esta dimensión sin duda es el más grande.

Fuente: Virreinato de la Nueva España. Arquitectura.

CINCO CENTAVOS

Cinco centavos: un cuento de Patricia Rogel Benítez – «Aquella mañana, tenía dos opciones»

Cada día nos levantamos sin imaginar lo que nos deparará el destino, no tenemos ni la más remota idea de lo que pasará, hasta que, al volver a la cama por la noche, recapitulamos los acontecimientos del día. Eso fue lo que me pasó a mí. 

Ese parecía un domingo cualquiera, pero lo que voy a contar, marcó mi vida para siempre.

En aquella mañana, tenía dos opciones: quedarme en casa haciendo nada, o ir a escuchar misa, sobre todo hoy que recién había pasado mi cumpleaños.Hay que ser agradecidas, pensé. Este último año lo he librado con salud y trabajo, suficiente para sentirme tranquila.

Llegué a la iglesia caminando, observando el barrio donde vivo, un lugar tranquilo. Ese día circulaban pocos autos, los domingos son así: algunas mujeres mayores caminaban a paso lento para escuchar la misa dominical. 

Justo al entrar al patio de la iglesia sonaron las campanas del último aviso. El padre Ignacio ya estaba listo en la puerta para recibir a una jovencita con su vestido de gala. Haría su primera comunión. La madre sonriente, por un lado; el padre con la cámara fotográfica por el otro. 

Recordé ese tiempo cuando yo era niña.

Al entrar, busqué un lugar para sentarme. Todas las bancas estaban con dos o más personas, encontré un espacio en la cuarta banca del lado izquierdo.

Comenzó la participación musical del coro de la iglesia 

¡Qué alegría cuando me dijeron, vamos a la casa del señor, ya están pisando nuestros pies tus umbrales Jerusalén! 

Los feligreses cantábamos a coro respondiendo a la invitación para celebrar la homilía.

Miré hacia al enorme vitral de la iglesia: una bella imagen de la Virgen del Sagrado corazón de Jesús, cristales multicolor adornaban el recinto, en el altar, la Virgen cargando al niño. A la derecha un cuadro grande de la Virgen de Guadalupe; junto a ella una bandera de México, pueblo guadalupano, creyente, respetuoso de la solemnidad de la misa y de los sacramentos, como el que la niña recibiría en esta ocasión. 

Confieso que yo observaba la iglesia y no prestaba del todo atención a las palabras del padre. Mis ojos recorrían el lugar: una imagen de Jesús siendo bautizado por Juan el bautista, otra imagen de San Judas Tadeo… recorría con la mirada lo que disimuladamente podía observar. De pronto unos grandes ojos llamaron mi atención.

Era un niño que estaba en el lugar de adelante, en brazos de una niña. El pequeño, de unos dos años quizá, me miraba con sus ojos enormes y expresivos, tenía su carita sucia y las mejillas partidas de mugre. El cabello revuelto, rojizo, reseco, al igual que la niña que lo cargaba, todo indicaba que hacía tiempo esas caritas, esos cabellos, no tocaban ni el agua ni el jabón.

Intentaba escuchar la ceremonia, pero la inquietud del niño me distraía: se soltaba de los brazos de la niña que lo cargaba y ella lo dejaba sentarse en el suelo, el pequeño travieso se levantaba, hacía ruidos que llamaban la atención de los demás; la niña que estaba por recibir la comunión, sus padres, padrinos, e incluso el sacerdote, le miraban con gesto de enfado por el ruido que hacía.

La niña que cargaba al niño miraba a su alrededor, observando a la gente que los veía de reojo, rostros poco amables que hacían notar su malestar por los ruidos que los estaban distrayendo. Pero ella miraba hacia atrás, hacia la puerta de entrada del templo, como si buscara alguien.

¡Estate quieto! ¡Shhhh!», le decía la niña. 

¿Su hermana? Quizás buscaba a la madre de ella y del niño que llegaría en cualquier momento.

El pequeño se subía peligrosamente a la banca, se bajaba, jugueteaba, corría inquietamente, mordisqueaba el respaldo manoseado y sucio, pero los ruidos seguían distrayendo a todos ahí sin que la niña lograra calmarlo. 

De pronto, se hizo el silencio: el pequeño estaba sentadito sobre el cojín del reclinatorio, jugaba con algo.

Desde mi lugar, sólo veía la cabecita agachada mirando curioso algo que seguramente había encontrado en el piso.

La niña lo veía, pero también giraba su cabeza hacia la puerta de la entrada, su mirada cruzaba con la mía y con las demás personas que estaban junto a mí, agachando la cabeza cuidando al niño, pero quizá quien entraría por la puerta era de mayor interés para ella.

El pequeño subió a la banca, hincado, mirando hacia donde estábamos las tres personas detrás. ¡Oh no! el niño jugaba con una pequeña moneda de 5 o 10 centavos, se la ponía en la nariz, se la llevaba a la boca sin que la niña le dijera nada. Pensé para mí, “esta pobre criatura seguro encontró esa moneda en el suelo y la está chupando así, sucia”. 

Iba a comentarle algo a la jovencita, pero me interrumpió la intervención del padre que daba su sermón sobre el evangelio. No era un buen momento.

El pequeño inquieto, bajó de la banca con la moneda en la boca. Se hizo un breve silencio, salvo por los ligeros murmullos que se escuchaban entre la oración de los presentes. Todo en calma, todo en paz. 

Entonces se escuchó un ligero sonidillo: “hhhaaammmsss… hhhaaammmsss…”, una y otra vez.

Yo observé al niño que estaba recostado sobre el piso, haciendo muecas extrañas. Era él quien emitía el extraño sonido. “hhhaaammmsss…”. 

Observé nerviosa lo que pasaba noté que el ruido era porque no podía respirar, y entonces dije en voz alta, 

— ¡el niño se está ahogando! 

Toda la gente miró hacia nosotros. La niña se agachó para levantarlo, el niño emitía un sonido de ahogamiento: “hhhaaammmsss”. Me acerqué a la otra banca para ayudar, le quité al niño de los brazos y metí mi dedo índice en su boca intentando buscar el objeto que se había tragado. Se hizo el caos, la gente se acercó, no lograba extraerle nada. 

¡Un médico!, gritó alguien. 

La gente gritaba.

¡ayúdenle, se está ahogando!

Otra persona dijo: 

¡Se va a morir!

Alguien más gritó

¡Despejen, dejen que la mamá del niño le ayude, no estorben!

Pero no lograba sacarle nada. No había un médico en la iglesia, ni nadie que conociera de primeros auxilios. 

El niño tenía los labios azules. Intenté darle respiración de boca a boca, pero no sabía cómo hacerlo. El padre se acercó y dijo a todos: 

Tengan calma, ya hablamos a la Cruz Roja, llegara una ambulancia pronto.

Pero el niño boqueaba, agitaba los brazos, se esforzaba por respirar y sus ojos grandes se veían aterrados.

Miré a la niña, estaba llorando, le gritaba aterrada 

Juanito, ¿Qué te pasa? No me asustes. ¡Ay diosito ayúdame! 

Entonces la miré, con sus manos cruzadas implorando. Nadie ahí sabíamos que hacer y el niño se estaba ahogando.

Tome al niño en brazos y la mano de la niña, y dije a todos ahí, que alguien nos lleve a un hospital… 

Si… (dijo una voz femenina). Que se lo lleven para que la misa pueda continuar.

El sacerdote se acercó otra vez para darle la bendición al niño…

Un hombre que salió no sé de dónde, ofreció su auto para llevarnos, entre el nerviosismo, fuimos hacia el auto de un perfecto desconocido, un hombre con lentes y bigote es todo lo que recuerdo.

Salimos como pudimos de la iglesia, esquivando a la gente. 

¡Ay, pobre criatura, mira qué caras hace!, dijo una mujer mayor.

 Mamá ¿ese niño se va a morir?, escuché decir a una niña. 

El pasillo hacia la salida parecía eterno, todo transcurría como en cámara lenta.

El hombre al subir a su auto me preguntó:

¿A qué hospital vamos?

Al hospital del niño, está más cerca que la Cruz Roja, le dije.

¿Qué tiene Juanito, seño? me preguntó la niña.

A lo lejos escuchamos la sirena de la ambulancia.

Bajamos del auto, y enseguida los rescatistas tomaron al niño. El niño ya estaba inconsciente, escuchábamos que entre ellos murmuraban qué hacer, intentando reanimarlo, dando respiración cardio pulmonar, y nada.

Uno de los paramédicos dijo:

Nos vamos a la Cruz Roja, el niño tiene un atragantamiento, no debe esperar más, ¿Quién viene con el niño?

La niña, con la cara desencajada, levantó la mano. 

Le dije a la niña:

Yo te acompaño.

Subimos a la ambulancia. Íbamos a toda velocidad. La sirena, la angustia, el llanto de la niña, el niño inmóvil; fueron momentos de mucha angustia. Nunca había visto unos ojos de terror como los de esa niña, parecían salir de sus cuencos, se mordía las uñas, se jalaba el suéter, miraba angustiada lo que hacían los paramédicos, la miré bien, lucía más flaca de lo que había observado en la iglesia, sus mejillas se veían hundidas, sus labios estaban secos.

Al llegar a la estación de la Cruz Roja los paramédicos bajaron de inmediato. Al bajar la niña me preguntó: 

¿Qué le van a hacer?

Trata de calmarte, ellos lo atenderán, le dije.

El pequeño se perdió tras las puertas de urgencias, mientras una enfermera me preguntaba si yo era familiar del niño, a lo que señalé: 

Ella viene con el niño.

Se apartaron, le hicieron varias preguntas que ella contestó sin que yo lograra escuchar nada. La enfermera le dijo que tomara asiento y esperara.

La niña lloraba angustiada. Yo la abracé, le dije: 

Ten calma, ya lo están atendiendo.

¿Qué voy a hacer si se me muere? Me dijo acongojada.

¿Es tu hermanito?, le pregunté. 

No, es mi hijo. Me respondió. 

De pronto sentí una sensación helada por toda la piel. En su angustia y llanto se presentaron ante mí los rostros de la miseria, de la ignorancia, y del miedo.

¿Qué edad tienes? ¿Cómo te llamas? le pregunté. 

Me llamo Alma tengo 15 años. 

Me conmovió profundamente su expresión, mezcla de incertidumbre y pánico, mordía con nervios el puño de su suéter ya roído y sucio.

Pensé que era tu hermanito, te vi en la iglesia que mirabas constantemente hacia la puerta, ¿esperabas a alguien? ¿A tu mamá o alguien más que llegaría a la misa?, le pregunté. 

No, esperaba al papá de mi niño, él me dijo que llegaría a la misa para darme dinero, lo estaba esperando en la puerta de la iglesia desde temprano pero no llegaba, ya no tengo dinero para darle de comer.

Unos minutos más tarde una enfermera dijo en voz alta: 

Familiares de Juan Rojas. 

Alma se acercó y entró rápidamente.

Me levanté para preguntarle a la enfermera que pasaba con el niño.

Todavía no terminan, si es necesario le abrirán la garganta. Pobrecito bebé, muestra signos de desnutrición, y la mamá otro tanto, ¿Eh? ¿Usted los conoce?

Le respondí que no. Le expliqué que estábamos en la iglesia, cuando el niño se atragantó con la algo. 

Sí, me dijo. La mamá le dio una monedita para que se quedara calladito, eso me dijo. Qué muchachita, mire que darle una moneda a un bebé para que se quede quieto, ¿Qué no piensa?

Se esfumó con su sentimiento de enfado. No hice ningún comentario a sus palabras frías, no comprende que Alma es casi una niña.

Media hora más tarde salió Alma, llorando en silencio. Me acerqué enseguida para preguntarle que pasaba. 

Se me murió, se ahogó, me dijo el doctor. Se ahogó por la moneda que yo le di, se le atoró en la garganta y ya no pudo respirar, se murió, yo tuve la culpa. 

Intenté darle un abrazo, pero no me dejó. Entre su llanto había una mirada de dolor y enfado. 

Esa moneda, esa moneda era todo el dinero que llevaba y mató a mi bebé, a mi Juanito mechudo, a mi niñito que quería galletas y yo no tenía dinero, él iba a llegar para darme dinero, para comprarle leche y comida. 

Se soltó llorando con miedo. 

¡Yo qué iba a saber que se comería esa moneda!

Sentí un vértigo de emociones, fue un golpe en seco a mi estómago, una indignación por la miseria humana, por la irresponsabilidad del padre, por la ignorancia de la madre, por la indolencia de todos, por la vida vulnerable de un niño pequeño. Una vida corta, sin destino.

¡Alma… pobre niña! un alma pobre, ignorante, un alma sola, con hambre, con miedo y con furia.

Mientras le entregaban el cuerpecito de Juanito, caminé con ella en la calle, miramos las nubes, después sus zapatos rotos y su suéter luido.

Llorando le dije:

Ven Alma, hay

 mucho por hacer

Pensé en silencio: El dolor de una sola persona, debería ser el dolor de todos.

Patricia Rogel Benítez, mexicana, contadora pública y amante de la lectura. Fundadora de “El Club de la Lectura” de divulgación literaria, con más de 43 mil miembros de todo el mundo y miembro del consejo editorial del Podcast “El Buen Cruel”.

Un éxito el I Congreso Nacional Cristero convocado en Sahuayo por Abogados Cristianos

Juan Bruno Hernández *colaborador

Sahuayo 21 de octubre de 2023.- Se llevó a cabo el I congreso nacional cristero en esta ciudad, que convocó a la sociedad civil, que se congregó en la casa social de la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús. Al acto inaugural se dieron cita el Alcalde de Sahuayo, el doctor Manuel Gálvez Sánchez, así como también el diputado federal Rodrígo Sánchez Zepeda, y el señor cura del Sagrado Corazón, Manuel Zendejas, que hablaron sobre este congreso y la revolución cristera y la oportunidad de conocer más del tema, así como el compromiso de los católicos en la lucha por la libertad de creencia y de culto.

Una serie de ponencias se hicieron a lo largo del día, así como la presencia de testigos presenciales de la gesta cristera; se dieron cita organizaciones de la sociedad civil, se ofrecieron al público souvenirs, libros y recuerdos. Seis conferencias magistrales se tuvieron, la primera fue del Padre Luis Laurean sobre San José Sánchez del Río, posteriormente se hizo la ponencia, Panorama Nacional en la Cristeada por el Maestro Guillermo Torres; luego el Panorama Guanajuato por Saúl Manuel, así como el Panorama Jalisco por Francisco Sánchez y finalmente el Panorama Michoacán por el historiador Francisco Gabriel Montes Ayala.

Así mismo el Lic. Carlos Ramírez, director Jurídico en México de la Asociación de Abogados Cristianos, presentó la iniciativa de Memoria Histórica de la Cristeada, para su aprobación en el poder legislativo de México. Participaron Caballeros de Colón; Asociación de Cronistas Jalisco-Michoacán; Guardia Nacional Cristera; Guardia Cristera de Michocán sede Región Ciénega de Chapala; Vasallos de Cristo Rey y otras organizaciones como Promo Radio.

Al final, se realizó la misa y una peregrinación del Sagrado Corazón, a Cristo Rey y luego a la ruta del martirio, cerca del panteón municipal con las reliquias de mártires, como San José Sánchez González, y del beato Anacleto González Flores y otros mártires de la guerra cristera en México.

Hablemos hoy de: El retrato de Dorian Gray

Paty Rogel

La única novela escrita por el escritor irlandés, Oscar Wilde, quien tuvo una prolífica obra como dramaturgo y cuentista.


Esta obra es una novela filosófica que representa la obsesión sobre el poder de la juventud y la belleza. Es, al mismo tiempo, una reflexión sobre la naturaleza del arte y la estética.


Publicada por primera vez en 1890, «El retrato de Dorian Gray», narra la amistad y experiencias entre el pintor Basil Hallway luego de que retrata a Dorian Gray. La obra comienza con un prefacio filosófico que bien vale analizar.


«El vicio y la virtud son los materiales del artista. Desde el punto de vista de la forma, el modelo de todas las artes es el arte del músico. Desde el punto de vista del sentimiento, el modelo es el talento del actor».

Posteriormente, en el primero y segundo capítulos está la clave de toda la trama. Lord Henry Wotton induce al joven y apuesto Dorian Gray al hedonismo y le abre los ojos ante la brevedad de la juventud. Basil imprime en el lienzo su obsesión y adoración por la belleza de Dorian y lo baña en halagos. Inquieto por aquellas ideas, Dorian Gray se entristece al ver el retrato terminado:


«–Sentémonos a la sombra –dijo lord Henry–. Parker nos ha traído las bebidas, y si se queda usted más tiempo bajo este sol de justicia se le echará a perder la tez y Basil nunca lo volverá a retratar. No debe permitir que el sol lo queme. Sería muy poco favorecedor».
«¡Qué triste resulta! ―murmuró Dorian Gray, los ojos todavía fijos en el retrato―. Me haré viejo, horrible, espantoso. Pero este cuadro siempre será joven. Nunca dejará atrás este día de junio… ¡Si fuese al revés! ¡Si yo me conservase siempre joven y el retrato envejeciera! Daría…, ¡daría cualquier cosa por eso! ¡Daría el alma!»
«La gente dice a veces que la belleza es sólo superficial. Tal vez. Pero, al menos, no es tan superficial como el pensamiento. Para mí la belleza es la maravilla de las maravillas. Tan sólo las personas superficiales no juzgan por las apariencias. El verdadero misterio del mundo es lo visible, no lo que no se ve… Sí, señor Gray, los dioses han sido buenos con usted».

Poco después, el pintor Basil Hallway envía el retrato a casa de Dorian, al sentir que había puesto demasiado de su alma en él, y que, por lo tanto, era incapaz de destinarlo a una exposición.
Dorian Gray se enamora de la joven y bella actriz Sibyl Vane. Desde que la conoce, asiste todas las noches al teatro para verla actuar en diferentes obras, todas ellas de Shakespeare. El joven decide invitar a sus amigos, Basil y lord Henry, al teatro para que la conozcan. Pero aquella noche, Sibyl actúa pésimamente en el rol de Julieta, haciendo que la mitad del público, incluyendo a los invitados de Dorian, se retirasen antes de terminar.


Dorian visita a Sibyl tras bastidores después de la función y le reclama. Sibyl, le explica que, al haber conocido el verdadero amor, no lograba representarlo mediante personajes falsos, menos personificados por malos actores. El joven, furioso, le dice que con esa mala actuación había matado su amor, y termina la relación abruptamente.


Ya en su casa, Dorian se detiene a observar con atención su retrato. Al fijar la mirada, nota un cambio casi imperceptible en el canto de la boca: parecían las marcas de una sonrisa cruel. Es la primera vez que sospecha que su deseo podría haberse convertido en realidad. Con miedo de las consecuencias, esconde el cuadro.


«Después de quitarse la flor que llevaba en el ojal de la chaqueta, pareció vacilar. Finalmente regresó a la biblioteca, se acercó al cuadro y lo examinó con detenimiento. Iluminado por la escasa luz que empezaba a atravesar los estores de seda de color crema, le pareció que el rostro había cambiado ligeramente. La expresión parecía distinta. Se diría que había aparecido un toque de crueldad en la boca. Era, sin duda, algo bien extraño».

Al día siguiente, Dorian lamenta lo sucedido, y decide disculparse con Sibyl y cumplir su promesa de casamiento. Pero, en una visita, lord Henry le comenta que Sibyl ha muerto. En efecto, la joven se suicida al beber un vaso con materiales tóxicos, lo que despierta la sed de venganza de su hermano, James Vane.


Para consolar a Dorian, lord Henry le presta un libro sobre los pecados del mundo en diferentes épocas. El protagonista era un “parisino con temperamento romántico y científico extrañamente combinados”, y “contenía la historia de su vida, escrita antes de que él la hubiera vivido.”


Dorian tomó el libro como un manual. Entre tanto, los estragos físicos de su estilo de vida y sus acciones, cada vez más viles, eran absorbidos por su retrato, guardado a llave en el sótano. Hasta los 38 años, Dorian había logrado mantener su inmaculada belleza y juventud, con la cual provocaba a los otros a disfrutar del placer sin consecuencias, arrastrándolos hacia su ruina final.


«Dejándose caer sobre una silla empezó a pensar. De repente, como en un relámpago, se acordó de lo que dijera en el estudio de Basil Hallward el día en que el pintor concluyó el retrato. Sí; lo recordaba perfectamente. Había expresado un deseo insensato: que el retrato envejeciera y que él se conservara joven; que la perfección de sus rasgos permaneciera intacta, y que el rostro del lienzo cargara con el peso de sus pasiones y de sus pecados; que en la imagen pintada aparecieran las arrugas del sufrimiento y de la meditación, pero que él conservara todo el brillo delicado y el atractivo de una adolescencia que acababa de tomar conciencia de sí misma. No era posible que su deseo hubiera sido escuchado. Cosas así no sucedían, eran imposibles. Parecía monstruoso incluso pensar en ello. Y, sin embargo, allí estaba el retrato, con un toque de crueldad en la boca».

Con el tiempo, Dorian gana una terrible reputación. Tras años sin verlo, el pintor Basil Hallway recrimina a Dorian ante los comentarios de la gente. Dorian le dice que es su culpa y lo lleva a ver el cuadro. Basil se horroriza ante la terrible imagen y arrastra a Dorian al escritorio para rezar por su absolución. Pero Dorian, tras un impulso irresistible, apuñala a Basil a traición.


«En una ocasión, alguien que le había amado apasionadamente le escribió una carta que concluía con esta manifestación de idolatría: «El mundo ha cambiado porque tú estás hecho de marfil y oro. La curva de tus labios vuelve a escribir la historia». Aquellas frases le volvieron a la memoria, y las repitió una y otra vez. Luego su belleza le inspiró una infinita repugnancia y, arrojando el espejo al suelo, lo aplastó con el talón hasta reducirlo a astillas de plata. Su belleza le había perdido, su belleza y la juventud por la que había rezado».


Dorian se deshace de todas las pruebas que lo incriminan. Meses más tarde, con la conciencia intranquila, decide dar un último paso para su liberación: matar la obra y «todo lo que significaba». Así, toma el puñal con el que había matado a Basil y atraviesa el lienzo. Dorian cae al suelo dando grandes alaridos. Cuando los criados suben a la habitación, el cuerpo de un viejo yace en el suelo con un puñal en el corazón.


«En el interior encontraron, colgado de la pared, un espléndido retrato de su señor tal como lo habían visto por última vez, en todo el esplendor de su juventud y singular belleza. En el suelo, vestido de etiqueta, y con un cuchillo clavado en el corazón, hallaron el cadáver de un hombre mayor, muy consumido, lleno de arrugas y con un rostro repugnante. Sólo lo reconocieron cuando examinaron las sortijas que llevaba en los dedos».

Esta bella obra representa una tensión entre la moral y el hedonismo. Pero esta no es la única cuestión, ni se presenta aisladamente. Wilde convierte el retrato de Dorian Gray en un símbolo del arte como espejo de las acciones de los hombres. De manera que el efecto estético: el amor por la belleza física aparece acompañado de una significación moral, a la cual seguirá la autoconciencia.


«Quienes descubren significados ruines en cosas hermosas están corrompidos sin ser elegantes, lo que es un defecto. Quienes encuentran significados bellos en cosas hermosas son espíritus cultivados. Para ellos hay esperanza». (Prefacio).

¿Qué representa Dorian? Representa el exceso del esteticismo y del hedonismo. ¿Qué lo impulsa?


A Dorian Gray se le plantea este conflicto existencial desde que tiene conocimiento de la muerte inminente, pero es lord Henry quien despierta en él el horror a la muerte y, más aún, a envejecer…
El proceso al que asistimos con el personaje de Dorian Gray es, ciertamente, un proceso de envilecimiento impulsado por el temor ante la muerte inevitable, pero sobre todo ante la pérdida de la belleza, fuente de su poder e influencia social.
Así pues, Wilde introduce una cuestión compleja: el poder simbólico que deriva de la relación entre la belleza y la juventud.


Dorian Gray, cuya belleza y juventud despierta la admiración de todos, desdibuja su humanidad sin que nadie pueda percibirlo.


Por medio de la reflexión estética, Oscar Wilde logra interrelacionar la moral, el hedonismo, el poder, la juventud, la belleza y la condición humana y psicológica en una pieza maestra, una obra de arte por excelencia, un clásico de la literatura universal.


«El artista es creador de belleza. Revelar el arte y ocultar al artista es la meta del arte». (Prefacio).

El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde.


Novela gótica


Un clásico de la Literatura universal.
Magnifico.

Zona Arqueológica de Huandacareo, en el lago de Cuitzeo, Michoacán.

Huandacareo o La Nopalera está emplazado sobre una loma al noroeste del lago de Cuitzeo. Una de sus características principales es que para su construcción fue necesario acondicionar el suelo mediante muros de contención, así como mover una significativa cantidad de material de relleno. Se trata de un destacado ejemplo de aprovechamiento del terreno, pues los muros que se observan, sobre todo en el sector suroeste, aunque parecieran no tener sentido, evitan que la superficie así obtenida no colapse por el peso. Todo ello implica, además, que para la obtención de estos espacios fue preciso movilizar una cantidad importante de mano de obra. A partir de los trabajos arqueológicos se ha establecido que la zona tuvo al menos dos momentos de ocupación, ambos muy distintos entre sí.

Durante el primer periodo La Nopalera fue un típico asentamiento del lago de Cuitzeo, es decir, un poblado pequeño que no se encontraba ligado a un señorío o ciudad que concentrara el poder en la región. No obstante, en el sitio observamos elementos que nos indican la adopción de elementos arquitectónicos del Bajío, como el patio hundido y diversas cerámicas decoradas.

Asimismo, en las tumbas localizadas en el sector suroeste se descubrieron cerámicas con decoración y motivos de inspiración teotihuacana, y algunos de los individuos ahí sepultados estaban ataviados como personajes de esa gran urbe del centro de México. Lo anterior indica que la región era un crisol donde convivían diferentes tradiciones culturales, pero manteniendo una identidad propia.

Ya entrado el segundo milenio, La Nopalera funge como un sitio administrativo del Señorío Tarasco. A partir de ese momento se observan una serie de modificaciones en los espacios y formas de sepultar a los muertos, al tiempo que aparecen nuevas tecnologías, como el trabajo del cobre. El registro arqueológico señala que el lugar pasó por un periodo de abandono y posteriormente fue modificado por sus nuevos moradores.


FUENTE: Mediateca del INAH, contenido y Fotos. D.T.A. del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México.

Templo y Convento Agustino de Copandaro de Galeana Michoacan.

En la segunda mitad del siglo XVI, es evangelizado por la orden religiosa de los agustinos, destacando la labor de Fray Gerónimo de Magdalena, quien después de organizar a la población, dirigió la construcción de un templo entre los años 1560 y 1567. Años más tarde, los agustinos edificaron su convento.

Como en casi todos los conventos agustinos, el templo de Copándaro es una nave sin capillas.

Su cubierta es una bóveda, pero cabe aclarar que no es de cañón en el sentido estricto de la palabra, ya que no es derivada de un arco de medio punto exactamente, sino de un arco de más de cuatro puntos. El fuerte empuje lateral que tiende a separar a los muros que soportan a este tipo de bóvedas se suele contrarrestar con la construcción de contrafuertes, tal como se hizo en el caso de Copándaro. Además de la función constructiva de los contrafuertes, éstos contribuyen a resaltar la apariencia masiva y la verticalidad de su volumen rectangular y de su ábside semicircular.Como sabemos, una de las características distintivas de la arquitectura conventual de los

agustinos es el uso de almenas como remate de sus muros. Copándaro es un ejemplo de esas edificaciones almenadas, que nos recuerdan los castillos medievales.

La torre del templo está formada por tres cuerpos, el primero es un prisma rectangular que rebasa en altura ligeramente los muros del templo; el segundo cuerpo, separado por una cornisa, del primero, es un volumen cuadrado con dos vanos de medio punto, este se remata en el tercero que es un cuerpo circular techado con una pequeña cúpula.

La fachada: En concordancia con la decoración del claustro, la fachada presenta una clara tendencia plateresca tanto en sus columnas como en general en su composición geométrica en general.

El Claustro: El claustro es el componente distintivo de los conventos, etimológicamente significa lugar cerrado.

En Copándaro se encuentra adosado al muro norte del templo. Se conforma por un patio cuadrado en posición central, delimitado por un corredor perimetral porticado.

El claustro es uno de los espacios más interesantes del conjunto, los cronistas de la época virreinal lo comparan estéticamente con el de Cuitzeo que es considerado uno de los mejores

conventos agustinos de la antigua Provincia de Michoacán.

FUENTE: Virreinato de la Nueva España. Arquitectura. Publicado en Facebook, el 29 de agosto de 2023.