Monasterio de San Nicolás Tolentino en Actopan, belleza colonial.

A 477 años de su fundacion: El Templo y exconvento de San Nicolás de Tolentino es un antiguo convento agustino del siglo XVI; es considerado como uno de los monumentos históricos más importantes del estado de Hidalgo, así mismo, desde el punto de vista arquitectónico y pictórico, constituye uno de los mayores ejemplos de arte novohispano del siglo XVI.


Se encuentra localizado en la ciudad de Actopan, en el municipio homónimo dentro del estado de Hidalgo, México.
Pertenece a los denominados “convento-fortaleza”, el complejo cuenta con un atrio con cruz atrial; una capilla abierta; una iglesia de una sola nave con una torre campanario, una sacristía, y un bautisterio; un convento con un pórtico, un claustro, corredores de estudio, cocina, refectorio, caballerizas; y una huerta, así como los restos de una enorme cisterna y aljibe para los usos de la comunidad.
Muestra una combinación de estilos arquitectónicos como: el Plateresco, el Mudéjar, el Gótico, el Románico y el Renacentista; y después se agregaron elementos del Neoclásico y Barroco.


La fundación del convento se da en 1546 por la Orden de San Agustín, aunque oficialmente fue ordenada en 1548, la obra se le atribuye a fray Andrés de Mata. La construcción empezó en 1550 y para 1560 el conjunto ya se encontraba concluido.
Según el Diccionario universal de historia y de geografía, la ciudad de Actopan fue fundada el 16 de julio de 1546;
Aunque la fecha en que se celebra el aniversario de la fundación de la localidad corresponde al 8 de julio. La primera acta de bautismo en la Iglesia de Actopan de que se tiene noticia, está fechada el 8 de julio de 1546, fecha que coincide con la fundación del curato. En el mismo año Actopan fue elevado a la categoría de pueblo, encomendada a Rodrigo Gómez de parte de los agustinos.En un muro del claustro alto del se lee: “Este curato se fundó en el siglo 16. á 8 de julio de 1546. á los 24 á 10 meses y 25 días de la Conquista de Mejico, que fue en 13 de agosto de 1521”

Fuente: Virreinato de la Nueva España. Arquitectura. Página de Facebook.

La historia del Birote

Alonso Israel Salazar Rodarte. Portal Sucedió en Guadalajara.


Camille Pirotte, de origen belga, era el panadero de uno de los batallones franceses que arribaron a Guadalajara (el 6 de enero 1864), en el Estado de Jalisco, en México. Se incorporó como voluntario al Ejército de ocupación de los franceses, cuando las tropas imperiales ocuparon la ciudad de Guadalajara.

No se puede decir que la ciudadanía recibió a los franceses con alegría, pero sí con tranquilidad, porque en los meses anteriores la ciudad había cambiado de mando varias veces y cuando la ocupaban los liberales mataban a muchos tapatíos conservadores y posteriormente, cuando la ocupaban los conservadores, hacían lo mismo con los liberales.

El general francés Camille aprovechó la tranquilidad de la población para ganarse su confianza, siguiendo instrucciones del emperador que le pidió enseñarles a los tapatíos los oficios que ellos sabían, de acuerdo con los conocimientos de la tropa, como la fabricación de muebles, clases de música y la elaboración de pan.

El sargento cocinero, de apellido Pirotte, fue el encargado de enseñarles la manera de elaborar el pan. Sin embargo, como las clases se llevaban a cabo en los cuarteles del invasor, no acudían muchos alumnos con el temor de que sus conocidos los consideraran traidores.

Para atraer más alumnado rentaron un local en la Avenida Vallarta, cerca del Parque Revolución que en aquella época quedaba en la periferia de la ciudad.

En este lugar se incrementó el alumnado, pero el inconveniente era que no encontraban la “levadura” para elaborar el pan; entonces Pirotte hizo varias pruebas con la misma masa con la que elaboraba el pan, la dejaba podrir, sin saber que al echarse a perder se fermentaba, de esta manera encontró la fórmula de la levadura que se utiliza para leudar el pan.

Aparte de las clases, tenían a la venta el pan. Pirotte se hizo muy popular, ya que —por órdenes del comandante— el pan que no se vendía después de 48 horas lo regalaban a la población. En esa época había tanta pobreza que al enterarse que regalaban el pan las filas eran enormes.

No se tiene la fecha de cuándo al pan se le llamó “birote”; sin embargo, se menciona que entre ellos (la gente) se preguntaban: “¿A donde vas?”. Respondían: “Al pan con Pirote” (se pronuncia Pirot); al no poder pronunciarlo terminó en “Birote”.

Cuando terminó la guerra, después del fusilamiento de Maximiliano, por la labor que había realizado el sargento Pirotte —al igual que otros prisioneros a los que dejaron libres—, le ofrecieron quedarse en México o irse a Veracruz para regresar a su patria, una especie de indulto.

Pirotte optó por otra posibilidad, irse al puerto de San Gerónimo en el Pacífico, ya que tenía información de que un barco belga hacía el recorrido Amberes San Francisco y pasaría por el puerto (lo que hoy es Lázaro Cárdenas), para que abordaran los ex soldados imperiales.

Sin embargo, el barco nunca llegó y Pirotte desalentado regresó a Guadalajara para casarse con su antigua novia, una tapatía de apellido García.

El Pirotte desapareció por el temor de que lo fueran a detener y optó por el apellido de su esposa. El ingeniero Néstor Pirotte menciona que encontró a un descendiente de Pirotte de 95 años que tiene un negocio cerca de la Minerva; sin embargo, él no tenía idea de que Pirotte fuera su pariente por el cambio de apellido.

Ya instalado, Pirotte continuó con el negocio de la panadería cerca de una cárcel por la Avenida Vallarta. Néstor Pirotte investigó en Bruselas, en el museo de armas, que efectivamente Pirotte había estado en Guadalajara. Tanto el ingeniero Néstor como el panadero Pirotte son de la misma ciudad, Verviers, en Bélgica, sin ser parientes.

Menciona finalmente que Pirotte el cocinero no pertenecía a la corte de Maximiliano, como se ha informado en la historia del “birote”.

La visión futura también de Julio Verne

Verne predijo algo parecido a internet en una obra inédita poco conocida llamada “París en el siglo XX”.  Y no fue publicada en su época a causa de su concepción catastrófica de la vida y la sociedad, curiosamente, muy similar a la actual. Verne también imaginó la televisión y el helicóptero, así como la subida al poder del Nacional socialismo en la figura de Hitler.

El primer submarino fue otra de sus fantasías hechas realidad. El maravilloso Nautilus de “20.000 leguas de viaje submarino” no sólo deslumbró a los lectores por su originalidad, sino también por la autosuficiencia del aparato que permitía vivir en el mar sin tocar tierra firme. Aunado a la sabiduría del Capitán Nemo y sus aventuras.

Sin embargo, son sus obras “De la Tierra a la Luna” y “Alrededor de la Luna”, las que han cimentado la fama profética de Verne. En ellas el escritor brinda detalles precisos que, posteriormente, dejaron pasmados a los expertos cuando el hombre puso por primera vez el pie en la Luna. En esas novelas Verne eligió a Estados Unidos como país financiador del proyecto y al estado de Florida para el lanzamiento; un lugar muy próximo a Cabo Cañaveral. Y aún más: en la novela, el aterrizaje también se produce en el mar, a escasas cuatro millas del lugar en el que amarizó el Apolo 11. Tanto la velocidad de la cápsula como sus dimensiones se aproximan mucho a las reales de aquel Apolo 11 tripulado, también por tres astronautas…

Todo esto demuestra que Verne fue un pozo de ciencia. Aunque también existe la creencia de que formó parte de una milenaria sociedad secreta (la masonería) y tuvo acceso a datos que muy pocos hombres conocían. Su atracción hacia la criptografía quedó plasmada en muchas de sus obras y hay quien encuentra un mundo oculto y esotérico incluso en los nombres de sus personajes.

Creditos: Misterios del Mundo

La Alhóndiga de Granaditas, edificio histórico de Guanajuato.

Francisco G. Montes * Cronista

Alhóndiga «de Granaditas» en la ciudad de Guanajuato, Guanajuato. Es u edificio emblemático de rara belleza.

La construcción se inició en 1796, por orden del virrey Miguel de la Grúa Talamanca de Carini y Branciforte,, conocido más bien por el último de sus apellidos; la obra arquitectónica fue proyectada por el arquitecto José del Mazo y Avilés.

Los encargados de los trabajos fueron el maestro Juan de Dios Trinidad Pérez y Francisco Ortiz de Castro. Fue concluida el 7 de noviembre de 1809.

Su fin principal era el almacenaje de granos, para ser un almacén que pudiera satisfacer la demanda de granos en la ciudad de Guanajauato.

La historia nos recuerda que la finalidad para lo que fue construida duró poco, ya que a los pocos meses, en septiembre de 1810, la ciudad fue tomada por los insurgentes bajo el mando de don Miguel Hidalgo; la toma de la alhóndiga fue un acontecimiento traumatismo, debido a que allí perecieron muchos ciudadanos españoles residentes en la ciudad, que fueron masacrados por los insurgentes.

En este edificio, en sus cuatro vértices de las bardas del cuadrilongo, colgaron las cabezas de los primeros jefes insurgentes desde 1811 que fueron fusilados, hasta el año de 1821.

Maximiliano emperador embalsamado.


Dhyana A. Rodríguez


El encargado del embalsamamiento fue el doctor Licea, si bien se permitió que el doctor Basch estuviera presente, además del doctor Szender, quien había venido con el barón de Magnus desde San LuidsPotosí, trayendo sustancias para el proceso (éste último, finalmente, sí ayudó).
Por los numerosos tiros en el cuerpo, no pudieron embalsamar a Maximiliano con la técnica moderna de ese tiempo que era a través de inyecciones con sustancias, así que hicieron una combinación de eso, y la técnica egipcia, para lo cual, tuvieron que sacar todas las víseras, desecándolas y poniéndolas en vasijas. También le pusieron ojos de vidrio de color negro.
Antes del proceso, Lícea encontró al cuerpo totalmente desnudo en la Iglesia, con las ropas ensangrentadas a un lado (las cuales pidió el fotógrafo Aubert permiso de fotografiar) y viendo que ya no era posible volver a usar las mismas, pidió al gobierno que le proporcionaran otra ropa. El gobierno le dijo que no había dinero para eso y Lícea trajo entonces de su propia ropa para vestirlo cuando ya estuviese embalsamado.
Hizo también una máscara de yeso de su rostro la cual, junto con parte de la ropa de la ejecución y algunos cabellos, pretendió vender a la princesa de Salm Salm alegando que lo hacía porque no le habían pagado y además él había tenido que dar su ropa. La princesa de Salm Salm denunció esto a Juárez y tales objetos fueron confiscados.
El cadáver quedó no tan bien, pero quedó, no desprendía ningún olor y fue puesto en un ataúd al que por desgracia después se le rompió un vidrio, debido a que uno de los soldados recargó su fusil en él para verlo. No se dieron cuenta de la rasgadura y así fue trasladado a la ciudad de México. En el camino, cayó en un manantial y le entró agua, lo cual echó a perder parte del embalsamamiento, así que en la ciudad de México, encargaron que le hicieran otro.
Así pues, en la capilla de San Andrés (hoy demolida), que fue su última morada en México, se hizo de nuevo el proceso, teniendo que colgar al cadáver de una lámpara para que escurriera todo el líquido, y luego se volvió a empezar. Se le vistió entonces de general, y se le metió en un triple ataúd, para que ya no sucedieran más accidentes.

Foto histórica de cristeros, años después.

En los años sesenta se reunieron un grupo de cristeros entre Jefes y oficiales y ex combatientes en la hacienda de Las Puentes, del municipio de Jiquilpan, propiedad de la familia Gálvez; fotografía proporcionada por Alfredo Vega de Sahuayo, Michoacán.

De izquierda a derecha 1 Alfredo Galvez Villaseñor, 2 Salvador Gálvez, 3 Jose Luis Herrera, 4 Adan Gálvez, 5 Aurelio Gómez Gálvez, 6 Guillermo Sánchez del Rio, 7 Bernardo González Cárdenas, 8 Jesús Gómez Galvez, 11 Miguel Sánchez del Rio, Hernano de joselito. 12 General Cristero Ignacio de Jesús Sánchez Ramirez, 14 Gollo Galvez,15 Luís Gonzalez y González, 16 padre Federico Gonzalez Cárdenas,17 Manuel Galvez, 19 José Gomez Gálvez, 20 Miguel Picazo, hermano de Rafael Picazo, 21 Don Luís Luna, 23 José Anaya, 25 Jesus Galvez Riquitus.

Jefes, oficiales y combatientes cristeros años después

El edificio de la Fonoteca Nacional historia colonial

La Casa Alvarado es la sede de la Fonoteca Nacional, un edificio del siglo XVIII construido con influencia andaluza y morisca declarado monumento histórico por la Dirección de Monumentos Coloniales el 27 de abril de 1932. Dicho inmueble, pese a las creencias populares, no guarda relación con Pedro de Alvarado. Hasta 1904 llevó el nombre de Quinta Rosalía, pero una de sus dueñas encontró el apellido Alvarado en los documentos antiguos de propiedad del inmueble y decidió poner el nombre de Casa Alvarado al exterior de la casa.
Previamente, el inmueble ha tenido diversas funciones: biblioteca de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, librería de la Secretaría de Educación Pública, sede de la Enciclopedia de México, de la Dirección de Estadística, y de la Fundación Octavio Paz. Asimismo, de diciembre de 1997 a abril de 1998, fue residencia de Octavio Paz y falleció en el inmueble.
El 4 de agosto de 2004, la Secretaría de la Función Pública cedió —en calidad de comodato— la Casa Alvarado al Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, para ser la sede de la Fonoteca Nacional. En septiembre de 2005 iniciaron las labores de restauración en las que especialistas (arquitectos, historiadores y restauradores) le devolvieron sus condiciones arquitectónicas y colores originales. Además, se rehabilitó su jardín histórico gracias al proyecto del arquitecto holandés Keess Van Roij quien le devolvió la vegetación característica de Coyoacán.

Fuente: Virreinato de la Nueva España. Arquitectura.

Palabra de Honor. Carlos Fuero y el general Severo del Castillo

Carlos Fuero.


En el año de 1892 murió don Carlos Fuero. Una calle en la ciudad de Saltillo, Coahuila, una en Parral y en la capital de Chihuahua, llevan su nombre. La historia es digna de ser conocida por ustedes, mis queridos amigos. A la caída de la ciudad de Querétaro, quedó prisionero de los «Juaristas», el General don Severo del Castillo, Jefe del Estado Mayor de Maximiliano. Fue condenado a muerte, y su custodia se encomendó al Coronel Carlos Fuero. La víspera de la ejecución del general don Severo del Castillo, dormía el Coronel Fuero, cuando su asistente lo despertó. El General del Castillo, le dijo, deseaba hablar con él. Fuero, se vistió de prisa y acudió de inmediato a la celda del condenado a muerte. No olvidaba que el Gral. don Severo del Castillo, había sido amigo de su padre.


– Carlos – le dijo el General, – perdona que te haya hecho despertar. Como tú sabes me quedan unas cuantas horas de vida, y necesito que me hagas un favor. Quiero confesarme y hacer mi testamento. Por favor manda llamar al padre Montes y al licenciado José María Vázquez.


– Mi General – respondió el Coronel Fuero, – No creo que sea necesario que vengan esos señores.
– ¿Cómo? – se irritó el General Del Castillo. – Deseo arreglar las cosas de mi alma y de mi familia, ¿y me dices que no es necesario que vengan el sacerdote y el notario?
– En efecto, mi General – repitió el Coronel republicano. – No hay necesidad de mandarlos llamar. Usted irá personalmente a arreglar sus asuntos y yo me quedaré en su lugar hasta que usted regrese.
El General Don Severo se quedó estupefacto. La muestra de confianza que le daba el joven Coronel Fuero,era extraordinaria.
– Pero, Carlos – le respondió emocionado. – ¿Qué garantía tienes de que regresaré para enfrentarme al pelotón de fusilamiento?
– Su palabra de honor, mi General – contestó Fuero.
– Ya la tienes – dijo don Severo abrazando al joven Coronel.
Salieron los dos y dijo Fuero al encargado de la guardia: – El señor General Del Castillo, va a su casa a arreglar unos asuntos. Yo me quedaré en la celda en su lugar como prisionero. Cuando él regrese me manda usted a despertar.
A la mañana siguiente, cuando llegó al cuartel el superior de Fuero, General Sóstenes Rocha, el encargado de la guardia le informó de todo lo sucedido.
Corriendo fue Rocha a la celda en donde estaba Fuero y lo encontró durmiendo tranquilamente. Lo despertó moviéndolo.
– ¿Qué hiciste Carlos?, ¿Por qué dejaste ir al General del Castillo?
– Ya volverá – le contestó Fuero. – Y si no lo hace, entonces me fusilas a mí.
En ese preciso momento se escucharon pasos en la acera.
– ¿Quién vive? – gritó el centinela.
– ¡México! – respondió la vibrante voz del General del Castillo. – Y un prisionero de guerra.


Cumpliendo su palabra de honor volvía Don Severo para ser fusilado.
El final de esta historia es feliz. El General Severo del Castillo, no fue pasado por las armas. Rocha le contó a don Mariano Escobedo lo que había pasado, y éste le informó a don Benito Juárez. El Benemérito, conmovido por la magnanimidad de los dos militares, indultó al General y ordenó la suspensión de cualquier procedimiento contra el Coronel Fuero.
Ambos eran hijos del Colegio Militar; ambos hicieron honor a la Gloriosa Institución. Ambos hicieron honor a su palabra.
De ahí deriva también la palabra «Fuero»: tener «Fuero» es tener un privilegio, que debe sustentarse en la palabra de honor y en un juramento o «protesto».

General Severo del Castillo

Texto de México a través de su historia.

Dios nunca muere…Macedonio Alcalá.

Página; Oaxaca, la historia jamás contada. Escrito por Guillermo Rangel Rojas.


“El enfermo localizó la oportuna ayuda pecuniaria y, en aquel instante, del fondo de su alma agradecida… exclamó alborozado: “Dios nunca muere para los pobres”.

Macedonio comentaba con su esposa Petronila, la oferta que el Lic. José Esperón, le había hecho sobre un empleo de maestro de música en su hacienda “La Concepción”, en Tlaxiaco, ella le dijo “tal vez sea una solución para que te alejes de la bebida que puros problemas nos ha traído”


Ya en la hacienda, Macedonio aunque tomaba menos por las dolencias hepáticas, tosía mucho y cada vez estaba más débil pues comía poco, perdía peso, tenía sudores nocturnos, escalofríos y fiebre, ante esto, empeñaron el violín y regresaron primero a Yanhuitlán de donde era su esposa y después a la ciudad de Oaxaca.


En Oaxaca, ya muy grave, alquila una pieza en casa de la familia Aguilar de oficio panaderos, y manda a su esposa a que llamara a su hermano Bernabé, quien se había casado con la señora Manuela Orozco, dueña de la fábrica de cigarros “La Ópera” por lo que llegó el personaje en un carruaje tirado por caballos y vestido muy elegante, entró al cuarto y después de oír a su hermano le contestó, “¡No eres de los de Santa Cecilia? Arruínate! Y dando madia vuelta salió del cuarto.


Macedonio se puso a recordar cuando el 30 de julio de 1854 de 23 años él y ella de 21, Petronila Palacios avanzaba por el pasillo de la iglesia, con su cara resplandeciente de alegría, la misma que tenía cuando nació cada uno de sus tres hijos, la vez que se presentó en el “Teatro Noriega” techado con tejamanil, lámparas de petróleo y bancas de madera, con Cosme Velásquez, Manuel Cerqueda, Juan Sánchez Hernández, Adrián Zárate y Rito Pérez para dar un concierto; recordó las serenatas o “gallos” que llevaban, y cuando acudía con sus hermanos a las clases de música con el profesor José Domingo Martínez; una sonrisa le apareció cuando recordó la ocasión en que el Cónsul de España D. José Zorrilla lo contrató para que en la cena baile que daba por el triunfo de la Armada Española en Teuán, tocara una composición escrita para esa ocasión, en homenaje a ésta victoria, se puso de acuerdo con el maestro Velásquez que tocó en el piano e improvisó, “…comenzamos en do mayor, le dijo, e irás modulando progresivamente los demás tonos hasta resolver la misma tonalidad. Dicho y hecho. El maestro hizo vibrar las cuerdas de su violín y un hermoso vals dejó admirada a toda la concurrencia. Al terminar, cuando la ovación fue estrepitosa, don Macedonio dijo al maestro Cosme Velásquez, no podría escribir, lo que hoy he tocado”.


En éstas cavilaciones estaba cuando se le acerca su afligida esposa, no tenían para darle de comer a los niños y menos para algún medicamento que aminorara el sufrimiento del maestro, y le comenta, vinieron a visitarte don Cosme Velásquez y don José Maqueo, tus compañeros de la asociación “Santa Cecilia”; “…los que entre charla y charla, dejaron oculta (un ayuda de $40.00) discretamente bajo la almohada del paciente. Cuando los dos benefactores se habían ausentado, el enfermo localizó la oportuna ayuda pecuniaria y, en aquel instante, del fondo de su alma agradecida brotó una feliz expresión que es todo un poema filial y de profundo reconocimiento a la Providencia de Dios y exclamó alborozado: “Dios nunca muere para los pobres” … y pidiendo papel pautado y lápiz … escribió el hermoso Vals en cuyas emotivas notas revela no sólo la penosa situación por la que atravesaba con pobreza, enfermedad, incomprensión, con torturas físicas y morales…”
Sus amigos de la Asociación Filarmónica mutualista de “Santa Cecilia”, al enterarse que Macedonio recibiría los últimos sacramentos, acudieron como orquesta a interpretar el vals que se estrenó en su sacramento, don Macedonio derramó una lágrima y murmurando el nombre de su madre Tomasa, murió el 12 de septiembre de 1869 las doce del mediodía.

Fuentes:
Lino R. Vargas. Monografía de don Macedonio Alcalá. Oaxaca. 1969.
Francisco Moncada García. Pequeñas Biografías de Grandes Músicos Mexicanos. Ediciones Framong. México. 1966.

Juan de Palafox y Mendoza: De la naturaleza del indio, al Rey Nuestro señor. Primera Parte.

Francisco Gabriel Montes Ayala * Academia Nacional de la Crónica A.C.

Don Juan de Palafox y Mendoza ha sido una de las personas que ha merecido la atención de los historiadores. Arzobispo de México, Virrey y Gobernador de la Nueva España, después de un siglo de muerto, le recordaban sus feligreses y glorificaban con delirante frenesí. Don Juan de Palafox, escribió un texto que le llamó: «De la naturaleza del indio, al Rey Ntro. Sr. , por don Juan de Palafox y Mendoza, Obispo de Puebla de los Ángeles, del Consejo de su Majestad, etc. en el año de 1653.

Dividido en una serie de capítulos, por demás interesantes, Palafox y Mendoza describe como nadie la naturaleza de los naturales de la américa conquistada, de los indígenas que vivían bajo el tutelaje de la corona española.

En el capítulo I, Juan de de Palafox, pide el amparo del Rey para los naturales, «La América, la cual virgen fecundísima y constantísima, no solamente recibió la fe cristiana con docilidad y la romana religión con pureza, sino que hoy la conserva sin mancha alguna de errores o herejías; y no solo ninguno de sus naturales otra cosa ha enseñado que la católica religión, pero ni creído, ni imaginado; de suerte que puede decirse que en esta parte del mundo se representan la vestidura inconsútil y nuca rompida de Cristo Nuestro Señor» podemos destacar del texto del original de don Juan de Palafox, su conocimiento preciso y su convivencia con los naturales que los conoce a fondo y lo plasma en el documento dirigido al Rey.

Palafox, asegura que el amparo del Rey que merecen los naturales es por el fervor grande con que se ejercitan en la religión cristiana: «las demostraciones que los indios hacen de muy fervorosos cristianos, como se ve en las cosas siguientes, que yo mismo he mirado y tocado con las manos. Lo primero en las procesiones públicas son penitentísimos y castigan sus culpas con increíble fervor, y esto con una sencillez tan sin vanidad, que sobre no llevar cosa sobre sí que cause ostentación o estimación, van vestidos, disciplinándose durante con incomportables silicios todo el cuerpo y el rostro, y descalzos, mirando una imagen de Cristo Nuestro Señor crucificado, en las manos y tal vez para mayor confusión, llevan descubierta la cara, y esto con una natural sencillez y verdad, que a quien lo viere y ponderare, causa grandísima devoción y aún confusión. Los demás van en las públicas procesiones, todos, hombres y mujeres, con imágenes de Nuestro Señor Jesucristo crucificado, en las manos y mirando al suelo o a la imagen, con grande y singular humildad y devoción»

Menciona que: » No hay casa por pobre que sea que no tenga su oratorio, que ellos llaman santo cali, que es aposento de Dios y de los Santos, y allí tienen compuestas su imágenes; y cuanto pueden ahorrar en su trabajo y sudor, lo gastan en estas santas y útiles alhajas y aquel aposento está reservado para orar en él y retirarse cuando comulgan con grandísima reverencia y silencio.-..(sic) finalmente, en habiendo pagado su tributo, todo lo demás lo emplean liberalmente en el divino culto y en sus cofradías, imágenes de santos, pendones, misas, cera y cuanto promueven el servicio de Nuestro Señor, sin que por ellos se haga, comúnmente hablando, resistencia a esto, particularmente cuando ven que sus ministros tratan solo de aumentar las cosas divinas en su doctrina y no de granjear utilidades con ella»

En cuanto al trato de los naturales con los ministros de la Iglesia, dice Palafox que: «En toda la Nueva España, sustentan los sacerdotes y la religión; ellos son los que dan ración a los maestros de la fe, que de entrambas profesiones los doctrinan; ellos son los que hacen frecuentes ofrendas; ellos les ofrecen los derechos de las misas; ellos son los que fabrican las iglesias y esto lo hacen, en cuanto ellos alcanzan, con mucha alegría y suavidad y liberalidad; y digo en cuanto ellos alcanza, porque tal vez se les pide lo que pueden y entonces no hay que admirar que porque no puedan, no quieran y lo hagan con disgusto y pesadumbre».

(Continuará)