Maximiliano emperador embalsamado.


Dhyana A. Rodríguez


El encargado del embalsamamiento fue el doctor Licea, si bien se permitió que el doctor Basch estuviera presente, además del doctor Szender, quien había venido con el barón de Magnus desde San LuidsPotosí, trayendo sustancias para el proceso (éste último, finalmente, sí ayudó).
Por los numerosos tiros en el cuerpo, no pudieron embalsamar a Maximiliano con la técnica moderna de ese tiempo que era a través de inyecciones con sustancias, así que hicieron una combinación de eso, y la técnica egipcia, para lo cual, tuvieron que sacar todas las víseras, desecándolas y poniéndolas en vasijas. También le pusieron ojos de vidrio de color negro.
Antes del proceso, Lícea encontró al cuerpo totalmente desnudo en la Iglesia, con las ropas ensangrentadas a un lado (las cuales pidió el fotógrafo Aubert permiso de fotografiar) y viendo que ya no era posible volver a usar las mismas, pidió al gobierno que le proporcionaran otra ropa. El gobierno le dijo que no había dinero para eso y Lícea trajo entonces de su propia ropa para vestirlo cuando ya estuviese embalsamado.
Hizo también una máscara de yeso de su rostro la cual, junto con parte de la ropa de la ejecución y algunos cabellos, pretendió vender a la princesa de Salm Salm alegando que lo hacía porque no le habían pagado y además él había tenido que dar su ropa. La princesa de Salm Salm denunció esto a Juárez y tales objetos fueron confiscados.
El cadáver quedó no tan bien, pero quedó, no desprendía ningún olor y fue puesto en un ataúd al que por desgracia después se le rompió un vidrio, debido a que uno de los soldados recargó su fusil en él para verlo. No se dieron cuenta de la rasgadura y así fue trasladado a la ciudad de México. En el camino, cayó en un manantial y le entró agua, lo cual echó a perder parte del embalsamamiento, así que en la ciudad de México, encargaron que le hicieran otro.
Así pues, en la capilla de San Andrés (hoy demolida), que fue su última morada en México, se hizo de nuevo el proceso, teniendo que colgar al cadáver de una lámpara para que escurriera todo el líquido, y luego se volvió a empezar. Se le vistió entonces de general, y se le metió en un triple ataúd, para que ya no sucedieran más accidentes.

Foto histórica de cristeros, años después.

En los años sesenta se reunieron un grupo de cristeros entre Jefes y oficiales y ex combatientes en la hacienda de Las Puentes, del municipio de Jiquilpan, propiedad de la familia Gálvez; fotografía proporcionada por Alfredo Vega de Sahuayo, Michoacán.

De izquierda a derecha 1 Alfredo Galvez Villaseñor, 2 Salvador Gálvez, 3 Jose Luis Herrera, 4 Adan Gálvez, 5 Aurelio Gómez Gálvez, 6 Guillermo Sánchez del Rio, 7 Bernardo González Cárdenas, 8 Jesús Gómez Galvez, 11 Miguel Sánchez del Rio, Hernano de joselito. 12 General Cristero Ignacio de Jesús Sánchez Ramirez, 14 Gollo Galvez,15 Luís Gonzalez y González, 16 padre Federico Gonzalez Cárdenas,17 Manuel Galvez, 19 José Gomez Gálvez, 20 Miguel Picazo, hermano de Rafael Picazo, 21 Don Luís Luna, 23 José Anaya, 25 Jesus Galvez Riquitus.

Jefes, oficiales y combatientes cristeros años después

El edificio de la Fonoteca Nacional historia colonial

La Casa Alvarado es la sede de la Fonoteca Nacional, un edificio del siglo XVIII construido con influencia andaluza y morisca declarado monumento histórico por la Dirección de Monumentos Coloniales el 27 de abril de 1932. Dicho inmueble, pese a las creencias populares, no guarda relación con Pedro de Alvarado. Hasta 1904 llevó el nombre de Quinta Rosalía, pero una de sus dueñas encontró el apellido Alvarado en los documentos antiguos de propiedad del inmueble y decidió poner el nombre de Casa Alvarado al exterior de la casa.
Previamente, el inmueble ha tenido diversas funciones: biblioteca de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, librería de la Secretaría de Educación Pública, sede de la Enciclopedia de México, de la Dirección de Estadística, y de la Fundación Octavio Paz. Asimismo, de diciembre de 1997 a abril de 1998, fue residencia de Octavio Paz y falleció en el inmueble.
El 4 de agosto de 2004, la Secretaría de la Función Pública cedió —en calidad de comodato— la Casa Alvarado al Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, para ser la sede de la Fonoteca Nacional. En septiembre de 2005 iniciaron las labores de restauración en las que especialistas (arquitectos, historiadores y restauradores) le devolvieron sus condiciones arquitectónicas y colores originales. Además, se rehabilitó su jardín histórico gracias al proyecto del arquitecto holandés Keess Van Roij quien le devolvió la vegetación característica de Coyoacán.

Fuente: Virreinato de la Nueva España. Arquitectura.

Palabra de Honor. Carlos Fuero y el general Severo del Castillo

Carlos Fuero.


En el año de 1892 murió don Carlos Fuero. Una calle en la ciudad de Saltillo, Coahuila, una en Parral y en la capital de Chihuahua, llevan su nombre. La historia es digna de ser conocida por ustedes, mis queridos amigos. A la caída de la ciudad de Querétaro, quedó prisionero de los «Juaristas», el General don Severo del Castillo, Jefe del Estado Mayor de Maximiliano. Fue condenado a muerte, y su custodia se encomendó al Coronel Carlos Fuero. La víspera de la ejecución del general don Severo del Castillo, dormía el Coronel Fuero, cuando su asistente lo despertó. El General del Castillo, le dijo, deseaba hablar con él. Fuero, se vistió de prisa y acudió de inmediato a la celda del condenado a muerte. No olvidaba que el Gral. don Severo del Castillo, había sido amigo de su padre.


– Carlos – le dijo el General, – perdona que te haya hecho despertar. Como tú sabes me quedan unas cuantas horas de vida, y necesito que me hagas un favor. Quiero confesarme y hacer mi testamento. Por favor manda llamar al padre Montes y al licenciado José María Vázquez.


– Mi General – respondió el Coronel Fuero, – No creo que sea necesario que vengan esos señores.
– ¿Cómo? – se irritó el General Del Castillo. – Deseo arreglar las cosas de mi alma y de mi familia, ¿y me dices que no es necesario que vengan el sacerdote y el notario?
– En efecto, mi General – repitió el Coronel republicano. – No hay necesidad de mandarlos llamar. Usted irá personalmente a arreglar sus asuntos y yo me quedaré en su lugar hasta que usted regrese.
El General Don Severo se quedó estupefacto. La muestra de confianza que le daba el joven Coronel Fuero,era extraordinaria.
– Pero, Carlos – le respondió emocionado. – ¿Qué garantía tienes de que regresaré para enfrentarme al pelotón de fusilamiento?
– Su palabra de honor, mi General – contestó Fuero.
– Ya la tienes – dijo don Severo abrazando al joven Coronel.
Salieron los dos y dijo Fuero al encargado de la guardia: – El señor General Del Castillo, va a su casa a arreglar unos asuntos. Yo me quedaré en la celda en su lugar como prisionero. Cuando él regrese me manda usted a despertar.
A la mañana siguiente, cuando llegó al cuartel el superior de Fuero, General Sóstenes Rocha, el encargado de la guardia le informó de todo lo sucedido.
Corriendo fue Rocha a la celda en donde estaba Fuero y lo encontró durmiendo tranquilamente. Lo despertó moviéndolo.
– ¿Qué hiciste Carlos?, ¿Por qué dejaste ir al General del Castillo?
– Ya volverá – le contestó Fuero. – Y si no lo hace, entonces me fusilas a mí.
En ese preciso momento se escucharon pasos en la acera.
– ¿Quién vive? – gritó el centinela.
– ¡México! – respondió la vibrante voz del General del Castillo. – Y un prisionero de guerra.


Cumpliendo su palabra de honor volvía Don Severo para ser fusilado.
El final de esta historia es feliz. El General Severo del Castillo, no fue pasado por las armas. Rocha le contó a don Mariano Escobedo lo que había pasado, y éste le informó a don Benito Juárez. El Benemérito, conmovido por la magnanimidad de los dos militares, indultó al General y ordenó la suspensión de cualquier procedimiento contra el Coronel Fuero.
Ambos eran hijos del Colegio Militar; ambos hicieron honor a la Gloriosa Institución. Ambos hicieron honor a su palabra.
De ahí deriva también la palabra «Fuero»: tener «Fuero» es tener un privilegio, que debe sustentarse en la palabra de honor y en un juramento o «protesto».

General Severo del Castillo

Texto de México a través de su historia.

Dios nunca muere…Macedonio Alcalá.

Página; Oaxaca, la historia jamás contada. Escrito por Guillermo Rangel Rojas.


“El enfermo localizó la oportuna ayuda pecuniaria y, en aquel instante, del fondo de su alma agradecida… exclamó alborozado: “Dios nunca muere para los pobres”.

Macedonio comentaba con su esposa Petronila, la oferta que el Lic. José Esperón, le había hecho sobre un empleo de maestro de música en su hacienda “La Concepción”, en Tlaxiaco, ella le dijo “tal vez sea una solución para que te alejes de la bebida que puros problemas nos ha traído”


Ya en la hacienda, Macedonio aunque tomaba menos por las dolencias hepáticas, tosía mucho y cada vez estaba más débil pues comía poco, perdía peso, tenía sudores nocturnos, escalofríos y fiebre, ante esto, empeñaron el violín y regresaron primero a Yanhuitlán de donde era su esposa y después a la ciudad de Oaxaca.


En Oaxaca, ya muy grave, alquila una pieza en casa de la familia Aguilar de oficio panaderos, y manda a su esposa a que llamara a su hermano Bernabé, quien se había casado con la señora Manuela Orozco, dueña de la fábrica de cigarros “La Ópera” por lo que llegó el personaje en un carruaje tirado por caballos y vestido muy elegante, entró al cuarto y después de oír a su hermano le contestó, “¡No eres de los de Santa Cecilia? Arruínate! Y dando madia vuelta salió del cuarto.


Macedonio se puso a recordar cuando el 30 de julio de 1854 de 23 años él y ella de 21, Petronila Palacios avanzaba por el pasillo de la iglesia, con su cara resplandeciente de alegría, la misma que tenía cuando nació cada uno de sus tres hijos, la vez que se presentó en el “Teatro Noriega” techado con tejamanil, lámparas de petróleo y bancas de madera, con Cosme Velásquez, Manuel Cerqueda, Juan Sánchez Hernández, Adrián Zárate y Rito Pérez para dar un concierto; recordó las serenatas o “gallos” que llevaban, y cuando acudía con sus hermanos a las clases de música con el profesor José Domingo Martínez; una sonrisa le apareció cuando recordó la ocasión en que el Cónsul de España D. José Zorrilla lo contrató para que en la cena baile que daba por el triunfo de la Armada Española en Teuán, tocara una composición escrita para esa ocasión, en homenaje a ésta victoria, se puso de acuerdo con el maestro Velásquez que tocó en el piano e improvisó, “…comenzamos en do mayor, le dijo, e irás modulando progresivamente los demás tonos hasta resolver la misma tonalidad. Dicho y hecho. El maestro hizo vibrar las cuerdas de su violín y un hermoso vals dejó admirada a toda la concurrencia. Al terminar, cuando la ovación fue estrepitosa, don Macedonio dijo al maestro Cosme Velásquez, no podría escribir, lo que hoy he tocado”.


En éstas cavilaciones estaba cuando se le acerca su afligida esposa, no tenían para darle de comer a los niños y menos para algún medicamento que aminorara el sufrimiento del maestro, y le comenta, vinieron a visitarte don Cosme Velásquez y don José Maqueo, tus compañeros de la asociación “Santa Cecilia”; “…los que entre charla y charla, dejaron oculta (un ayuda de $40.00) discretamente bajo la almohada del paciente. Cuando los dos benefactores se habían ausentado, el enfermo localizó la oportuna ayuda pecuniaria y, en aquel instante, del fondo de su alma agradecida brotó una feliz expresión que es todo un poema filial y de profundo reconocimiento a la Providencia de Dios y exclamó alborozado: “Dios nunca muere para los pobres” … y pidiendo papel pautado y lápiz … escribió el hermoso Vals en cuyas emotivas notas revela no sólo la penosa situación por la que atravesaba con pobreza, enfermedad, incomprensión, con torturas físicas y morales…”
Sus amigos de la Asociación Filarmónica mutualista de “Santa Cecilia”, al enterarse que Macedonio recibiría los últimos sacramentos, acudieron como orquesta a interpretar el vals que se estrenó en su sacramento, don Macedonio derramó una lágrima y murmurando el nombre de su madre Tomasa, murió el 12 de septiembre de 1869 las doce del mediodía.

Fuentes:
Lino R. Vargas. Monografía de don Macedonio Alcalá. Oaxaca. 1969.
Francisco Moncada García. Pequeñas Biografías de Grandes Músicos Mexicanos. Ediciones Framong. México. 1966.

Juan de Palafox y Mendoza: De la naturaleza del indio, al Rey Nuestro señor. Primera Parte.

Francisco Gabriel Montes Ayala * Academia Nacional de la Crónica A.C.

Don Juan de Palafox y Mendoza ha sido una de las personas que ha merecido la atención de los historiadores. Arzobispo de México, Virrey y Gobernador de la Nueva España, después de un siglo de muerto, le recordaban sus feligreses y glorificaban con delirante frenesí. Don Juan de Palafox, escribió un texto que le llamó: «De la naturaleza del indio, al Rey Ntro. Sr. , por don Juan de Palafox y Mendoza, Obispo de Puebla de los Ángeles, del Consejo de su Majestad, etc. en el año de 1653.

Dividido en una serie de capítulos, por demás interesantes, Palafox y Mendoza describe como nadie la naturaleza de los naturales de la américa conquistada, de los indígenas que vivían bajo el tutelaje de la corona española.

En el capítulo I, Juan de de Palafox, pide el amparo del Rey para los naturales, «La América, la cual virgen fecundísima y constantísima, no solamente recibió la fe cristiana con docilidad y la romana religión con pureza, sino que hoy la conserva sin mancha alguna de errores o herejías; y no solo ninguno de sus naturales otra cosa ha enseñado que la católica religión, pero ni creído, ni imaginado; de suerte que puede decirse que en esta parte del mundo se representan la vestidura inconsútil y nuca rompida de Cristo Nuestro Señor» podemos destacar del texto del original de don Juan de Palafox, su conocimiento preciso y su convivencia con los naturales que los conoce a fondo y lo plasma en el documento dirigido al Rey.

Palafox, asegura que el amparo del Rey que merecen los naturales es por el fervor grande con que se ejercitan en la religión cristiana: «las demostraciones que los indios hacen de muy fervorosos cristianos, como se ve en las cosas siguientes, que yo mismo he mirado y tocado con las manos. Lo primero en las procesiones públicas son penitentísimos y castigan sus culpas con increíble fervor, y esto con una sencillez tan sin vanidad, que sobre no llevar cosa sobre sí que cause ostentación o estimación, van vestidos, disciplinándose durante con incomportables silicios todo el cuerpo y el rostro, y descalzos, mirando una imagen de Cristo Nuestro Señor crucificado, en las manos y tal vez para mayor confusión, llevan descubierta la cara, y esto con una natural sencillez y verdad, que a quien lo viere y ponderare, causa grandísima devoción y aún confusión. Los demás van en las públicas procesiones, todos, hombres y mujeres, con imágenes de Nuestro Señor Jesucristo crucificado, en las manos y mirando al suelo o a la imagen, con grande y singular humildad y devoción»

Menciona que: » No hay casa por pobre que sea que no tenga su oratorio, que ellos llaman santo cali, que es aposento de Dios y de los Santos, y allí tienen compuestas su imágenes; y cuanto pueden ahorrar en su trabajo y sudor, lo gastan en estas santas y útiles alhajas y aquel aposento está reservado para orar en él y retirarse cuando comulgan con grandísima reverencia y silencio.-..(sic) finalmente, en habiendo pagado su tributo, todo lo demás lo emplean liberalmente en el divino culto y en sus cofradías, imágenes de santos, pendones, misas, cera y cuanto promueven el servicio de Nuestro Señor, sin que por ellos se haga, comúnmente hablando, resistencia a esto, particularmente cuando ven que sus ministros tratan solo de aumentar las cosas divinas en su doctrina y no de granjear utilidades con ella»

En cuanto al trato de los naturales con los ministros de la Iglesia, dice Palafox que: «En toda la Nueva España, sustentan los sacerdotes y la religión; ellos son los que dan ración a los maestros de la fe, que de entrambas profesiones los doctrinan; ellos son los que hacen frecuentes ofrendas; ellos les ofrecen los derechos de las misas; ellos son los que fabrican las iglesias y esto lo hacen, en cuanto ellos alcanzan, con mucha alegría y suavidad y liberalidad; y digo en cuanto ellos alcanza, porque tal vez se les pide lo que pueden y entonces no hay que admirar que porque no puedan, no quieran y lo hagan con disgusto y pesadumbre».

(Continuará)

Anuncia el párroco del Sagrado Corazón de Sahuayo, que saben quien destruyó las imágenes.

Juan Bruno Hernández * colaborador

El señor Cura Manuel Zendejas, párroco del Sagrado Corazón de Sahauyo, informó que luego de conjeturas y sospechas, se aclaró el incidente que ocurrió el 25 de mayo, cuando destruyeron imágenes del templo, que desató una ola de indignación y de impotencia entre propios y extraños, no solo en Sahuayo, sino en la Ciénega de Chapala.

El señor Cura aclaro, que se presentó un hombre que dijo que su madre, una adulta mayor, con problemas en sus facultades mentales, sujeta tratamiento psiquiátrico, salió de su domicilio y habría provocado los destrozos. El hijo de la señora asumió toda la responsabilidad e informó al párroco, que esta dispuesto a pagar los daños y la restauración del Cristo y la Virgen, que fueron los que más daños tuvieron.

El señor Cura afirmó, que esta familia tiene responsabilidad, y muestran su decencia, ya que voluntariamente se presento. Dijo también, que en unos días, podrán comenzar con la restauración del Cristo y la Virgen.

Señor Cura Manuel Zendejas

Presentan Crónicas de Sahuayo, volumen II

Ante más de doscientos invitados el presidente municipal de Sahuayo, el Dr. Manuel Gálvez Sánchez encabezó el acto protocolario de la presentación del volumen II de Crónicas de Sahuayo, como parte del proyecto del Ayuntamiento para impulsar la cultura y el rescate histórico de Sahuayo. Estuvo también presente el Directo de Cultura del Gobierno de Sahuayo, el Maestro Fernando Guerrero, la titular de Difusion cultural Lic. Patricia Zamora, así como algunos regidores municipales.

Presentaron el libro, el maestro Luis Girarte Martínez poeta y novelista sahuayense, el maestro José Castellanos Higareda cronista de Pajacuarán, y el coordinador del volumen el maestro Francisco Gabriel Montes Ayala. El evento fue amenizado por el mariachi municipal «Silvestre Rodríguez» dirigido por el Maestro Juan García Arzate.

El volumen contiene, artículos especializados muy bien documentados de la historia de Sahuayo en tiempo de las revoluciones.

Escriben el Coordinador del mismo, Ana Karen Ramirez, Francisco Jesús Montes Vázquez, Santiago Manzo Gómez, José de Jesús Girarte Villanueva, Miguel Ceja, Hugo Gomez, un equipo de jovenes talentos, tambien colaboró el escritor Eduardo Sahagún, y contiene un cuento del recordado poeta sahuayense Alberto Barragán.

Breves. Muerte del Cura Saavedra de Sahuayo en 1885

Docunento donde se informa la muerte del Cura Saavedra. 1885

Francisco Gabriel Montes || 𝐄𝐫𝐚 𝐞𝐥 𝟏𝟗 𝐝𝐞 𝐚𝐛𝐫𝐢𝐥 𝐝𝐞 𝟏𝟖𝟖𝟓, 𝐜𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐞𝐥 𝐩𝐚𝐝𝐫𝐞 𝐝𝐨𝐧 𝐁𝐞𝐫𝐧𝐚𝐛𝐞́ 𝐎𝐫𝐨𝐳𝐜𝐨 𝐞𝐬𝐜𝐫𝐢𝐛𝐢́𝐚 𝐚𝐥 𝐎𝐛𝐢𝐬𝐩𝐨 de la Diócesis de Zamora, lo siguiente:

«𝐂𝐨𝐧 𝐛𝐚𝐬𝐭𝐚𝐧𝐭𝐞 𝐩𝐞𝐧𝐚 𝐩𝐚𝐫𝐭𝐢𝐜𝐢𝐩𝐨 𝐚 𝐒.𝐒.𝐘. 𝐪𝐮𝐞 𝐡𝐨𝐲 𝐚 𝐥𝐚𝐬 𝟓 𝟑/𝟒 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐦𝐚𝐧̃𝐚𝐧𝐚 𝐡𝐚 𝐟𝐚𝐥𝐥𝐞𝐜𝐢𝐝𝐨, 𝐝𝐞𝐬𝐩𝐮𝐞́𝐬 𝐝𝐞 𝐮𝐧𝐚 𝐩𝐞𝐧𝐨𝐬𝐚 𝐲 𝐥𝐚𝐫𝐠𝐚 𝐞𝐧𝐟𝐞𝐫𝐦𝐞𝐝𝐚𝐝, 𝐞𝐥 𝐒𝐞𝐧̃𝐨𝐫 𝐂𝐮𝐫𝐚 𝐏𝐚́𝐫𝐫𝐨𝐜𝐨 𝐋𝐢𝐜. 𝐃𝐧. 𝐌𝐚𝐜𝐚𝐫𝐢𝐨 𝐒𝐚𝐚𝐯𝐞𝐝𝐫𝐚…»

Con este documento 𝐬𝐞 𝐜𝐢𝐞𝐫𝐫𝐚 𝐮𝐧𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐚𝐬 𝐚𝐝𝐦𝐢𝐧𝐢𝐬𝐭𝐫𝐚𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬 𝐦𝐚́𝐬 𝐩𝐫𝐨𝐥𝐢́𝐟𝐢𝐜𝐚𝐬 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐏𝐚𝐫𝐫𝐨𝐪𝐮𝐢𝐚 𝐝𝐞 𝐒𝐚𝐧𝐭𝐢𝐚𝐠𝐨, 𝐥𝐚 𝐝𝐞 𝐌𝐚𝐜𝐚𝐫𝐢𝐨 𝐒𝐚𝐚𝐯𝐞𝐝𝐫𝐚, ya que puso el agua potable de sectores en Sahuayo, construye el crucero y la cúpula del templo, con dinero de su propio peculio, así como otras grandes obras materiales que transformaron el primitivo templo de Santiago, a la modernidad arquitectónica. La actual calle Hidalgo se llamó desde aquel año, Calle de Saavedra.

Este próximo 19 de abril, se cumplen 138 años de la muerte de este sacerdote insigne de Sahuayo.

Copyright©Francisco Gabriel Montes Ayala, México 2023

De las extintas comunidades indígenas: Santiago Sahuayo II

Francisco Gabriel Montes Ayala *Academia Nacional de la Crónica

En este alegato al que aludimos, los indígenas sahuayenses exigen que el administrador de Guaracha don Pedro de Guardiola y Chávez  se presente ante el juez a “que con toda claridad y señas diga sus linderos poniendo mojoneras a donde fuere necesario”.

Efectivamente en la foja 19 aparece la notificación y luego la citación mencionada en que comparece Guardiola, iniciando así la lista de testimonios vertidos por los testigos presentados de una y otra parte.

El primer testigo se presentó el 18 de mayo de 1758 un tal Juan de Alcázar vecino de la hacienda de La Palma, luego Juan José Bautista mulato libre de Sahuayo y Juan Antonio de Torres español del mismo pueblo, luego de las declaraciones se fijó la fecha para hacer la vista de ojos de los linderos, para lo cual una pléyade de españoles y dueños de estancias se dieron cita el lunes 22 de mayo para ello.

En la foja 22 v y 23 aparece el documento en le que sirvieron de testigos el cura sahuayense don Juan Ruiz de Aragón,  don Pedro de Guardiola, don Ignacio García, don Gaspar Gutiérrez de Robles y don Diego Cárcamo, común y naturales del pueblo iniciando su vista de ojos en el paso de Carretas “que está en el arroyo que llaman de Zaguayo y puestos en él comenzaron a reconocer guiados por los testigos ; línea recta para el sur por sobre el camino que de dicho paso sale para el pueblo de Xiquilpa, que llaman carretero ; y a poca distancia toparon con un corral de madera que está de cuenta de Guaracha…dijo el administrador era de la Hacienda y reclamándole el Sr. Cura y los naturales que en aquella esquina estaba introducida la dicha hacienda…”

Publicado en 1995

Copyright@Francisco Gabriel Montes, México 2020

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