Pedro Lascuraín el presidente de México,  que duro 45 minutos.

Pedro Lascuráin, falleció el  21 de julio, pero del año de 1952. En la Ciudad de México falleció Pedro José Domingo de la Calzada Manuel María Lascuráin Paredes, un personaje cuya vida quedó marcada para siempre por un episodio singular de la historia nacional. Jurista, diplomático, académico y político, su nombre ocupa un lugar insólito en los libros de historia por haber ejercido la Presidencia de la República durante apenas cuarenta y cinco minutos, el tiempo suficiente para consumar una de las maniobras políticas más controvertidas de la Revolución Mexicana.

Nacido en la Ciudad de México el 8 de mayo de 1856, Pedro Lascuráin provenía de una familia respetada, profundamente católica y de reconocida honorabilidad. Realizó sus primeros estudios en instituciones religiosas, cursó posteriormente la Escuela Nacional Preparatoria y obtuvo el título de abogado en 1880, en la Escuela Nacional de Jurisprudencia.

Desde joven mostró aptitudes para la administración pública. Trabajó como secretario de actas en el Ayuntamiento de la Ciudad de México y más tarde se incorporó a la Secretaría de Relaciones Exteriores durante el largo gobierno de Porfirio Díaz. Paralelamente desarrolló actividades empresariales en el ramo inmobiliario, aprovechando propiedades heredadas y diversas inversiones realizadas junto con otros socios.

Su prestigio profesional lo llevó a integrarse a organismos de gran relevancia jurídica, entre ellos la Asociación de Legislación y Jurisprudencia y la Barra Mexicana, Colegio de Abogados. Sin embargo, sería durante el gobierno de Francisco I. Madero cuando alcanzaría los puestos de mayor responsabilidad política.

Lascuráin ocupó la Secretaría de Relaciones Exteriores en dos ocasiones: primero entre abril y diciembre de 1912, y posteriormente entre enero y febrero de 1913. Entre ambos periodos desempeñó también la presidencia del Ayuntamiento de la Ciudad de México. Eran tiempos de enorme inestabilidad política. El gobierno maderista enfrentaba constantes rebeliones y una fuerte oposición de sectores conservadores y militares que no aceptaban plenamente el nuevo orden surgido de la Revolución.

Durante aquellos meses, Lascuráin mantuvo una postura cada vez más pesimista sobre la capacidad del gobierno para restablecer la paz. Además, se encontraba bajo la influencia del embajador estadounidense Henry Lane Wilson, quien insistía en que México se encaminaba al caos y llegó a sugerir la posibilidad de una intervención armada para restablecer el orden. Temiendo una crisis mayor, Lascuráin aconsejó en diversas ocasiones al presidente Madero que presentara su renuncia.

La situación alcanzó su punto crítico durante la llamada Decena Trágica, los diez días de combates que sacudieron a la capital entre el 9 y el 19 de febrero de 1913. Mientras las fuerzas rebeldes y gubernamentales se enfrentaban en las calles, el general Victoriano Huerta, aparentemente leal al presidente, conspiraba para derrocarlo.

Finalmente, el 19 de febrero de 1913, Madero y el vicepresidente José María Pino Suárez fueron obligados a presentar sus renuncias. De acuerdo con la Constitución vigente, la línea sucesoria colocaba al secretario de Relaciones Exteriores como el funcionario llamado a ocupar interinamente la Presidencia de la República.

A las 5:15 de la tarde, Pedro Lascuráin asumió legalmente la Presidencia. Sin embargo, aquella investidura no tenía otro propósito que servir de puente para legitimar el ascenso de Victoriano Huerta. Una vez en el cargo, Lascuráin nombró a Huerta secretario de Gobernación. Acto seguido presentó su renuncia. Conforme a la sucesión constitucional, el secretario de Gobernación se convertía automáticamente en presidente interino.

La operación concluyó alrededor de las 6:00 de la tarde. Habían transcurrido apenas cuarenta y cinco minutos. De esta manera, un golpe de Estado logró revestirse de legalidad mediante el cumplimiento formal de los procedimientos constitucionales. Huerta quedó así investido como presidente de la República con la aprobación de un Congreso sometido a las circunstancias del momento.

Lascuráin aceptó participar en aquella maniobra bajo la promesa de que la vida de Madero y Pino Suárez sería respetada y que ambos podrían exiliarse en Cuba. Sin embargo, la promesa nunca se cumplió. Apenas tres días después, los dos líderes fueron asesinados, hecho que marcaría profundamente la historia política del país y pesaría sobre la memoria de quienes participaron en los acontecimientos.

Tras aquel episodio, Pedro Lascuráin decidió retirarse definitivamente de la política. Regresó a su profesión jurídica y se dedicó a la docencia. Durante años impartió el Tercer Curso de Derecho Civil en la Escuela Libre de Derecho, institución de la que fue cuarto rector entre 1930 y 1933. Al concluir su gestión fue distinguido con el nombramiento de Rector Honorario.

Como jurista dejó una importante producción académica. Entre sus obras destacan Justicia de Quiebra, Las Persecuciones Individuales en los Juicios de Quiebra, Responsabilidad Solidaria de los Socios en la Sociedad en Nombre Colectivo, Cancelación de Hipotecas en Remates Judiciales y Estudio sobre la Sociedad Anónima según la Ley de Sociedades Mercantiles.

El 21 de julio de 1952, a los 96 años de edad, falleció en la Ciudad de México. Con su muerte desapareció uno de los últimos protagonistas directos de la Decena Trágica.

Hoy, a más de siete décadas de su fallecimiento, Pedro Lascuráin sigue siendo recordado como el hombre que ocupó la Presidencia de México por el periodo más breve de la historia nacional. Pero detrás de esos célebres cuarenta y cinco minutos existió también un abogado brillante, un académico respetado y un testigo privilegiado de uno de los momentos más dramáticos y decisivos del México revolucionario.

Fuente: conoce México a través de su historia.


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