Primera consagración de México al Sagrado Corazón y a Cristo Rey
Lic. Helena Judith López Alcaraz
En una fecha como esta, pero hace 111 años, nuestro país fue consagrado por primera vez a Cristo Rey y a Su Sagrado Corazón.

El 11 de enero de 1914, tanto en Guadalajara como en diversas poblaciones de la República, se realizó una manifestación religiosa en honor a Cristo Rey, con la finalidad de entronizarlo y hacer la consagración a Él. En el caso de la Perla de Occidente, días antes, las autoridades eclesiásticas encabezadas por el Arzobispo Francisco Orozco Jiménez –que aún no había cumplido un año al frente de la Arquidiócesis– solicitaron autorización para efectuar dicha procesión, hecho que les fue negado por las autoridades estatales, encabezadas por el Gobernador, José López Portillo y Rojas, quien puso como condición que “se hiciera muda, sin llevar estandartes… que denunciaran (!) el carácter católico del acto”.
En la misma fecha, domingo, los católicos de la Ciudad de México realizaron una manifestación que, como la de Guadalajara, pretendía consagrar el país al Sagrado Corazón de Jesús, pero una corona y un cetro a sus pies; esto es, como Rey. Victoriano Huerta dio permiso para que se llevara a cabo. El evento, con todo, fue calificado de “cívico” para no infringir la ley –un estatuto fechado el 14 de diciembre de 1874 establecía que cualquier acto religioso podría verificarse públicamente sólo dentro de los templos–.
En Jalisco, por el contrario, los católicos no vacilaron en demostrar públicamente que Cristo es Rey y en mostrar, de modo abierto y claro, cuánto deseaban homenajearlo. La manifestación religiosa fue llevada a cabo, con el valeroso prelado al frente. Poco antes de que los católicos avanzaran, llegó la noticia de que Portillo revocó la autorización.

Con miles de personas organizadas en torno a la Catedral, Francisco Orozco y Jiménez envió una delegación compuesta por dos damas de la alta sociedad y dos señoritas a pedir al gobernador que reconsiderara. El mandatario concedió a la delegación un permiso para que desfilaran mujeres y niños, pero reiteró la prohibición en el caso de los varones. El Arzobispo, con agudeza, llegó a la conclusión de que había dos interpretaciones posibles: o el desfile era ilegal y se permitía marchar a las mujeres y niños por condescendencia, o era legal, y prohibía a los varones marchar en contravención del estado de derecho.
La situación terminó con la intervención de la policía y el arresto de varios de los participantes. No sólo se giraron órdenes de aprehensión para los dirigentes de la marcha, sino que Monseñor salió exiliado a Chicago por dos años. No sería, como ya se conoce, la última vez que tendría que partir al destierro.
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