

Francisco Gabriel Montes * SIN COMENTARIOS.
Una característica de la corrupción es la incompetencia de un funcionario público. La obligación con los ciudadanos de poner sino, a los más competentes, sí que puedan y sepan desarrollar competencias para tal o cual encargo dentro de una administración, es un deber para que las administraciones funcionen como es.
Pero en los Ayuntamientos, vemos a verdaderos incompetentes. Amigos del edil que solo por gritar, hacer avanzadas, o quien aportó cierta cantidad, se ostentan hoy como funcionarios públicos, que forman una pléyade de inútiles. Una frase anónima retrata muy bien la realidad que pasa en nuestro país:
«El primer acto de corrupción que un funcionario público comete es aceptar un cargo para el cual no tiene las competencias necesarias”,
Efectivamente, muchos puestos están empapados de la corrupción que mana de las decisiones equivocadas de un presidente municipal en este caso y de aceptar un cargo público que muchos saben que no puden desarrollar por la falta de competencias, de conocimientos para ello.
La corrupción comienza al devengar un sueldo sin tener capacidades para el desarrollo de la actividad. Y de eso hay en demasía en muchos de los ayuntamientos. Una lástima, pero es la realidad. Pero también es una historia que se repite cada 3 años.
Gobiernos que pagan para que enseñen a medio leer y escribir a los funcionarios, que contratan por ejemplo, aquí en Michoacán, al ICATMI para que les enseñen como manejar básicamente una computadora. Increíble, pero cierto. La incompetencia sale a la luz y solo deja sombras de corrupción.
Incluso ve uno a funcionarios estatales y ves lo mismo, incompetentes, prepotentes y dependencias llenas de amigos de algún alto funcionario.
Y bien dicen a propósito de la prepotencia que «el poder a los inteligentes los ataranta y a los pendejos los vuelve locos». A cuánto pendejo hay en los gobiernos actuales. Piensan que el poder dura mucho y sólo es pasajero.
Corruptos en todos lados los hay.
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